Jaume Roures empieza a descrestar

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El empresario catalán, uno de los 'progres' que gustaron a Pujol, prepara la venta del gigante audiovisual Mediapro

JJaume Roures, el anfitrión de la cena de Oriol Junqueras y Pablo Iglesias. / EFE

Barcelona, 27 de diciembre de 2016 (06:00 CET)

Es uno de estos refunfuñones convertidos en portavoces del pesimismo cultural. Tira desde la trinchera de otros que él se encarga de engrasar cuidadosamente. Lo hace indirectamente desde Público, buena redacción y mejores fundamentos; sólo que él empezó ahí cuando era un diario de papel, hecho de ilusiones y cazadores que él mismo se encargó de lapidar por temor a las pérdidas reflejadas en la cuenta de resultados, ahí dónde el dinero abandona su forma metafórica.

La defunción del Público de papel ocurrió en una noche cinematográfica pegada al sello artificial de Woody Allen, el realizador que ha convertido en franquicia la comedieta de la clase media desnortada. Para su dueño, aquello fue un final de pachanga dócil, mientras que ahora, en la vuelta al Público digital, el dueño luce el modelo de jarrón chillón sobre una cómoda escondida en el rellano.

A Jaume Roures, accionista de Mediapro, nunca le duelen prendas. Muestra más de lo que hay, pero sin perder nunca el toque de un íntimo dolor de mueles a la hora de invertir. Compra a contracorriente y vende con cara de pocos amigos. De un tiempo a esta parte, Mediapro, convertida ya en Imagina, aborda una reestructuración con la que persigue reducir su balance.

Simplificación del negocio

¿Ha empezado el descreste de Roures? Se diría que sí. Mediaproduccion, una de las principales sociedades del grupo ha absorbido recientemente varias sociedades, como Mediapro Contenidos, Mediapro Audiovisual e Imagina International Sales.

Hace algunas semanas comunicó la absorción de Grupo Globo Media, después de la salida de sus fundadores, Emilio Aragón entre ellos. Y en la misma operación, integró a filiales como Globo Media Digital y Globo Media Editorial Musical. La productora disminuye así el diámetro de su activo, aunque nadie sospeche que vaya a dejar de ganar dinero. 

Con buenas cifras y el negocio simplificado, la puesta en valor del conglomerado Imagina (fruto de la fusión entre Mediapro y Globomedia) no plantea dudas. En España, estamos habituados a que los primeros movimientos procedan siempre de espetas nobles o de cotos desinteresados. Esta vez ha sido, cómo no, Juan Abelló, el antiguo socio de Conde en Antibióticos.

En busca de comprador

Abelló es el segundo accionista de Imagina con un 23%. Y claro, solo su tanteo ya marca precio. Ahora el conglomerado vale 2.500 millones de euros. Dimes y diretes, gato y ratón, Roures no habla, pero sí lo hace la agencia Reuters: Vivendi, Alibaba, Wanda, Liberty Media y los fondos Advent y Citic Private Equity Funds. Todos están interesados. Será verdad o será como el día lejano en que el Sumitomo Bank le puso precio a la Casa Batlló. El comprador quiere un 51%; luego no le basta lo de Abelló; tendría que arañar algo del 35% que controlan Roures y sus socios; o de los otros dos accionistas institucionales, Televisa (19%) o de WPP (23%).

El mundo no está hecho de ingeniería contable. La intención subjetiva se impone y la de Roures y los suyos consiste en desprenderse de un 9%. Otra vez la liquidez. Los inventores de Mediapro se han dejado ya en el camino una participación equivalente a sus joyas naturales en bienes raíces. El contante salva espacios naturales, familias y hasta las joyas heredadas.

Cercanía al poder

Jaume Roures, que fue productor de Deportes en TV3 y buen sabueso para la noticia, también acertó en el negocio. Él salía de la turbamulta progre de la Transición; supo entender a los convergentes que inventaron la Televisión de Catalunya; sufrió al agrio Quintà Sadurní y le cayó bien a Pujol desde el primer momento.

No fue el único rojo encariñado con el president, que había pasado por un consejo de guerra. A Pujol le gustaba preguntar de vez en cuando "¿De dónde viene usted; dónde militaba usted?". Al principio, cuanto más engagement llevaba uno encima, mejor encajaba en la casa grande del catalanismo. Se ha dicho a menudo que Roures fue dilecto alumno de Alan Krivine, jefe de la Liga Comunista Revolucionaria y autor del revelador libro titulado Ça te passera avec l'âge.

Puede decirse que procede del lado francés de la Cuarta Internacional que tanto ha fascinado a la derecha y que tantos tránsfugas ha proporcionado a Gobiernos conservadores de toda Europa. Sin olvidar que aquí, el lado norteamericano del mismo tronco le corresponde a Antoni Fernández Teixidó, perico del Palco Cinco Estrellas del extinguido Sarrià, ex convergente y creador reciente de un nuevo espacio liberal no independentista.

¿Futuro de Mediapro?

Roures dice menos de lo que insinúa. Le va el toque de mendicidad intelectual que encubre siempre a un ilustrado. La venta de Mediapro será solo un escarceo destinado a tapar agujeros o quizá sea el inicio de su regreso a la confortable caverna catalana. ¿Descresta? Todavía no podemos saberlo con certeza. Es un encantador de serpientes que vive de asustar al prójimo esgrimiendo el mito de Platón, que es como decir que vive de los dibujos animados.
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