La 'cuota Netflix' apacigua la guerra entre Bruselas y los grandes del cine

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La Comisión quiere imponer un mínimo de contenidos europeos y de reinversión en producción original a las plataformas digitales, en su mayoría estadounidenses. Un alivio dentro del polémico Mercado Digital Único, al que se opone la industria

Pablo Jiménez

Reed Hastings (i), presidente de Netflix, y Gérard Depardieu posan durante el estreno de la serie "Marseille", primera producción francesa de la firma / EFE
Reed Hastings (i), presidente de Netflix, y Gérard Depardieu posan durante el estreno de la serie "Marseille", primera producción francesa de la firma / EFE

Barcelona, 28 de mayo de 2016 (01:00 CET)

La industria del cine se mueve en arenas movedizas. La transformación del sector, tras la irrupción del negocio digital, exige de una nueva regulación que en Bruselas llevan años pergeñando sobre una idea básica: el ocio audiovisual necesita, también, de un mercado único europeo.

Aunque el objetivo es más o menos compartido –ser lo suficientemente fuertes para resistir los envites del otro lado del Atlántico, vengan de Hollywood o de plataformas como Netflix–, las productoras continentales se opusieron desde un primer momento a los planes de la Comisión, que plantea poner fin a la distribución mercado por mercado o a las co-producciones entre países, entre otros puntos de una normativa todavía en elaboración.

Para las compañías el agravio es tal que, en 2015, el sector europeo decidió crear un frente común contra el Mercado Digital Único (DSM, por sus siglas en inglés) junto a la poderosa MPAA, la patronal de los majors estadounidenses. Esta oposición quedó patente en el pasado Festival de Cannes, a través de críticas de los directores y en debates sobre el futuro del cine en el viejo continente.

Escasos tres días después de la alfombra roja final del evento, Bruselas ha querido echar un capote a las productoras de la región con la propuesta de una cuota dirigida a las compañías digitales de vídeo bajo demanda.

Mínimos de exhibición y producción

Mediante una comunicación pública, la Comisión anunció esta semana que este tipo de plataformas deberán exhibir, al menos, un 20% de contenidos europeos en sus catálogos.

Igualmente, las autoridades comunitarias abren la puerta a que sean los propios Gobiernos nacionales quienes impongan otro tipo de cuotas a las firmas dueñas de servicios como Netflix, Amazon Video o Itunes. Esta pasaría por la reinversión de una parte de sus beneficios en producción original elaborada, claro está, sobre el terreno.

De hecho, esta es una medida a la que ya están sometidos en la mayoría de los países, entre ellos España, los distribuidores tradicionales de contenidos (televisiones fundamentalmente).

Un salto complicado

La actual situación en Europa de este tipo de compañías, la mayoría de ellas estadounidenses o asiáticas, evidencia cómo el primero de los puntos citados no supondría ni mucho menos una revolución en sus catálogos. Según los propios datos de la Comisión Europea, de media, el 27% de los contenidos de las plataformas de vídeo a la carta son europeos.

Otra cosa muy distinta es la cuota dirigida a la reinversión de dinero en películas o series originales. De acuerdo a un estudio de Bruselas, fechado en 2013, Netlfix y compañía apenas invierten un 1% de sus beneficios en producción propia.

Últimas producciones

Aunque esta cifra habrá aumentado recientemente –hace escasos meses Netflix estrenó Marseille, su primera serie original europea, y Amazon se acaba de presentar en Cannes con cinco películas propias bajo el brazo—todavía está muy lejos del esfuerzo que exigen algunos gobiernos a los distribuidores tradicionales. Este es el caso de Francia, que impone unas tasas de entre el 15% y el 26% de producción televisiva o cinematográfica propia.

En España, por su parte, la Ley Audiovisual recoge un canon del cine del 5% para las teles privadas y un 6% a las públicas, a lo que hay que añadir los contenidos propios, sobre todo en forma de series, que elaboran estas cadenas.  

¿Cambio de planes en Europa?

Aunque las espadas todavía están en alto --las propuestas de la Comisión aún deben pasar por el Parlamento Europeo y recibir el visto bueno de los estados miembros-- es evidente que a las grandes tecnológicas no les hace ninguna gracia los planes de Bruselas, que podrían obligarles a cambiar, de arriba a abajo, sus planes de expansión en Europa

Y así quieren dejarlo claro. "Valoramos el objetivo de la Comisión para que la producción europea prospere, sin embargo, las medidas propuestas no lograrán este objetivo", responden desde Netflix a una petición por escrito de este diario.
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