¿Quién se quedará con Aguas de Valencia?

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Un laudo de la Cámara de Comercio da por zanjado el pulso entre los accionistas, aunque las dudas sobre la financiación y el reparto del capital dejan abierto el futuro de la compañía

De izquierda a derecha, Eugenio Calabuig e Isidro Fainé | ED

03 de abril de 2014 (21:19 CET)

El reparto de las acciones de Aguas de Valencia ha propiciado que Caixabank mantenga un pulso con uno de los empresarios de la Comunidad con más poder, Eugenio Calabuig, actual presidente de la compañía. Su enfrentamiento empezó hace un año, cuando Isidro Fainé se quedó con el ruinoso Banco de Valencia por un euro. Un laudo de la Cámara de Comercio de Valencia que da la razón al ejecutivo levantino ponía el punto y final, formalmente, a la contienda esta semana. Pero las dudas sobre la financiación y el reparto del capital final de la gestora de aguas amenazan con perpetuar el conflicto.

La decisión de la Cámara de Comercio Valenciana es de obligado cumplimiento. Calabuig tendrá que comprar a la entidad presidida por Fainé y dirigida por Juan María Nin una participación del 30% de Agval, la titular de las acciones de Aguas de Valencia. “Lo tiene y quiere hacer”, puntualizan fuentes de su entorno.

Precio de la participación


“La Cámara ha acabado con la inestabilidad que arrastraba desde hace tiempo”, añaden los mismos interlocutores, inmunes a los dardos que ya les han lanzado desde Catalunya por la supuesta poca parcialidad de la institución empresarial. El primer nuevo conflicto que se debe zanjar ahora es fijar un precio para los títulos. Desde el entorno del banco catalán cifran el paquete en un importe cercano a los 120 millones de euros, mientras que la contraparte rebaja considerablemente la cifra.

Calabuig ofreció inicialmente 80 millones de euros a Fainé, aunque ahora asegura que está en disposición de firmar un cheque por un importe más alto. El propio empresariado valenciano cuestiona con qué fondos lo abonará. Aguas de Valencia es muy rentable y firma unos beneficios de casi 25 millones de euros, pero no maneja suficientes fondos para abonar a tocateja la factura. El escenario que tiene ante sí el presidente es poco optimista.

¿Quién financia?

La relación entre Calabuig y el Banco de Valencia traspasó los límites de lo habitual entre un cliente y un gestor de una entidad (por muy abultada que fuera la cuenta que representaba). De hecho, la estrecha confianza con la antigua cúpula le ha llevado al banquillo de los acusados por requerimiento del Fondo de Reestructuración Bancaria Ordinaria (Frob). La institución pública le acusa de urdir un plan para financiar a la compañía de aguas contra los intereses del propio banco. Se ha escudado en la bandera de la Comunidad para excusar sus decisiones.

Al margen de la investigación judicial, lo que tienen claro los interlocutores consultados es que Caixabank no le facilitará ningún préstamo para completar la operación. La otra entidad valenciana, la CAM, también está en manos de otro banco catalán, Banc Sabadell. Por lo que a las dudas sobre la credibilidad del gestor se le une el poco interés de entrar, aunque sea de pasada, en un conflicto al que son ajenos.

El entorno de Calabuig ha dejado entrever que está cerca de cerrar un pacto con socios financieros para pagar a Fainé y Nin. La presunta financiación irregular también juega en su contra en este supuesto.

El futuro de Suez en la compañía

Si finalmente Calabuig encuentra la forma de pagar a Caixabank, aún deberá resolver una última cuestión: ¿qué pasa con su socio minoritario? Suez Environnement tiene otro 34% de Aguas de Valencia, lejos del 66% que tendría en su poder el empresario levantino.

La multinacional francesa ya abandonó los órganos directivos de la compañía porque es la titular de la operadora rival en el mercado valenciano de Hidraqua, la antigua Aquagest Levante. Si la actual dirección se consolida en la cúpula de Aguas de Valencia, su posición es aún más compleja. En la Comunidad incluso se especula con la venta de la participación de los galos. Lo que abriría un nuevo período de incertidumbre al que Calabuig deberá enfrentarse. Especialmente si no ha podido encontrar la forma de pagar a Caixabank. Relacionado, a su vez, con la multinacional a través de Agbar.

Un pez que se muerde la cola que Calabuig intenta pescar.
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