TV3 y Catalunya Ràdio desarrollan la anemia: más pérdidas y menos subvención

stop

La Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals pagó 148 millones sólo en salarios; las ventas apenas generaron 70

20 de julio de 2013 (18:51 CET)

La televisión y la radio catalana, TV3 y Catalunya Ràdio, repiten otro año en pérdidas. El último ejercicio presenta un quebranto de 7,41 millones de euros y una caída vertiginosa de los ingresos, que se redujeron hasta los 70,1 millones.

El último informe anual pone negro sobre blanco que sin el apoyo financiero del gobierno catalán el ente estaría quebrado. La situación es análoga en prácticamente todas las empresas públicas españolas.

Un año más, la facturación no alcanza ni para cubrir la mitad de lo que ambas empresas se gastan en sueldos. El capítulo uno de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals, el paraguas que agrupa a las dos señales, precisó 148 millones, según datos oficiales. Visto de otro modo: equivale al 56% de la subvención anual –260 millones— que inyectó la Generalitat.

El despeño publicitario

El equipo de gestión del grupo audiovisual, con Eugeni Sallent al frente de TV3 y Fèlix Riera como responsable de la radio, argumenta que la crisis y una operación inmobiliaria fallida están detrás del mal desempeño. Los ingresos por publicidad se vinieron abajo un 21% (17,8 millones menos) y la venta de las instalaciones de la radio pinchó. La Corporació pensaba ingresar 10 millones extraordinarios.

“Ambos efectos, la caída de la publicidad y la no venta de inmuebles, conllevan un déficit del presupuesto de 27,8 millones que ha debido compensarse con medidas extraordinarias de contención de gastos y de aplazamiento de inversión que deben añadirse a otras medidas que ya se preveían en la reducción del presupuesto de 2012 respecto a 2011”.

“De hecho, se autorizó una subvención extraordinaria de 2,5 millones de euros de la Generalitat para paliar en parte la no realización de la operación del inmueble de Catalunya Ràdio”, reconocen los gestores en su informe.

Ayudas públicas

Desde que comenzó la crisis, la Generalitat ha destinado más de 1.100 millones de euros a los medios de comunicación de titularidad pública, aunque los importes anuales han menguado. Las pérdidas persisten, pero se suavizan por los recortes acometidos.

El ejercicio 2011 marcó 9,66 millones en números rojos. La ayuda directa del gobierno catalán fue más elevada que en 2012. Entonces recibió 310 millones, más de tres veces lo que facturó por las ventas relacionadas con el negocio audiovisual.

La extrema delicadeza financiera del ente se esboza horas después de que el Parlament debatiera sobre la aplicación de un expediente de regulación de empleo.

Reducción de personal

La medida “prioriza las vías que hacen posible preservar el mayor número de puestos de trabajo y al mismo tiempo asegurar la estabilidad presupuestaria de la Corporación, dada la coyuntura económica y del mercado laboral”.

Esquerra y Convergència optaron por tumbar en sesión plenaria un texto que los grupos de la oposición introdujeron en el orden del día para forzar a TV3 y Catalunya Ràdio a suspender los despidos.

Entre las alternativas inmediatas que sugerían se instaba a una mejor gestión de los derechos audiovisuales. Según se contó en el Parlament, la televisión catalana compremetió 34 millones en diciembre pasado para dar la Euroliga de baloncesto.

'Estructura d'Estat'

La formación de Oriol Junqueras negocia directamente con Artur Mas que la plantilla se redimensione en base a prejubilaciones. Los republicanos, entre aguas, entienden que hay que hacer recortes pero precisan unos medios de comunicación potentes.

No valoran si la televisión y la radio catalana son inviables sin la Generalitat. Opinan que debe ser así, y consideran a la Corporació una de las estructuras d’Estat necesarias en su hoja de ruta hacia la independencia. La rentabilidad económica será lo de menos, pero el grupo público encara los próximos años, cruciales en lo político, debilitado.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad