Valora, el crimen financiero perfecto
Pese a que la quiebra de la gestora andorrana de fondos de alto riesgo se llevó por delante 25 millones de euros, sólo uno de los 400 inversores 'timados' ha presentado denuncia
Entre 2000 y 2007, más de 400 inversores, cuyos nombres encriptados aparecen en la documentación que obra en poder del Tribunal de Corts andorrano (el equivalente a la Audiencia Nacional española), aportaron capital para la adquisición de unos productos de riesgos denominados Reserve-Laverage que les ofrecía la patrimonial andorrana Valora.
El interés anunciado triplicaba la media del mercado y aunque era cierto que esos productos presentaban un evidente riesgo financiero (que fluctuaban al alza o a la baja respecto a la evolución de determinados e imprevisibles índices bursátiles), los inversores se metieron seducidos por dos elementos fundamentales. El primero, la opacidad de la operación ligada a la altísima rentabilidad prometida. Ese era el escenario idóneo, a principios de los 2000 para blanquear a través de canales financieros oficiales, dinero de inclasificable procedencia.
El segundo era la confianza, el sello de calidad y de garantía que ofrecía el banco español amigo de la gestora patrimonial andorrana Valora: Fibanc.
Banco de la burguesía
Esta entidad, la elegida y protegida por algunos de los más renombrados e influyentes representantes de los gobiernos de Convergencia i Unió durante la década de los 80 y 90, se hizo con el control de parte del accionariado de Valora a finales de 2001.
Durante aquellos años, Fibanc actuaba como el brazo comercial en Catalunya de la gestora de patrimonios andorrana. Se encargaba de captar clientes (inversores) en reuniones que se celebraban de forma recurrente en las oficinas centrales del banco, situadas en la avenida Diagonal de Barcelona.
Andbank, el destino final
Todo aquel dinero aportado por los inversores era recogido por el embudo del Fibanc y trasladado, a través de complejas transacciones bancarias, a cuentas cifradas del banco amigo en Andorra de la gestora Valora: Andbank.
Como suele pasar con el típico chiringuito financiero que ofrece duros a cuatro pesetas, (finalmente parece que el caso Valora, en el fondo, no es más que eso) un buen día, a mediados del 2007, la gestora de patrimonios andorrana saltó por los aires no pudiendo hacer frente al pago de los intereses acordados con los clientes, y dejó un agujero de 25 millones de euros. Ese dinero correspondía a las inversiones de casi 400 ciudadanos de identidad, ahora, encriptada.
Han transcurrido 8 años, y el 95% de los estafados no se atreven a denunciar los hechos a pesar de haber perdido una buena tajada (algunas aportaciones individuales superaron el millón de euros).
Quien roba a un ladrón…
La delincuencia evoluciona con los tiempos y siempre busca recovecos donde refugiarse para salir bien parada de la persecución a la que le somete el Estado. Uno de esos recodos se encuentra en ese espacio acotado en el que los delincuentes, estafan a los delincuentes. Las mafias del crimen organizado más aguerridas y sanguinarias ya lo han incorporado a su elenco de actividades: ahora, por ejemplo, se dedican a robarse la droga las unas a las otras. ¿Acaso las víctimas de estos robos se presentan en comisaría para denunciarlos?.
Lo mismo sucede con esos chiringuitos financieros cuya mecánica está urdida por personajes que se dedican a la estafa de cuello blanco y que eligen a sus víctimas entre el nutrido grupo de poseedores de dinero negro, a menudo acaparado a través de otras estafas anteriores, también a incautos delincuentes de cuello blanco.
La justicia es ciega y sorda
Es el crimen financiero perfecto. Estafadores y estafados, juegan al mismo pacto de silencio. Y la justicia necesita ruido para actuar.
En el caso Valora, al menos una de esas personas que invirtió, confiada, sus ahorros en esos productos avalados por la flema aristocracia y prestigia del Fibanc que presidia el no menos reputado Carlos Tusquets ha decidido presentar una querella en los juzgados de instrucción de Andorra.
Esta víctima reclama su dinero y sus intereses que los directivos de Valora le arrebataron, tal y como explica en la denuncia, con torticeras escusas y promesas. La querella recoge, al detalle, las múltiples irregularidades que el Institut Nacional Andorrà de Finances detectó en 2007, cuando Valora fue a la quiebra.
El juez del caso Palau, tiene la última palabra
Ahora, el caso ha recaído en la sala que preside el presidente del Tribunal de Corts, el magistrado catalán José María Pijuan, quien en su última etapa profesional en España, fue el segundo instructor del caso Palau.
El caso Valora ha pasado inadvertido para la opinión pública. Un hecho, éste, que se celebra en círculos financieros de Barcelona, donde la identidad de algunos de aquellos inversores se conoce e incluso sobrecoge.
Se da por hecho que personas próximas a Fibanc y en la órbita de los gobiernos de Jordi Pujol de los años 1994 a 2000 aparecen en esa lista de clientes. Paradójicamente, son estos afectados por la presunta estafa quienes esperan que el habitual escaso músculo de la justicia andorrana sea, esta vez, la regla y no la excepción. Es el mundo al revés. Los dignificados rezan para que la causa que han removido ese cliente épico, solitario y, necesariamente honrado, acabe en archivo. Veremos.