Carlyle prepara la venta de Codorníu

El fondo de inversión quiere engordar las ventas y el Ebitda de la compañía para cerrar la desinversión a lo largo de 2022. El avance de la pandemia podría retrasar la operación

Una imagen de las bodegas de Codorníu en Sant Sadurní d’Anoia.

Dos años y medio después de aterrizar en Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona), Carlyle ya piensa en la venta de Codorníu. El objetivo del fondo de inversión jamás fue permanecer mucho tiempo en el accionariado de la compañía y, aunque la desinversión no es inminente, la organización ya empezó con el maquillaje de la cavista para ponerla en el mercado. La previsión es lanzar el procedimiento en 2022, pero el avance de la pandemia podría retrasar los planes del vehículo estadounidense.

Dos fuentes consultadas por Economía Digital coinciden al ser preguntadas, Carlyle ya comenzó a preparar la venta a nivel interno. “Están cebando el cerdo antes de venderlo”, compara una voz del sector. La decana del sector se ha puesto como meta cerrar el año fiscal –hasta junio—con beneficios en todas sus líneas de negocio para presentar unas buenas cifras al mercado.

Consultado por este medio, un portavoz de Carlye dijo: “en este momento no hay ningún proceso o conversaciones para vender la compañía”.

Antes de lanzarlo, la empresa debe conseguir las cifras que desea, explican las voces consultadas. En el caso de los vinos tranquilos, el beneficio parece asegurado. Según las cuentas del ejercicio 2017/2018 –las últimas depositadas en el Registro Mercantil–, las bodegas Raimat (Lérida), Lagaris (Ribera del Duero) y Bilbaínas (La Rioja) representaron más de 4 millones de los 12 millones de beneficios obtenidos. El dato llegó hinchado con la venta de Locations (+6,7 millones), por lo que la división representó prácticamente todas las ganancias ordinarias.

El cava de Codorníu sufrió con la pandemia: las ventas en España se desplomaron

Los vinos además sirvieron a Codorníu para capear la crisis del coronavirus gracias a marcas como Viña PomalLa Vicalanda y Viña Zaco, explican en el sector. Sin embargo, el espumoso no presenta números tan aseados. Para empezar, Codorníu SA, la filial que engloba el negocio del cava y los servicios centrales, perdió 2,2 millones en el último año fiscal disponible. Desde entonces no ha vuelto a beneficios, señala una de las fuentes consultadas.

Además, la pandemia se cebó con la división: las ventas en España se desplomaron y la exportación no compensó ni de cerca –como sí pasó con Freixenet– la caída nacional. Los ingresos internacionales representan algo más de la mitad de las ventas de la organización catalana.

Carlyle parece haber cambiado el rumbo de la empresa a lo largo del último año. A su llegada nombró a Ramón Raventós como consejero delegado y trató de redirigir a la compañía hacia un segmento más alto del que estaba instalada. El dirigente trabajaba en un plan estratégico para el periodo 2019-2022 que finalmente no se materializó. No funcionó y el pasado verano la empresa lo relevó para colocar a Sergio Fuster, procedente de Kellogg Company.

Cavas Codorníu, en Sant Sadurní d’Anoia

Con Fuster, un hombre de marketing acostumbrado a la competencia en los lineales de los supermercados, el objetivo es incrementar volúmenes que luego luzcan en los balances de la compañía. Al precio que sea. Y la estrategia ya provocó el regreso a la marca blanca, un camino que había abandonado en 2017 y que supuso la aplicación de un expediente de regulación de empleo (ERE) de 71 personas. En marzo de 2019, Carlyle presentó otro ajuste para 73 trabajadores.

Como avanzó Economía Digital, la cavista ha vuelto a producir para Tesco y Sainsbury’s, los dos principales supermercados del Reino Unido. “Como compañía seguiremos estudiando las mejores opciones para consolidarnos como un líder mundial en cavas”, decía la empresa en noviembre. Será el principal camino para incrementar la facturación, tal y como pretende la organización.

“Solo pueden crecer así. Codorníu tiene muy poco nombre fuera de España y Carlyle ha visto que hace falta invertir mucho dinero para crear una marca reconocida. Pensó que sería más barato, por eso ha virado el enfoque”, explica un alto directivo del sector. La hoja de ruta queda abierta a expensas del avance de la pandemia, que podría retrasar la ejecución de los planes y retrasar la operación.

Codorníu vende “activos no estratégicos”

Y aunque no está del todo descartada alguna adquisición, lo cierto es que Codorníu sí se puso a soltar lastre. Hace un año el grupo puso a la venta la emblemática Masía Bach y sus bodegas y el edificio de Cavas Rondel. La desinversión del segundo inmueble se completó hace unas semanas, aunque está a la espera de unos permisos administrativos que debe otorgar el ayuntamiento de Cervelló (Barcelona), donde está ubicada.

Entre las dificultades encontradas y el cambio de rumbo, el fondo estadounidense cumplirá el año que viene cuatro años en el accionariado de la firma catalana. Aunque pueda parecer un periodo corto, es el tiempo que se mantuvo, por ejemplo, en el capital de la empresa de embutidos Grupo Palacios, que vendió por 250 millones en 2019 a los fondos MCH y Ardian.