Cae el plan de salvación de Crisol y la empresa entra en concurso de acreedores
La evolución del concurso de acreedores de Crisol y sus sociedades vinculadas será clave para evaluar la salud financiera del sector agroalimentario
El grupo agroalimentario, con un pasivo cercano a los 50 millones de euros, se ve abocado al concurso de acreedores tras la oposición de la banca a su plan de reestructuración y el colapso de su liquidez operativa
La empresa agroalimentaria Crisol de Frutos Secos SAT y tres sociedades vinculadas como Crisolar Nuts SL, Llanos del Almendro SAT y Diamante SAT, han presentado concurso de acreedores ante el Juzgado de lo Mercantil nº1 de Tarragona después de que su plan de reestructuración no haya podido sostenerse frente a la oposición de sus principales acreedores financieros.
Las compañías, que operan en el sector de la transformación de frutos secos y cultivos de almendra con presencia en varias comunidades autónomas, acumulan un pasivo estimado en torno a 50 millones de euros. El procedimiento concursal, según Lavanguardia, se abre tras meses de tensión financiera y la pérdida de liquidez operativa que ha puesto en jaque su viabilidad.
El plan que no convenció a los acreedores
El origen de la crisis se remonta a mediados de 2025, cuando Crisol y las sociedades ligadas alcanzaron un acuerdo con sus acreedores para homologar un plan de reestructuración judicial que contemplaba una quita del 20% de la deuda y pagos diferidos al resto. Este plan, según Lavanguardia, fue inicialmente aprobado por el juzgado como vía para evitar un concurso de acreedores y permitir la continuidad de las actividades agrícolas e industriales de la firma.
Sin embargo, varios de los principales bancos acreedores, entre ellos Banco Santander, Caixabank, Banco Sabadell, BBVA y Caja Rural, impugnaron posteriormente la ejecución del plan, cuestionando tanto su diseño como su capacidad de cumplimiento. La consecuencia fue el corte de las líneas de crédito circulante que la empresa necesitaba, según Lavanguardia, para financiar su operativa diaria, provocando tensiones de tesorería que se trasladaron a toda la cadena productiva.
Según los compañeros de Lavanguardia, señalan que ese ambiente de desconfianza financiera terminó por estrangular la operativa habitual de Crisol, que no logró que los pagos previstos en el plan se materializaran con la fluidez necesaria.
El impacto en la actividad y en los agricultores
Además de la presión de las entidades financieras, la propia actividad productiva de las sociedades vinculadas se ha visto resentida. La llegada de materias primas, en particular almendras suministradas por centenares de agricultores socios, se redujo significativamente en los últimos meses, lo que no solo afectó la producción sino que incrementó la vulnerabilidad de la empresa ante sus compromisos con acreedores.
La caída del suministro agrario, según Lavanguardia, clave para la operativa de transformación de frutos secos, se interpreta como una señal de desconfianza por parte de los socios-proveedores, que han optado por desviar su producción hacia otros mercados ante la incertidumbre sobre la continuidad de Crisol.

Entrada en concurso de acreedores
Todo concurso de acreedores se activa cuando una empresa se encuentra en situación de insolvencia y no puede atender sus obligaciones de pago con sus acreedores. El objetivo de este mecanismo es ordenar el pasivo, proteger el valor de los activos y, si es viable, articular un acuerdo que permita salvar la actividad o, en su defecto, distribuir de forma ordenada los recursos entre quienes tienen créditos reconocidos.
En el caso de Crisol y sus sociedades vinculadas, la presentación voluntaria del concurso se produce después de constatar la imposibilidad práctica de superar los obstáculos financieros pese al intento de reestructuración. El juzgado, según Lavanguardia, deberá designar administradores concursales que tomarán las riendas temporales del proceso y examinarán las posibilidades de salvamento o liquidación.
El futuro próximo
Desde la dirección de Crisol, los responsables han trasladado a sus acreedores su intención de colaborar plenamente con la fase concursal con el objetivo de preservar el mayor número de empleos, reactivar la actividad y explorar posibles acuerdos durante la fase de convenio. La compañía, en declaraciones a Lavanguardia, busca mantener la operativa en la medida de lo posible y trabajar con bancos, proveedores y agricultores para encontrar soluciones que no comprometan la continuidad de las unidades productivas.
Por su parte, representantes de entidades financieras consultados por Lavanguardia, han señalado que el concurso de acreedores abrirá un periodo de negociación formal en el que se evaluarán diferentes escenarios siempre con el objetivo de maximizar la recuperación de créditos. El proceso podría prolongarse varios meses, dependiendo de la complejidad de las negociaciones y del apoyo de las partes implicadas.
Un contexto más amplio de insolvencias empresariales
La apertura de concursos de acreedores en España se ha incrementado en distintos sectores de la economía, reflejando un entorno en el que diversas empresas confrontan dificultades financieras tras la pandemia y los cambios en las condiciones de financiación.
Sectoriales como la agroindustria, el comercio minorista y la manufactura han sido algunos de los más afectados, con firmas que han tenido que recurrir tanto a planes de reestructuración como a concursos para intentar gestionar sus pasivos y replantear sus modelos de negocio para adaptarse a la evolución del mercado.