Lula da Silva eleva la presión fiscal sobre Repsol en Brasil, donde ya paga más de 300M

Shell, Total, Equinor, Galp y la española han presentado una medida cautelar contra el nuevo impuesto a las exportaciones

Repsol

El CEO de Repsol, Josu Jon Imaz. EFE/David Fernández

El regreso de Lula da Silva al Gobierno brasileño ha llegado como muchos esperaban: con el foco fiscal sobre las empresas para que aumenten su aportación. Y, entre ellas, las petroleras han sido las primeras en tener que rendir cuentas. En este conjunto se encuentra Repsol, que tendrá que hacer frente a una nueva tasa si no prospera el recurso que han presentado las compañías. 

En concreto, hace unos días el Gobierno de Brasil anunció que aplicará una tasa de exportación del 9,2% al petróleo bruto durante cuatro meses, con la intención de recaudar unos 6.600 millones de reales (unos 1.260 millones de dólares). 

Asimismo, el ministro de Hacienda, Fernando Haddad, afirmó en una comparecencia pública que este nuevo impuesto va en línea con el objetivo del Gobierno de «recomponer el presupuesto público, tanto desde el punto de vista de los gastos, como de los ingresos». 

En este contexto, la aportación fiscal de Repsol, en el pasado ejercicio, se elevó a los 314 M€ en tributos de manera directa en todas sus líneas de negocio. Y es que, además de la exploración y venta de crudo, la petrolera dirigida por Josu Jon Imaz también tiene otros negocios relacionados con el gas. Así, se ha sumado a la actuación conjunta del resto de compañías afectadas. 

Repsol, en lucha contra el impuesto 

De hecho, por su volumen de venta, Repsol sería una de las compañías menos afectadas. Pero eso no ha sido motivo para que no se lance al contraataque, como han hecho el resto de empresas. 

Así, Shell, Total, Equinor, Galp y la española han presentado una medida cautelar contra este gravamen al considerar, entre otras cosas, que no ha habido ningún tipo de consulta previa con las empresas afectadas. Además, alegan las compañías, este nuevo impuesto provoca incertidumbre sobre las inversiones futuras y genera un deterioro dentro del sector petrolero nacional. 

A nivel individual, por ejemplo, Equinor ha pedido «respeto» por los contratos ya existentes y que están firmados a largo plazo, porque son los que asientan la solidez de una relación.  

Una nueva visión de Brasil 

La situación planteada por el Gobierno brasileño ha sorprendido dentro del sector. Históricamente, el país se había caracterizado por una relativa buena salud a nivel regulatorio. Es cierto, al igual que en otras regiones de Latam, el concepto de expropiación ha estado muy presente, pero al menos a nivel de regulación era previsible. 

Sin embargo, ahora, con este nuevo cambio que en principio tendrá una duración limitada en el tiempo, las grandes petroleras entre las que se incluye Repsol asumen que las políticas de Lula da Silva en este nuevo mandato será más exigentes con las grandes empresas

Lo más curioso en todo el caso que rodea a este nuevo impuesto es que hasta la petrolera nacional Petrobras asume que se trata de una decisión mejorable por parte del Gobierno brasileño. Estimen que esto puede llevar a que las compañías terminen exportando menos, algo que no beneficia a Brasil bajo las premisas planteadas.

Raúl Masa