El enojo de España: el BCE sólo trabaja para Alemania

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FUTURO ECONÓMICO

Mario Draghi, en Fráncfort./Arne Dedert

04 de abril de 2014 (00:16 CET)

España forma parte de un club, tiene unas necesidades específicas, pero comparte los intereses generales de ese club. Sin embargo, en el club hay un patrón, y se trabaja para él. ¿Quién es? Es Alemania. España ha cometido grandes errores en los últimos 15 años, pero, pese a los esfuerzos realizados, sin la ayuda de ese club no podrá volver a crecer, y el peligro es un estancamiento duradero.

Esta tesis es compartida por buena parte de los analistas de mercados y economistas españoles. Hay matices, claro, pero la última decisión, o la no decisión del presidente del Banco Central Europeo, (BCE), Mario Draghi, plantea esa disyuntiva: ¿Para quién trabaja realmente el BCE? ¿Para qué sirven los bancos centrales? ¿Qué hace la Reserva Federal de Estados Unidos en comparación?

Inflación ínfima


Mario Draghi decidió este jueves mantener los tipos de interés en el 0,25%. Probablemente bajarlos más no serviría de mucho. Pero podría hacer otras cosas. Como en verano de 2012, Draghi optó por utilizar su magnífica oratoria y asegurar que hará lo que sea necesario para combatir una posible deflación, dejando claro que no la ve, todavía, inminente.

La deflación no ha llegado, pero para España el problema es ya una inflación ínfima. España necesita una inflación mayor, cercana al 2%, que el BCE debería tolerar, porque así lo fijan sus estatutos. El valor de referencia que fijó el consejo de gobernadores en 2003 del BCE fue una cifra “inferior pero cercana al 2%”. Y, claro, el 0,5% que ha marcado la eurozona en marzo se aleja bastante a esa idea de “cercana” al 2%. Por tanto, el BCE no está pensando en España.

La magia de Draghi

Palabras de Draghi de este jueves: “La ejecutiva (del BCE) es unánime en su determinación de usar también medidas no convencionales que estén dentro de su mandato para enfrentarse a un periodo de tiempo con los precios demasiado bajos”, aseguró. Para añadir: “Necesitamos más información para tomar una decisión”.

Sólo esas expresiones sobre un cercano futuro, provocaron subidas en las bolsas. El Ibex 35 subió un 1,42%, y alcanzó los 10.584 puntos, recuperando posiciones de 2011.

Pero todo eso a España no le sirve. No es suficiente que pueda ir pagando la deuda más barata, como pudo comprobar el Tesoro este mismo jueves. Porque esa situación se podría alargar en el tiempo, pagando deuda, creciendo muy poco, sin lograr absorber realmente y de forma notable el paro.

David Cano, de Analistas Financieros, muestra su disconformidad con la no decisión del BCE. “Existe realmente un riesgo de deflación, no ahora, pero a la mínima que algo no salga bien, que la economía mundial sufra un ligero parón, que las exportaciones puedan caer, la deflación es posible, y cuando se cae en ella es muy difícil salir, como ocurrió en Japón”.

Cómo pagar la deuda

¿Por qué necesita España inflación? Porque la deuda pública y privada pierde valor con la inflación, y Estado y empresas podrían pagar con mayor comodidad sus enormes deudas con una inflación cercana a ese 2%.

El economista de la URLL, Santiago Niño Becerra, reflexiona con una mayor crudeza. Entiende que bajar más los tipos no tendría sentido. Y que al BCE “lo que le importa es que en la antigua área del marco alemán haya un nivel de precios cercanos al 0%, y lo que le pase a los países del sur le da igual con tal de que vayan pagando la deuda, porque, de hecho, a los tenedores de deuda les interesa que los precios estén muy bajos”.

La lección parece clara. Los países que prestaron dinero lo quieren recuperar, como Alemania, Holanda o Austria. Una inflación mayor no les interesa, porque esos préstamos pierden valor. Y a los pensionistas y ahorradores alemanes no les iría nada bien esa inflación cercana al 2%. ¿Para quién trabaja entonces el BCE?

Comprar bonos, públicos y privados

David Cano menciona lo que podría hacer el BCE, una vez constatado que bajar los tipos de interés del dinero del 0,25% al 0,10% o al 0,15% no serviría de mucho. “Podría comprar bonos, de deuda pública y privada, podría poner en marcha, por tanto, el llamado Quantitive Easing, y ejercer el papel de la Reserva Federal de Estados Unidos”.

Según el economista de Analistas Financieros, si los estatutos del BCE no lo permiten se cambian. Es decir, se debería tener en cuenta el principal objetivo en estos momentos: “todo debería estar enfocado a crear trabajo, a eliminar paro, a crecer, como hace Estados Unidos”.

Pero no ocurre exactamente eso. “La ejecutiva (del BCE) es unánime en su determinación de usar también medidas no convencionales”, clamó Draghi, en referencia a ese programa de Quantitive Easing. ¿Lo hará? Los inversores bursátiles, sólo con eso, se animaron, pero la realidad es tozuda. En España los precios han caído en el último mes, un 0,2%.

Los lamentos de De Guindos


El BCE también podría hacer otras cosas, como cobrar a la banca por sus depósitos, colocados allí, en la sede de Francfort, y no remunerarla por ello, aunque sea poco.

Las voces que piden medidas urgentes son ya numerosas. Desde Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea, a Christine Lagarde, directora-gerente del FMI. Y también el propio ministro español de Economía, Luis de Guindos, que ha admitido que una baja inflación, --no diremos ya deflación—puede ser un grave problema para la recuperación.

David Cano fórmula esa preocupación. “El peligro es que, pese a todos los esfuerzos realizados, con una devaluación interna, con reformas estructurales, la baja inflación nos dificulte mucho la salida de la crisis”.

Política monetaria, ¿para todos?

Niño Becerra lleva meses sosteniendo que la deflación es otra cosa, y que ello sucedió realmente en la Gran Depresión de Estados Unidos en 1929 y los años posteriores. Pero considera que sí estamos en una “situación deflacionaria” en la que los problemas son más complejos. Se ha llegado hasta aquí, a su juicio, porque no hay consumo. No hay consumo porque los salarios han bajado, y ya no hay capacidad de más endeudamiento y “existe un exceso de capacidad productiva” que no se puede absorber. Y eso, realmente, es un problema muy gordo.

Todo eso está muy bien. Pero, ¿y el BCE? ¿Cómo ayuda el banco central del club –la Unión Europea—del que formo parte?

El deber del BCE es, según sus estatutos, “definir y ejecutar la política monetaria de la Unión”. ¿De quién?

Por ahora sólo ejecuta, pese a los enormes esfuerzos del propio Draghi, la política monetaria que interesa a los países acreedores, como Alemania.



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