Jaime Ponce, presidente del FROB

Fusión Caixabank-Bankia: crece la presión para que el Estado se quede

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Los sindicatos apuestan por la permanencia del FROB en el nuevo banco para recuperar el espíritu de las antiguas cajas de ahorro

Madrid, 09 de septiembre de 2020 (21:02 CET)

El final de la historia en el capital del estado español en Bankia puede estar más lejos de lo que se pensaba. Aunque la fusión con Caixabank da una puerta de salida rápida, tras años de retraso en la privatización, la presión para que el FROB se quede en el capital es creciente.

Los sindicatos empezaron a moverse desde el primer momento. El mismo día que ambas entidades confirmaban las conversaciones para una integración, Comisiones Obreras (CCOO) pedía que el Estado se quedara como accionista.

"La mejor garantía para el buen fin de las inversiones que el Estado realizó en Bankia es la permanencia como accionista en la nueva entidad", señalaba en un comunicado respondiendo a la argumentación de Nadia Calviño, que pocos días antes había defendido que el Gobierno lo que buscaba con Bankia era maximizar el valor para el contribuyente.

Este discurso oficial, que públicamente han defendido tanto la vicepresidenta económica, como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no anularía la posibilidad de que la posición fuera más permanente de lo que recomendaría la complicada situación financiera que atraviesa España.

De hecho, de acuerdo con La Información, el Ejecutivo habría recogido el guante sindical y se estaría planteando una permanencia a más largo plazo en el capital. Con prórroga para la desinversión hasta diciembre de 2021, y un complicado escenario económico por delante, parece complicado que el sector bancario vaya a vivir una etapa dorada en bolsa.

La fusión se está negociando en un momento en el que la banca sufre un fortísimo castigo, lo que les ha llevado a cotizar muy por debajo de su valor en libros; una situación que debería corrigirse en el tiempo cuando finalice la crisis y los tipos de interés comiencen a subir.

El hándicap de este escenario es que puede retrasarse años, porque los efectos económicos del Covid se van a prolongar en los balances bancarios -con la morosidad como lastre- y eso tampoco ayudará a restablecer unos niveles de rentabilidad que sean atractivos para los inversores. Habrá que convencer a Bruselas y a Frankfurt de que el coronavirus también ha cambiado el timing óptimo para la desinversión.

Hasta que la economía no recupere la buena salud, sin una transformación del negocio bancario en otra cosa, la única vía de la banca para arañar rentabilidad es el recorte de costes. Y eso solo tiene tres vías: más digitalización, menos oficinas y menos empleados. 

Los sindicatos, sin embargo, denuncian que el foco solo se ponga sobre España, cuando existen otros mercados donde el ratio de oficina por empleado ya es más alto que en España, como sucede en Reino Unido o incluso Alemania. Desde la UGT recuerdan que la integración de Bankia y Caixabank no es la primera que se va a producir en nuestro mercado; sino que llevamos muchos años de ajustes. 

Caixabank-Bankia, ¿negocio financiero o social?

Los analistas llevan mucho tiempo calculando cuáles podrían ser las sinergias de las diferentes concentraciones y la única que hubiera ofrecido, en principio, una generación de valor mayor que la que estudian Caixabank y Bankia habría sido la integración del Banco Sabadell y el banco que preside José Ignacio Goirigolzarri.

Sin embargo, esta operación no resolvía los problemas del Gobierno de mantener una puerta de salida abierta si hiciera falta, porque se habría convertido en el principal accionista del nuevo grupo, ya que en el capital del Sabadell está mucho más repartido que el de Bankia, al no contar con un accionista fuerte.

Desde una perspectiva política la unión de Bankia y Caixabank también da posibilidades políticas desde el punto de vista de la gestión. Criteria será el principal accionista del nueva Caixabank. Detrás del holding de inversiones está la Fundación Bancaria La Caixa, cuyo ideario financiero es compatible con la banca social, que, sin llegar a ser banca pública, podría acabar convenciendo a Pablo Iglesias.

Esta argumentación -junto la de supervisar un ajuste de empleo que se anticipa muy fuerte y que se espera que se base en prejubilaciones y salidas voluntarias-, es la que utilizan los sindicatos para pedir al Estado que se quede un tiempo en el capital del banco fusionado (aunque a las maltrechas finanzas españolas no les vendría mal la entrada de dinero).

Si pasada la fusión, la acción se disparara, el Estado perdería dinero", reflexiona Ricard Ruiz, secretario general de CCOO en Caixabank. "Lo interesante es que el FROB siga de accionista y que se complemente con la fundación, en el sentido de buscar un cierto punto de la acción social y darle un cariz distinto al banco, sin perder la perspectiva de la rentabilidad, recogiendo un poco el posicionamiento de las antiguas cajas de ahorros", añade.

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