Repsol triplicó la producción de queroseno en A Coruña desde el bloqueo de Ormuz

La Autoridad Portuaria de A Coruña, Xeal y Repsol alertan en el Foro organizado por Economía Digital Galicia que la inestabilidad geopolítica llegó para quedarse, por lo que recomiendan ganar flexibilidad, capacidades y autonomía energética para lidiar con ella

De izquierda a derecha, Juan Diego Pérez, director de la Autoridade Portuaria da Coruña; María Couto, CEO de Xeal; Natalia Barreiro, directora del complejo industrial de Repsol en A Coruña; y el profesor de la UDC, Fernando de LLano

De izquierda a derecha, Juan Diego Pérez, director de la Autoridade Portuaria da Coruña; María Couto, CEO de Xeal; Natalia Barreiro, directora del complejo industrial de Repsol en A Coruña; y el profesor de la UDC, Fernando de LLano

Hace una semana, el presidente y el consejero delegado de Repsol, Antonio Brufau y Josu Jon Imaz,, recordaron en junta de accionistas que son una compañía de carburantes, electricidad y renovables, y desvelaron que han invertido 1.500 millones desde marzo en las refinerías españolas para intensificar la producción de queroseno ante el bloqueo del estrecho de Ormuz. Aquel mensaje, que reivindica el papel central de la compañía para garantizar el suministro en España pese a la inestabilidad geopolítica, resonó este martes en el Foro La energía que viene, organizado por Economía Digital Galicia, en Santiago.

Allí estaba la directora de la refinería de A Coruña, Natalia Barreiro, quien explicó que el complejo herculino ha triplicado desde marzo su producción de queroseno, es decir, desde el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y la interrupción de uno de los nodos globales del tráfico de hidrocarburos. Es entonces cuando Repsol activa inversiones y afina sus centros industriales. «Se han aumentado inventarios fuertemente, cambiado logísticas y procesos de producción, fundamentalmente en dos refinerías que por su hinterland, Bilbao y A Coruña«, expuso Barreiro, señalando que el grupo «puede suministrar todo lo que sus clientes necesitan y tener un excedente aproximado de un 20-25% respecto a esas necesidades». De hecho, también avanzó que Repsol ha podido incluso suministrar al exterior esos primeros excedentes.

A las pruebas se remitió la directora del complejo industrial de A Coruña para enviar un mensaje igual de claro que el que salió de la junta de accionistas del grupo: «El refino no es opuesto a la transición energética. Más de la mitad de la energía del mundo depende del petróleo y el gas natural», aseveró. Y, sin embargo, «en Europa se ha destruido capacidad industrial, se ha perdido un 20% de la capacidad de refino porque se han cerrado o reformado 35 refinerías», apuntó.

Acostumbrarse a lo incierto

Barreiro participó en una mesa de diálogo que pretendía analizar precisamente eso, el impacto de los nuevos movimientos geopolíticos, a veces en forma de agresión, en la descarbonización y la soberanía energética, una mirada a la inestabilidad internacional desde Galicia que también protagonizaron Juan Diego Pérez, director da Autoridad Portuaria de A Coruña; María Couto, CEO de Xeal; y Fernando de Llano Paz, profesor de la Universidade da Coruña, coordinador del grupo de investigación de la UDC en Regulación, Economía y Finanzas (GREFIN) y codirector del Atlas Gallego de la Empresa Comprometida.

Una idea compartida entre los ponentes fue la de no vivir en la añoranza de una estabilidad perdida, sacudida primero por Putin en Ucrania y ahora por Donald Trump en Oriente Medio. Mejor que eso es asumir que las sacudidas internacionales llegaron para quedarse y actuar de manera consecuente, incrementando las capacidades y la autonomía energética. Lo expresó de manera sencilla Juan Diego Pérez: «Hay que dejar clara la garantía de suministro, que está bien asentada en todo lo que tenemos en Galicia por la parte de refino, pero también por la parte de la logística. El contexto siempre va a ser incierto«. El director de la Autoridad Portuaria de A Coruña preguntó al público cuándo pensaban que finalizaría la crisis en Oriente Medio. Un mes, seis meses, un año… Por timidez o por pesimismo nadie levantó la mano para augurar un desenredo a corto plazo en Ormuz.

María Couto, enfrascada en la construcción de la planta de carbón vegetal para descarbonizar los procesos de las fábricas de Xeal en Cee y Dumbría, pidió realismo para tomar las decisiones adecuadas, porque es cierto que «tenemos que acostumbrarnos a vivir en la incertidumbre», pero con un plan, a poder ser, bien hecho. «Europa tiene un problema estructural desde el punto de vista del desarrollo energético. (Con el bloqueo de Ormuz) se está replicando lo mismo que ocurrió en la guerra de Ucrania; subida gas, subida del precio de la luz, impacto en el sector industrial…». La pregunta que lanzó la CEO de Xeal, esta vez retórica, es qué hizo Galicia, España y Europa para estar mejor posicionada. Concluyó que estamos en una mejor posición desde el punto de vista de la seguridad de suministro, pero no tanto en el caso del precio por la alta dependencia del gas. Los proyectos renovables tienen tramitaciones muy largas que pueden superar los 10 años. «Nos cogerán todas las crisis sin haber asentado las bases, dando vueltas a soluciones, pero sin aplicarlas de forma efectiva», concluyó.

Europa y las facturas

Entre el mundo que se desvanece y al que le cuesta nacer, ese claroscuro donde decía Gramsci que surgen los monstruos, Fernando de Llano pidió una apuesta decidida por la transición energética, incluso «pensar a lo grande» en las oportunidades que ofrece el advenimiento de un nuevo paradigma. Y no solo por la proyección intelectual de un futuro mejor asentado en el desarrollo económico sostenible, sino por el mero pragmatismo de los números que está dejando el cambio de proveedor que asumió Europa al romper con Rusia y poner todos los huevos en la cesta de Estados Unidos, «un socio que ya no es fiable y que ha roto el multilateralismo».

Las importaciones suponen 1.500 millones de coste al día para Europa, 7.000 millones de euros anuales para Galicia y 90.000 millones para España. Es decir, expuso el profesor de la UDC, entre un 4% y un 5% del PIB gallego se destina a pagar esos combustibles. Aún habría otras dos facturas. Una derivada del coste de oportunidad, la que asumiríamos de no coger el tren de la descarbonización a tiempo; y otra de la propia transición energética, que también genera impactos en la vida de la ciudadanía. La propia arquitectura europea, configurada en muchas unidades de decisión que disgregan un mercado conjunto de 400 millones de personas, debilita su poder de negociación, según razonó.

El codirector del Atlas Gallego de la Empresa Comprometida también hizo hincapié en la necesidad de revisar la red eléctrica española y el sistema diseñado hace más de ocho décadas con prioridades muy diferentes. «Por qué no emplear esos recursos destinados a mantener el sistema eléctrico en rediseñarlo e incluir mejoras, por ejempolo, que permitan articular microsistemas unidos a un macrosistema», se preguntó.

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