Pioneras en la sombra: las mujeres que hicieron empresa en la Galicia de los siglos XVIII al XX
El libro ‘Entre el poder y la subsistencia. La empresa española en clave femenina, siglos XVIII-XX’, coordinado por las doctoras de la UDC Elvira Lindoso y Tamara González, ofrece un análisis de la historia económica centrado en la dimensión emprendedora de las mujeres
Hasta la década de los 90 el estudio de género dentro de la historia económica estuvo focalizado en el mundo laboral. A partir de ese momento, una serie de investigaciones de origen británico y americano introdujeron una nueva vertiente que se inclinaba por el estudio del rol de las mujeres como empresarias. El libro Entre el poder y la subsistencia. La empresa española en clave femenina, siglos XVIII-XX, coordinado por las doctoras de la Universidade da Coruña Elvira Lindoso Tato y Tamara González López, pretende aportar su grano de arena a este nuevo enfoque que da visibilidad al papel de las mujeres desde el emprendimiento.
La obra reúne varios estudios que muestran cómo a lo largo de tres siglos, en muchos casos con un entorno social y legal poco favorable, muchas mujeres encontraron en la actividad empresarial una vía de autonomía, supervivencia y, en algunos casos de ascenso social. Tiendas, casas de huéspedes, talleres o, en algunos casos, fábricas, de la Galicia de entre los siglos XVIII y XX aparecen con nombres de mujer al frente, a menudo ocultos tras fórmulas como “viuda de”.
Aunque algunos de los capítulos se centran en la comunidad —y permiten reconstruir un mapa del emprendimiento femenino— el alcance del libro es mucho más amplio. La obra recorre distintos territorios de España y diferentes sectores productivos para ofrecer una visión de conjunto: la de unas mujeres que, desde el siglo XVIII hasta el XX, navegaron entre las limitaciones de su época y la necesidad de ganarse la vida.
“Las autoras y autores de los capítulos que conforman este libro han buceado en una amplia diversidad de fuentes primarias, rastreando protocolos notariales, padrones municipales, censos de población, registros de la propiedad y archivos de empresas”, señala en el primer capítulo un libro. Según ha explicado Tamara González López a Economía Digital Galicia, “normalmente para el trabajo femenino se tiende a utilizar censos y documentos fiscales”. “Después hay otras fuentes que son menos tradicionales. También está la documentación notarial y la judicial, donde la información relativa a las empresas y a la gestión están insertadas dentro de otra documentación de distinta naturaleza. Buscar qué documentación puede estar relacionada con las empresas es, en cierto modo, más complicado, si bien se ha avanzado mucho con la digitalización de archivos”.
Emprendimiento gallego entre los siglos XVIII y XIX
Uno de los capítulos del libro, firmado por la doctora de la Universidade de Santiago Ofelia Rey Castelao, se centra en las emprendedoras de la Galicia del siglo XVIII, mayoritariamente rural, en la que muchas mujeres participaron por cuenta propia en la economía urbana y semiurbana, sobre todo en el comercio, el pequeño artesanado, el suministro de alimentos o actividades vinculadas a la pesca. Algunas, además, supieron detectar oportunidades y participar en circuitos de mayor alcance, como el comercio de ultramar, obteniendo de sus negocios su principal fuente de ingresos.
Este capítulo recupera figuras como la de “Rosita la coruñesa”, prestamista de dinero a “mujeres de la nobleza y la hidalguía local para que se pagasen sus caprichos”, o el de la ferrolana Josefa Prego, que se vio inmersa en un “proceso criminal” cuando su marido volvió de una larga ausencia en Argentina y la denunció por no devolverle las riendas del negocio y acusarla de haber perdido miles de reales por mala administración.
Uno de los obstáculos que se encontraban las mujeres casadas durante estos tres siglos eran las licencias maritales. Según explica Tamara González “aunque en la práctica fuese la mujer quien ejerciese todas las labores, si estaba casada, era el marido quien figuraba en la documentación legal o quien debía darle permiso para hacer uno u otro trámite, salvo que estuviese ausente o que ya hubiese generado esa licencia”.
“Con el libro queríamos dejar constancia también del entorno al que tenían que hacer frente. Por eso queríamos hacer referencia en el título a esa idea de “subsistencia”. Algunas de esas mujeres llegaron a tener muchísimo éxito e, igual que en el caso de muchos hombres, el emprendimiento y la creación de empresas venía por esa necesidad de obtener ingresos”, señala la doctora.
Tamara González López también firma uno de los capítulos del libro, en concreto, el que analiza la presencia de las mujeres gallegas en un sector especialmente masculino: el de la curtiduría. La autora utiliza como catalizador para hacer una radiografía del emprendimiento en el siglo XIX la historia de Mariana de Araido, que se hizo cargo de una curtiduría en Chantada. De origen francés, la mujer llega a la localidad lucense para ponerse al frente del negocio de su hermano tras su fallecimiento.
La mala gestión que hizo su marido de su herencia familiar, las deudas, los pleitos o las barreras idiomáticas complicaban su labor, hasta el punto de tener que vender sus propiedades. “Mariana de Araido constituye un ejemplo, aunque sin un final feliz, de que una mujer podía liderar un negocio en un sector masculinizado y conseguir que su familia subsistiera de él a pesar de las adversidades del contexto social y familiar”.
Tejido empresarial coruñés de finales del XIX y principios del XX
El tercero de los capítulos en los que se hace una mención expresa a Galicia es el firmado por la doctora Elvira Lindoso Tato, que analiza la presencia femenina en el tejido empresarial de A Coruña entre finales del siglo XIX y principios del XX. La autora sitúa su estudio en un contexto en el que la mujer había sido observada sobre todo como trabajadora asalariada, pero rara vez como agente empresarial. A través de fuentes como la Matrícula Industrial y de Comercio y otra documentación fiscal, mercantil y notarial, el capítulo muestra que las mujeres participaron de forma activa en la economía urbana coruñesa, especialmente en pequeños negocios comerciales y de servicios, aunque su rastro documental aparezca a menudo difuminado.
Muchas de estas empresarias eran viudas o cabezas de familia que encontraban en el negocio propio una vía de subsistencia y estabilidad económica. Solían concentrarse en sectores considerados “socialmente aceptables” para las mujeres, como el comercio minorista, la hostelería o ciertos servicios, algo que no resta importancia a su papel en la economía local. Lindoso Tato subraya que la aparente baja presencia femenina en los registros responde en parte a sesgos documentales y legales, y que, al ampliar la mirada, emerge un colectivo más numeroso y activo de lo que tradicionalmente se pensaba.
“A través de los testimonios consultados, las mujeres que se embarcaban en abrir una empresa solían ser valientes, animosas, con carácter y con una gran capacidad resolutiva. En cambio, en la mayoría de los casos, ni siquiera se planteaban que estuviesen llevando a cabo nada transgresor ni reivindicativo, simplemente se dedicaban a trabajar”, explica el libro en el último capítulo dedicado a las conclusiones.
Tal y como ha señalado la doctora Tamara González “se trataba de subsistir”. “Hay que ser valiente, hay que ser resolutiva, pero es que tienes que alimentar, porque además la mayoría de ellas tenían familia, si no eran hijos eran otros parientes a los que mantener y ayudar. No es que se considerasen revolucionarias por ser empresarias, por crear, sino que lo que necesitaban era poder alimentarse”.