Así fue el año del Covid-19 para la industria conservera

El sector aumentó su facturación durante la primera ola del Covid, pero sufrió el cierre de la hostelería. Ahora, espera salvar el año con la Navidad

Así fue el año del Covid-19 para la industria conservera

La industria española de la conserva pesquera espera salvar los muebles este 2020 con las ventas navideñas tras un año en el que ha mantenido su negocio pese al coronavirus, si bien teniendo que afrontar ERTEs y pérdidas en aquellas sociedades y fábricas proveedoras que se centraban en el sector de la hostelería. La patronal de fabricantes de conservas de pescado y marisco Anfaco-Cecopesca calcula que hasta mediados de 2021 no se sabrá con exactitud el impacto del Covid sobre sus empresas, que globalmente han funcionado durante todo el año, aunque con una repercusión desigual y merma de ingresos.

El secretario general de Anfaco-Cecopesca, Juan Manuel Vieites, subraya a Efe que al cierre de año se prevé una fuerte contracción del PIB, que puede afectar al consumo alimentario y originar en esta industria una reducción de ingresos del 10%, Por ello, «la campaña de Navidad debe ser positiva para evitar mayores ajustes«, señala.

«El Covid-19 ha provocado incrementos de dos dígitos en la cuota de valor de bienes de gran consumo, el hecho de que las Navidades sean más hogareñas hace prever que se mantendrá la misma tónica durante ese período», explica, por su parte, la directora de Sostenibilidad de la conservera Jealsa, Ángeles Claro.

La conserva en la pandemia

La pandemia y el confinamiento provocaron un incremento del consumo en los hogares por lo que Anfaco llama «efecto de alacena vacía«, que benefició a productos básicos como el atún y a las grandes empresas, y mantuvo la facturación del sector conservero. Pero algunas fábricas tuvieron que recurrir a un ERTE «como medida de choque frente a una reducción drástica de ingresos motivada por su exposición a la hostelería y restauración», según Vieites.

Es el caso de pymes o mircroempresas, con clientes en hostelería o en tiendas especializadas y «gourmet», que la pasada primavera cerraron fábricas, especialmente en zonas del Cantábrico. Tras el verano, apunta Vieites, las empresas han «redimensionado su estructura para adaptarse a los tiempos de incertidumbre, buscando nuevos canales de venta». «La gestión eficaz del negocio ha permitido frenar la celebración acelerada de nuevos ERTE, pero lamentablemente estamos inmersos en una segunda ola que puede afectar al poder adquisitivo de la población», resalta.

Acopio de latas

Durante las primeras semanas de confinamiento, la compra de conservas de pescado y marisco para el hogar subió un 80% respecto a 2019, pero en la hostelería y la restauración cayó un 50%, de acuerdo con los datos de la patronal. Ese repunte se mantuvo entre marzo y mayo, especialmente por las latas de atún, el producto más consumido. También ha aumentado el consumo de ahumados en el hogar, con incrementos del 14,2% en valor y del 13,9% en volumen, según datos de Nielsen, manejados por Anfaco.

La compra de conservas para los hogares españoles ha crecido un 8,3% en el último año móvil (octubre 2019-septiembre 2020), de acuerdo con el Panel de consumo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). La industria española de procesado y conservas de pescado y marisco consta de 600 establecimientos y una cifra de negocios superior a los 6.000 millones de euros, con 20.300 puestos de trabajo, según cifras del MAPA y de Anfaco (con unas 250 empresas asociadas). Eso sí, en cuanto al consumo de cara a las fiestas, la portavoz de Jealsa -empresa con sede en la provincia de A Coruña-, advierte contra el desperdicio de alimentos, en una época en que se llena más la cesta de la compra