Juan Garibi, director de Fiare Banca Ética: “Galicia ha sido muy militante en nuestro proyecto”
La entidad, que comenzó a operar en el mercado nacional en 2014, cuenta en la actualidad con unos 5.000 socios en España y financia al año unos 300 proyecto por importe de unos 100 millones
El director de Fiare Banca Ética en España, Juan Garibi
En 2003 nació Fiare Banca Ética, iniciativa impulsada por diversos colectivos de Euskadi cuyo objetivo era construir una alternativa financiera cooperativa y centrada en el impacto social; dos años más tarde inició su colaboración con la italiana Banca Popolare Etica. Tras varios ejercicios de crecimiento apoyado en la participación ciudadana y en la financiación de proyectos sociales la entidad comenzó a operar directamente en España.
La entidad cuenta en la actualidad con unos 5.000 socios en España y financia al año unos 300 proyectos por un importe de unos 100 millones. En Galicia el número de clientes ha crecido hasta 300 elevando la inversión en la comunidad hasta los 10 millones en tres años. La compañía ha elegido la ciudad de Vigo para su asamblea anual, que se celebra este fin de semana.
El director de Fiare Banca Ética en España, Juan Garibi, repasa en conversación con Economía Digital Galicia las claves de la financiación con impacto social y los retos de competir en un sistema financiero cada vez más globalizado.
La compañía comenzó a operar como entidad bancaria con sucursal propia en España en otoño de 2014. En estos 12 años operando en el mercado nacional ¿cuál diría que ha sido el principal reto de la banca ética?
La banca ética nace fundamentalmente para financiar proyectos con impacto positivo. Eso ha hecho que se centre siempre en asociaciones, fundaciones, cooperativas, centros especiales de empleo o empresas de inserción. El problema fundamental de la sociedad en la actualidad es la vivienda. algo que normalmente no se afrontaba desde proyectos de economía social; la banca ética no suele entrar en la financiación de hipotecas particulares.
Lo que hemos hecho es entrar en el tema de la vivienda desde dos líneas. Una de ellas es la financiación a entidades sin ánimo de lucro para alquiler social para que adquieran las viviendas y luego las puedan arrendar. La otra es la financiación de cooperativas de vivienda en cesión de uso, un régimen en el que, no sometiéndose a división horizontal, el edificio entero es una finca registral que pertenecerá siempre a la cooperativa. Quien se vaya puede recuperar su capital, pero no puede vender el inmueble porque no existe como tal, al no ser una finca independiente, y no se puede especular en el mercado.
De esta manera hemos tenido que rehacer un poco nuestra idea y, además de trabajar la inserción, la ecología, hemos introducido la vivienda que no estaba en la lista, pero es lo que nuestro país demanda en este momento.
¿Cómo sobrevive una entidad como la suya compitiendo en un sistema financiero tan globalizado?
Tenemos todo inconvenientes, es decir, no podemos contar, por tamaño, con la tecnología de otros y el negocio bancario se basa mucho en tecnología; no tenemos la misma publicidad, número de oficinas, productos… Eso nos permite entrar cuando a las entidades estándar les resulta complicado, porque la necesidad no es estándar.
Es importante entender el funcionamiento económico de una entidad sin ánimo de lucro. En una banca tradicional, cuando te sometes al análisis de unas cuentas que no ganan dinero, saltan las alarmas. Cuando surge una necesidad en las cooperativas de financiación de proyectos nuevos, aún no estudiados, tienes que diseñar soluciones a medida. Y en ese terreno no tenemos ninguna inferioridad, porque consiste precisamente en dedicarle tiempo.
Desde el punto de vista económico tenemos tres ventajas, todo lo demás son inconvenientes porque, al no haber economía de escala, teóricamente tu producción es más cara, te cuesta más producir porque eres más pequeños. La primera ventaja es que nuestros clientes, quienes ponen el dinero en ahorro, no reclaman maximizar su remuneración, por lo tanto, no entran en campañas agresivas, algo que nos permite captar dinero más barato. La segunda es que los trabajadores no cobramos variables ni hay bonos de directivos con lo cual, la parte salarial es más barata que en un banco convencional. En tercer lugar, al ser sin ánimo de lucro, aunque ganemos dinero no lo distribuimos entre nuestros socios sino que se reinvierte, con lo cual, tampoco hay dividendos.
En Galicia se ha superado ya la cifra de 300 personas socias y unos 10 millones de euros de ahorro gestionado ¿a qué se podría atribuir este crecimiento en la comunidad?
Contamos con 5.000 socios en España. Teniendo oficinas en Madrid, Bilbao y Barcelona, suena raro que la comunidad tenga ese volumen, pero es verdad que desde el principio Galicia ha sido muy militante con nuestro proyecto.
En un proyecto de estos, que no es una banca cómoda, que no va a tener un montón de oficinas, que no va ser más barata, que no va a tener determinados productos pues te preguntas ¿por qué me hago yo cliente? En el fondo lo que importa no es que me den servicio a mí, sino que den servicio a quien lo necesita. Por ejemplo, que financien empresas de inserción, centros especiales de empleo, cooperativas. Entonces, estoy dispuesto, entre comillas, a sufrir un poco como cliente. Es como las personas que compran agricultura ecológica o comercio justo, que no es más barato que lo que venden en un supermercado, pero le da un valor añadido. Esto desde el principio ha existido en el caso gallego de manera más fuerte que en otros territorios.
Y luego se ha dado otra circunstancia. A nosotros nos costaba prestar en Galicia porque las solicitudes de financiación que recibíamos eran pequeñas; teniendo la oficina más cercana en Bilbao era muy complicado atender una solicitud de financiación pequeña a distancia. Hemos hecho algunas cosas y, de repente, en los últimos 3 o 4 años nos han llegado proyectos grandes. Hemos financiado dos cooperativas de vivienda, una en Pontevedra y otra en A Coruña, un proyecto de economía circular en formato de empresa de inserción con ropa de segunda mano en Santiago, muy grande también. En los últimos tres años, de la nada, hemos metido en Galicia 10 millones de euros en inversión.
Todo esto ha revitalizado un poco a esos socios que estaban desde un punto de vista militante, es decir, que les interesa y les me parece bueno que esto exista, que han pasado a pensar que esto no solo me parece bueno sino es que es real, es decir, puedo tocar las cosas que se estás financiando. Esto ha permitido darle una credibilidad mayor y entender que no solo es una herramienta teórica, sino cierta práctica financiera.
Desde hace un año tenemos una persona que está en la misma sede que la Federación de Cooperativas de EspazoCoop, la coordinadora de ONG’s o la Red Gallega de lucha contra la Exclusión Social. Con lo cual, se genera un efecto red también, un montón de entidades que te ven todos los días, y que empiezan a conocer temas que son un poco desconocidos. Lo que más nos ayuda es que alguien nos conozca de cerca, se fíe de nosotros, vea que esto merece la pena y se lo diga a otro.
¿Hay previsión de crear una sucursal en Galicia?
Nosotros empezamos solo en Bilbao, luego abrimos Madrid y Barcelona. Más tarde vimos que había territorios que igual no tenían tanto volumen, pero que en realidad sí que existía. Ahora tenemos dos personas en Sevilla, una en Granada, una en Pamplona y otra en Santiago.
En el caso de Galicia se está dando a un nivel mayor que lo que corresponde a su tamaño. ¿El motivo? Pues por lo que decía antes, por el tejido social. En la medida que siga habiendo respuesta, nosotros seguiremos respondiendo a eso ¿hasta dónde llegaremos? Hasta donde la realidad nos lleve.
¿La banca ética sigue siendo minoritaria porque el mercado no la favorece o porque la ciudadanía no la conoce lo suficiente?
Por una parte, en nuestro caso al menos, al no trabajar con particulares, con préstamos hipotecarios,Bizum o cosas por el estilo, es poco operativo, con lo cual es para sectores muy concretos, fundamentalmente economía social,.
Dentro de la economía social, hay de todo. Hay entidades que lo ven como una propuesta más programática. Es decir, me adhiero a esto, me gusta la banca ética, pero no tengo por qué cambiar de banco ni abrir una cuenta. Simplemente digo que me gusta.
Por otro lado, hay personas que se sitúan en la consideración de que puede estar bien, pero no lo ven real ni operativo. Es decir, necesito dinero físico y necesito una oficina debajo de casa. Por ejemplo, las cajas rurales juegan una función espectacular de cercanía y eso nunca lo vamos a suplir nosotros y hay entidades y personas, sobre todo, que necesitan una caja rural cerca suyo.
En tercer lugar están quienes realmente creen que la banca ética pueden encajarles, que les puede venir bien lo que hacemos nosotros, que les gusta. Ahí igual es donde tenemos que intervenir más porque no acaban de creerse que somos operativos, nos ven más como propuesta ética que como banco y necesitamos que den ese salto. En ese colectivo es en el que tenemos que incidir porque operativamente le podemos funcionar, estarían dispuestos a hacer el cambio pero no acaban de fiarse y eso si puede ser cierto desconocimiento. Ahí es donde está nuestro reto.
¿Cree que las grandes entidades financieras están incorporando prácticas éticas reales o se trata realmente más bien de una estrategia de imagen o de marketing?
Creo que hay una presión social para que las cosas se hagan de forma diferente. En paralelo, estamos viendo en la política una corriente de decir las cosas sin diplomacia. Seguramente aparecen fondos de inversión que dicen “si quieres ganar dinero yo invierto en armas” y ahí se gana mucho. Y puede haber gente que diga “yo lo que quiero con el dinero es ganar lo máximo”.
Sin embargo, creo que la mayoría de la gente está preocupada por la sostenibilidad, la paz o por otras muchas cosas y exige a las empresas transparencia y comportamientos responsables. A partir de ahí, habrá compañías que lo hagan más obligadas por las circunstancias, como por algún cambio legislativo, o por convicción.
Intuyo que dependerá mucho de las personas que están en cada organización y de las presiones que tengan. Si tú tienes una junta de accionistas que te presiona para maximizar el beneficio a toda costa, no vas a hacer nada de eso creíble. En cambio, si eres capaz de convencer que hay un beneficio razonable acompañado de cierta responsabilidad, pues te puede funcionar.
En nuestro caso, la responsabilidad social no es un añadido en la actividad bancaria. Hacemos banca, pero con límites éticos. La responsabilidad social o la medición del impacto la tenemos en cada decisión que tomamos: en la escala salarial, en la estructura operativa, en las oficinas que tenemos, en las redes con las que trabajamos etc.
El perfil de las personas que se han hecho socias en estos años, ¿ha evolucionado?
Diría que sí que se está modificando. En el momento inicial, nos encontrábamos a mucha gente de edad media-alta que no necesitaba el banco para ellos mismos, no demandaba servicios, pero que estaba de acuerdo con la idea; gente que venía de otras militancias como de la cooperación al desarrollo, de la inclusión social, de la inclusión laboral, del cooperativismo, del sindicalismo o del ecologismo.
A medida que cada vez ofrecemos más cosas, tenemos más presencia y cubrimos más necesidades, empieza a aparecer más gente con un componente idealista, quizá un poco inferior y un componente pragmático un poco mayor. Son personas a las que, por ejemplo, hemos financiado su cooperativa de vivienda y deciden hacerse socios; o personas que tras ver que se ha financiado a la asociación que se ocupa de su hijo con discapacidad, decide ahorrar con nosotros. Todo esto ha hecho que se incorpore un perfil algo diferente.
¿Cuántos proyectos está financiando Fiare Banca Ética en la actualidad ?
Estamos financiando entre 300 y 350 proyectos al año, por un importe en una horquilla de entre los 80 y los 100 millones de euros, depende el año. Desde hace 3 o 4 años estamos en ese nivel.
En cuanto a los tipos de proyectos, hay iniciativas que se demandan continuamente porque necesitan liquidez. Por ejemplo, es el caso de una cooperativa que gestiona una residencia de mayores o un centro de día para personas con enfermedad mental que necesitan una línea de crédito y es probable que para el próximo año la vuelva a necesitar. Estos proyectos suelen representar entre el 30 o 40% del total.
Entre un 60 0 70% son operaciones con clientes nuevos. Cuando una entidad lo que necesita es el día a día, pagar nóminas, recibos, transferencias, no se plantea buscar por una entidad financiera ética. Pero si tienen que hacer frente a otros costes, como cambiar de local o de pabellón, cambiar de residencia en el caso de asociaciones de mayores o de personas con algún tipo de discapacidad y es la inversión más importante de los próximos diez años, ahí deciden consultar entre varias opciones. Ese momento puede ser una oportunidad para entrar nosotros.
Actualmente la entidad cuenta con 50.000 socios, 45.000 en Italia y 5.000 en España ¿cuáles son las previsiones de futuro?
En este momento estamos digiriendo el crecimiento que hemos tenido en los últimos años. Empezamos con nueve personas hace once años, ahora somos 50. Empezamos con 11 millones de euros en España, ahora tenemos más de 300. Hemos ido creciendo, pero con un funcionamiento muy artesanal y lo artesanal es muy bonito, pero tiene límites.
Tenemos que salir de determinados modelos artesanales y generar más procesos, más tecnología, mejorar, por tanto, la eficiencia del servicio para poder dar un siguiente salto. Esa etapa de mejora de proceso y de mayor tecnificación de la actividad, necesita también una respuesta territorial.
Al final, por mucho que digas que está Internet, Internet no genera confianza. La confianza se genera en el contacto, en la cercanía; el conocimiento de que lo que necesita un territorio se genera estando en el territorio. Tenemos que hacer compatible eso, ir progresivamente, mejorando la manera de prestar el servicio, incrementando el número de sitios en los que podemos relacionarnos con la realidad. Eso generará la incorporación de más productos y servicios.
Así, por ejemplo, en Italia tenemos hipotecas a particulares. Aquí no las tenemos porque somos demasiado pequeños para meternos en semejante jardín. Pero asumimos que si esto sigue un ritmo de crecimiento, a medio plazo, tendremos que incorporar productos financieros para particulares.