| Entrevista Vasco Falcão, CEO de Konica Minolta para España y Portugal

“España tiene un ritmo de digitalización más acelerado que Portugal”

La compañía, especializada en soluciones de impresión, gestión documental y transformación digital para empresas y con casi 36.000 empleados a nivel mundial, cerró el pasado ejercicio con una facturación de 76 millones

Vasco Falcão, CEO de Konica Minolta para España y Portugal

Vasco Falcão, CEO de Konica Minolta para España y Portugal

En 2023 nació Konica Minolta fruto de la fusión de dos empresas con una larga trayectoria en el sector de la imagen y la tecnología documental. Konica se fundó en 1873 inicialmente como fabricante de productos fotográficos, mientras que Minolta, creada en 1928, destacó por sus innovaciones en cámaras y óptica. Tras la fusión, la firma reorientó su negocio incluyendo soluciones de impresión digital, sistemas de gestión documental, servicios informáticos y tecnologías para el entorno empresarial. En la actualidad, Konica Minolta se ha consolidado como un actor global en la transformación digital, ofreciendo soluciones integradas para la automatización de procesos, la impresión inteligente y la gestión de información en empresas.

La compañía, que cuenta a nivel mundial con más de 35.600 empleados (más de 340 en España) y opera en más de 150 países, cerró el 2025 con una facturación de 76 millones. La previsión para este ejercicio fiscal, que comienza en abril, es alcanzar en torno a los 80 millones. Vasco Falcão, CEO de Konica Minolta para España y Portugal, repasa en conversación con Economía Digital Galicia la situación de mercado además de las peculiaridades de ambos mercados, “dos de las estrellas de la compañía en Europa”

La impresión ya no es solo maquinaria, sino que se ha convertido en un entorno digital y automatizado. ¿Cómo están adaptando las empresas sus procesos internos para aprovechar estas nuevas tecnologías y maximizar la eficiencia y la rentabilidad?

La impresión ha dejado de ser un conjunto de equipos para convertirse en una infraestructura digital dentro de la empresa y eso está obligando a adaptar los procesos internos de las empresas, no solo la tecnología. 

Es cierto que la impresión ha evolucionado hacia entornos digitales y automatizados, pero eso no significa que haya perdido relevancia. Al contrario, hoy imprimir tiene más sentido que nunca, porque forma parte de un proceso “inteligente”. 

La impresión continúa siendo crítica en muchos sectores como la industria, la logística, el retail, la administración pública o la sanidad. Hay etiquetas, albaranes, documentación contractual, expedientes, material comercial que siguen teniendo mucho valor si se hacen en soporte físico. El papel continúa aportando algo que el soporte digital no siempre garantiza, porque tiene esta capacidad de inmediatez, es tangible y facilita la consulta en entornos operativos.

Todos tenemos muchos momentos en nuestra vida laboral en los que somos más productivos cuando tenemos el documento en formato físico. Hoy lo que nosotros vemos en nuestros clientes es que la ventaja no está en imprimir más, sino en imprimir mejor y de forma controlada para aumentar la productividad. Actualmente, los sistemas de impresión están muy integrados con los ERP y con las plataformas documentales.

Muchas veces, la impresión de un documento forma parte de un proceso automatizado. De esta forma se reduce el desperdicio, se mejora la trazabilidad de los documentos y además se controla el coste real del uso de los documentos. 

Pero otro punto fundamental relacionado con la impresión es la seguridad. Los equipos hoy permiten automatización, autenticación de usuarios, impresión segura y control de acceso, y eso protege la información más sensible que manejan las organizaciones y reduce la fuga de datos. 

Yo diría que las empresas que están capturando más valor no se limitan solo a renovar máquinas, sino que están rediseñando cómo fluye la información dentro de sus organizaciones, automatizando las tareas administrativas más repetidas, como la validación de facturas, la aprobación de gastos, la gestión de expedientes. 

Hay otro factor, el modelo híbrido de trabajo, que ha propiciado también esta transformación. Ya no es viable depender solo de un papel o solo de digital, hay que combinar los dos. Imaginemos un equipo que está trabajando en remoto: necesita conectarse a sus sistemas para continuar siendo productivo, pero en algunos momentos se necesita el papel porque, como decía, aporta mucha productividad. La digitalización en el entorno de la oficina garantiza esta continuidad operativa y la seguridad

Otro punto también muy importante es el cambio cultural y financiero que estamos viviendo: las empresas empiezan a medir el impacto de la gestión documental también en cuanto al coste por proceso, el tiempo que un proceso tarda en hacerse y cuál es el riesgo operativo. Cuando implementamos proyectos en nuestros clientes, lo que estamos viendo es que ya no es un proyecto solo tecnológico, sino que pasa a ser una herramienta de gobierno del negocio, ya no es algo aislado.

¿Hasta qué punto la automatización y la integración con sistemas de gestión están mejorando la eficiencia y la rentabilidad en el sector?

La automatización y la integración tienen un doble impacto. Uno es estructural y otro es transformador. En las empresas del sector, como Konica Minolta, la evolución de la impresión hacia entornos digitales obliga a un cambio en nuestro modelo de negocio. Hemos pasado de vender equipos a diseñar ecosistemas de documentos conectados, y eso es un gran cambio. Actualmente, nuestros ingresos más recurrentes están basados en servicios, no en el hardware. Nuestros sistemas tienen que estar más integrados con los ERPs, y con el software, la ciberseguridad y la gestión IT tienen mucho más peso en nuestra facturación.

También las relaciones con nuestros clientes son de mayor complicidad y a más largo plazo. Para una empresa como Konica Minolta eso es normal, porque tenemos una presencia en el mercado de más de 150 años. 

Pero este nuevo entorno nos obliga aún a más, porque, como comentaba antes, hay más integración de nuestros sistemas en lo que es el core, la parte fundamental del negocio de nuestros clientes. En resumen, la rentabilidad deja de depender del volumen de impresión y pasa a depender del valor añadido de la gestión de la información. Y esto da lugar a un modelo de negocio más estable, más predictible y con más capacidad de escalar, porque también ayudamos a nuestros clientes a crecer. Hemos pasado de ser un proveedor puntual a ser un partner estratégico. 

Para los clientes yo creo que, sobre todo para las grandes empresas, el cambio es aún más relevante, porque nuestros sistemas de gestión documental y de impresión se integran con los ERP y con ello se reducen tiempos administrativos, se eliminan errores manuales, se validan facturas, contratos y pedidos, se mejora la trazabilidad y es más fácil demostrar que estamos cumpliendo con las normas europeas de protección de datos.

Muchas veces se habla en las empresas de la “fricción” operativa. Sin embargo, con una adecuada gestión de los procesos administrativos en muchos casos se puede mejorar hasta en un 30%, y este es un valor que se puede calcular y demostrar.

Hoy las empresas que ofertan servicios de IT van a tener más capacidad de mantener una relación a largo plazo con sus clientes si son capaces de integrar la tecnología en la forma como las empresas hacen las cosas. No es que las personas tengan que cambiar, sino que la tecnología que llega se integre en su operativa.

Un caso claro de esto es la inteligencia artificial (IA): a mí no me interesa tener la IA como una herramienta que está al lado, me interesa tenerla como una herramienta integrada completamente en mis procesos de trabajo. 

Por ejemplo, si recibes un correo y quieres que la inteligencia artificial te ayude a dar una respuesta, haces copia-pega en Copilot o en ChatGPT y le preguntas: “¿Cómo puedo dar una respuesta a este correo?”, no estás ganando productividad, no estás integrando esto en tu forma de trabajar, solo estás añadiendo un paso más a tu tarea. Aunque lo hace deprisa y puede añadir calidad, no es una verdadera integración. 

Lo que sí es integración es lo que hacemos cuando integramos sistemas de gestión documental en el entorno de nuestros clientes y reciben un correo o un contrato, la herramienta te dice: “Has recibido este documento que tiene estas cláusulas y he identificado cuatro errores que hay que corregir”. Sin que tú tengas que hacer copia, pega, ya tienes toda la información ahí. 

Ahí radica la verdadera integración de la tecnología en tu entorno de trabajo. Y nosotros, sea con la impresión, sea con la gestión documental, lo que intentamos aportar a los clientes es esta automatización e integración en su sistema, porque es así como les ayudamos a mejorar su competitividad. De otro modo, la tecnología solo añade más complejidad. Ese creo que es uno de los retos que tienen las empresas, que los entornos tecnológicos están siendo en muchos casos tan complejos que la forma en que circula la información y cómo esta se organiza se convierte no en una ventaja, sino en una desventaja.

La escasez de técnicos cualificados es un reto creciente en la industria gráfica. ¿Qué impacto real está teniendo esta falta de talento en el mercado?

Esta escasez de técnicos cualificados creo que es consecuencia de la transformación profunda que está experimentando el modelo productivo. Por la digitalización y por el cambio en las tecnologías, las empresas necesitan menos operadores tradicionales y más profesionales capaces de trabajar con tecnología digital integrada. Esto obliga a un upskill, a un entrenamiento de las personas que están en el mercado para que puedan utilizar estas herramientas. 

En el pasado, un operador de offset dedicaba mucho tiempo a la preparación manual de las planchas, ajustes mecánicos y calibraciones, tenía que controlar todo lo que estaba pasando durante la tirada. Era un proceso intensivo en mano de obra y en experiencia técnica. Estas personas acumulaban una experiencia y un conocimiento enormes.

Hoy, en los actuales entornos digitales, gran parte de esa preparación está automatizada: el sistema gestiona los perfiles de color, hace ajustes de forma inteligente durante la tirada, reduce el tiempo de puesta en marcha, etcétera, lo que supone una menor dependencia de la intervención manual. El operador antes invertía mucho tiempo en la preparación del trabajo y en monitorizar todo el proceso.

Hoy, con los sistemas digitales conectados, los trabajos se cargan directamente desde cualquier lugar en un software de gestión, la máquina se encarga de gestionarlos y la supervisión se puede hacer de forma remota y predictiva. Ya se pueden hacer turnos nocturnos sin sobrecargar al personal, se puede utilizar esta tecnología para controlar desde casa lo que está pasando en la producción, y ello supone un incremento muy significativo de la productividad y de la calidad de vida de las personas que trabajan en las empresas. 

Todo esto es resultado de la convergencia entre el mundo digital y el físico, que permite tener más volumen y mayor estabilidad, porque la automatización reduce errores, y de alguna forma ayuda a compensar la escasez de profesionales especializados. En Konica Minolta nuestros equipos y sistemas integran hardware avanzado con software inteligente que permite obtener el máximo rendimiento de los equipos.

Pero esta transición tiene que ir acompañada de formación. Por eso, una de nuestras grandes apuestas es la capacitación continua de los profesionales de nuestros clientes. No solo entregamos tecnología, para nosotros es muy importante acompañarles en su adopción. Y esta escasez de talento acelera la modernización que tenemos que acometer.

Al final, esto no deja de ser un empujón para que las empresas se animen a hacer cambios. La tecnología integrada te permite hacer más con menos, y eso abre muchas oportunidades.

No se trata de perder talento, ni mucho menos. Si te fijas en la gente joven y les enseñas lo que se está haciendo hoy en el mundo de la imprenta, el packaging o la etiqueta, hay muchísimo atractivo ahí. Lo que ocurre es que el perfil que buscamos ha cambiado: ahora necesitamos un talento con un componente más tecnológico, alguien que entienda mejor este nuevo entorno.

Konica Minolta ha evolucionado de fabricante a proveedor de soluciones tecnológicas. ¿Qué peso tienen hoy la IA, los servicios IT gestionados y la ciberseguridad dentro de su propuesta para pymes?

Nosotros no ponemos la inteligencia artificial delante de cualquier cosa solo para vender. Somos claramente una compañía de soluciones tecnológicas, y la IA hoy ya forma parte de nuestras soluciones documentales.

Para las pymes, hay dos pilares muy claros dentro de nuestra oferta: los servicios IT gestionados y la ciberseguridad. El mercado está pidiendo seguridad, continuidad operativa y eficiencia digital, y ahí es donde nosotros respondemos con soluciones de gestión documental, ciberseguridad y servicios IT que cubren esas necesidades.

La IA, además, está integrada en muchos niveles. Por ejemplo, en la automatización de flujos documentales, en la captura inteligente de datos o en el mantenimiento predictivo de los equipos. Es decir, no hablamos de una IA teórica, sino de una IA aplicada al día a día del negocio, que nos permite monitorizar lo que ocurre y ofrecer un mejor servicio, asegurando que los sistemas estén disponibles el mayor tiempo posible.

También tiene un papel importante en la optimización de procesos de los clientes. Y esto es clave porque muchas pymes no tienen estructuras internas de IT suficientemente dimensionadas para gestionar entornos cada vez más híbridos y complejos. Ahí es donde nuestros servicios IT gestionados tienen un peso creciente.

Nuestra propuesta combina infraestructura, gestión documental, cloud y soporte continuo. ¿Qué conseguimos con esto? Simplificar proveedores, reducir riesgos y, sobre todo, garantizar la continuidad operativa. Que la empresa no se pare, que pueda seguir dando servicio a sus clientes.

En ese contexto, la ciberseguridad se ha vuelto crítica. Da igual si hablamos del entorno de impresión o de los sistemas documentales: son puntos de entrada potenciales y tienen que estar protegidos. Por eso integramos la seguridad en todo el ecosistema, desde la autenticación de equipos hasta el cifrado de datos, la protección de red y la monitorización constante, tanto con personas como con sistemas de inteligencia artificial.

Porque la clave para las pymes es la integración. No se trata de ofrecer IA por un lado o servicios IT desconectados del negocio, sino de integrar procesos y personas, que son lo más importante, dentro de una infraestructura donde los datos y los documentos estén protegidos, automatizados y conectados con la actividad de la empresa.

En la práctica, para una pyme todo esto significa menos complejidad tecnológica, más control y más tiempo para centrarse en su negocio.

De hecho, esta evolución también se ve en nuestros números. Hace unos ocho años, la parte de transformación digital representaba apenas 200.000 euros. Hoy hablamos de 12,6 millones solo en Digital Workplace y Digital Transformation, un 17% de nuestra facturación. Y si añadimos los Managed Print Services, que también son servicios IT gestionados, estamos ya en torno al 36% del negocio.

Esto demuestra que nuestra transformación no es teórica, es estructural. Hemos pasado de ser un fabricante centrado en hardware a un proveedor de soluciones tecnológicas integradas, combinando hardware, software y servicios para responder a lo que realmente necesitan hoy las empresas. Es lo que creo que nos diferencia y que nos posiciona como un referente en la transformación del entorno de trabajo de nuestros clientes.

¿Qué similitudes observa entre España y Portugal en su proceso de transformación digital empresarial?

Cuando analizo los dos países —y además los conozco bien, porque vivo esa realidad de cerca y soy de Castelo Branco, en Portugal, que está muy cerca de Cáceres— siempre los he visto en paralelo. Ambos mercados comparten una estructura empresarial muy similar, dominada por pymes, y en los dos hay un fuerte impulso hacia la digitalización, en parte también gracias a los fondos europeos. Además, existe una conciencia cada vez mayor de que la tecnología no es solo una herramienta de trabajo, sino un verdadero factor de competitividad.

Las diferencias principales entre ambos países están en el ritmo y en la naturaleza de esa transformación. Si miramos indicadores europeos como el Digital Economy and Society Index (DESI), vemos que España tiene un PIB bastante superior al de Portugal y un crecimiento en torno al 2,8%, mientras que Portugal, con una economía más pequeña, crece alrededor del 1,9%. Eso hace que Portugal opere a una escala menor, aunque en los últimos años ha demostrado una gran capacidad de crecimiento ágil y sostenible. De hecho, publicaciones como The Economist han señalado a Portugal como una de las economías destacadas recientemente, igual que en su momento lo fue España.

En términos de digitalización, España presenta cifras muy sólidas: alrededor del 61% de las pymes ya han alcanzado un nivel básico, por encima de la media europea. Portugal muestra niveles similares, aunque con más variación según el sector y el tamaño de la empresa; en España, en cambio, el desarrollo es más homogéneo.

Si hablamos de servicios más avanzados, como la nube o el análisis de datos, España todavía tiene margen de crecimiento. Por ejemplo, solo alrededor del 27% de las empresas utilizan cloud. Portugal, aunque es más pequeño, avanza más rápido en volumen relativo. Y esto tiene mucho que ver con su tamaño: al ser un mercado más reducido, la toma de decisiones suele ser más ágil.

No hay que convencer a tanta gente, la dimensión media de las empresas es menor y, además, el riesgo cuando algo no funciona también es más limitado. Todo eso facilita que ciertos cambios se adopten con mayor rapidez.

¿Existen diferencias relevantes en el ritmo de digitalización o en la inversión tecnológica entre empresas españolas y portuguesas? 

España tiene más capacidad financiera. En términos generales, España tiene un ritmo de digitalización más acelerado por su tamaño de mercado y su diversidad sectorial. Las empresas españolas muestran mayor adopción de soluciones porque también tienen una mayor capacidad de inversión. Disponen de un ecosistema capaz de abordar proyectos tecnológicos más grandes, no solo en herramientas, sino también en integración de sistemas. Hay más capacidad financiera y más facilidad para acceder a financiación.

En cambio, Portugal suele priorizar inversiones tecnológicas con un retorno rápido y claro. Son proyectos más pequeños, donde si no se ve el retorno, la siguiente fase directamente no se hace.

Esa es una de las principales diferencias. En España, sobre todo en empresas medianas y grandes, hay más recursos internos de IT. Las pymes muchas veces no los tienen, pero las medianas y grandes sí, y eso facilita abordar mayores proyectos. En Portugal, las pymes son más pequeñas, con estructuras más ligeras, lo que obliga a ser más ágiles, pero también limita la capacidad de hacer grandes inversiones. Además, las empresas españolas tienen mayor capacidad de acceso a financiación para proyectos a gran escala. 

En Portugal, como decía, las inversiones suelen modularse por fases, con soluciones que aporten productividad de forma rápida.

En general, ambos países están mejorando sus competencias digitales. Pero si miramos los datos en detalle, España tiene una proporción ligeramente mayor de población con habilidades digitales, y eso facilita tanto la introducción como la aceptación de los proyectos dentro de las empresas.

Desde la experiencia de Konica Minolta, ¿qué sectores están liderando la modernización tecnológica en España y cuáles en Portugal?

En los dos países hay sectores muy claros que lideran la modernización. En España, destacaría la automatización y la industria avanzada. Vemos mucha integración entre la producción física y los sistemas digitales en órdenes de fábrica conectadas al ERP, etiquetado inteligente o mantenimiento predictivo en planta para garantizar la eficiencia. 

También en logística y transporte hay muchísima inversión: automatización de almacenes, integración de ERPs, digitalización de la documentación, etiquetado en tiempo real e incluso sistemas en línea que etiquetan directamente la salida de mercancía. Y, además, está aumentando la integración de documentos físicos en flujos digitales.

Otro sector donde España está especialmente avanzada es en servicios financieros. En el mundo fintech y en la relación con los bancos se nota mucho, incluso para el propio usuario. Portugal va un poco más lento en este ámbito.

En terreno portugués, en cambio, destaca mucho el turismo y la hostelería. Es un sector clave de la economía y hay una inversión muy fuerte en digitalización de reservas, facturación, contratos y procesos. Hay una clara convergencia entre lo físico y lo digital, porque muchos clientes siguen queriendo documentación en papel, pero todo el proceso está muy digitalizado.

También vemos mucha actividad en empresas tecnológicas y de servicios empresariales, sobre todo en hubs en Lisboa y Oporto, donde muchas startups nacen ya con procesos totalmente digitalizados.

Y también en logística avanzada, donde se repiten muchas de las tendencias que vemos en España.

En su relación con los clientes de ambos países, ¿está cambiando la demanda hacia un modelo de partner tecnológico a largo plazo o hay matices importantes?

Nosotros, en Konica Minolta, siempre hemos tenido relaciones de largo plazo con nuestros clientes. No somos una empresa que llega, hace un proyecto y se marcha. 

Buena muestra de ello es que en Portugal, nuestro cliente número uno sigue siéndolo desde los años 80. Y esperamos que lo siga siendo muchos años más. Para una empresa con más de 150 años, y además japonesa, es algo normal. Nuestra dimensión de tiempo es, yo diría, distinta de muchas empresas. Quien trabaja con nosotros, nuestros compañeros y nuestros clientes saben que es así.

Lo que estamos viendo es una evolución clara hacia un modelo donde el partner tecnológico tiene que ser de largo plazo. Porque, si no, los cambios que están afrontando las empresas no son sostenibles.

Nosotros nunca nos hemos posicionado como un proveedor puntual, sino como un socio que acompaña en un proceso continuo de transformación. Y sabemos que esa transformación requiere tiempo, continuidad, persistencia y capacidad de afrontar retos.

Las empresas necesitan saber que el partner no va a desaparecer. Que si mañana hay que hacer una actualización o resolver un problema, nos tienen ahí. Y eso es algo que nosotros garantizamos.

A partir de ahí, hay matices entre España y Portugal. En España, hablamos de proyectos más grandes con todo integrado. Se valora mucho la capacidad de construir una arquitectura digital coherente: impresión, gestión documental, IT gestionado, ciberseguridad… El cliente busca estabilidad, capacidad de despliegue y una visión estratégica a medio y largo plazo.

En Portugal, el tejido empresarial es más de pymes. El modelo de partner también crece, pero se valora mucho la proximidad, la flexibilidad y la capacidad de implementar por fases. Y nosotros nos adaptamos a esa evolución progresiva.

En ambos mercados, el elemento común es la creciente complejidad tecnológica. Lo que los clientes buscan es alguien que sea capaz de integrar todo su ecosistema, garantizar la continuidad operativa, proteger la información y ayudarles a optimizar procesos.

Mirando a los próximos años, ¿qué tendencias marcarán la competitividad de las empresas?

Yo siempre digo que la competitividad no depende solo de cuánto inviertas en tecnología, sino de cómo la integras en tu modelo operativo. La tecnología no puede ser un proyecto aislado, tiene que servir para mejorar la capacidad de la empresa y de las personas. Y en ello veo cinco tendencias principales. La primera es la automatización inteligente de procesos, para eliminar las fricciones. Quien automatiza gana velocidad y reduce costes estructurales, algo clave en pymes con márgenes ajustados.

La segunda es la convergencia físico-digital. Las empresas son personas, y no todas las personas trabajan igual. Hay que ofrecer entornos flexibles: quien necesita papel, que lo tenga; quien quiere todo digital, también. Lo importante es que la información fluya sin barreras entre áreas.

La tercera es la ciberseguridad, que ya es un requisito estructural. En entornos híbridos y conectados, hay que proteger datos, dispositivos y procesos para garantizar la continuidad.

La cuarta es la inteligencia artificial aplicada al negocio real. No como marketing, sino para cosas concretas: mantenimiento predictivo, clasificación documental, detección de cuellos de botella, análisis de datos… La IA ayuda a tomar mejores decisiones, pero siempre con el humano en el centro.

Y la quinta es la simplificación tecnológica. Las empresas van a buscar menos proveedores y más integración. Porque si no, se genera una complejidad que acaba siendo un coste oculto.

Esto ya pasó en el printing, donde había muchas impresoras, muchas marcas, consumibles por todos lados, y nadie sabía el coste real. Con modelos integrados eso se solucionó, y ahora está pasando lo mismo en lo digital.

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