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Santiago, el perfil más homogéneo del Atlas Urbano, sobresale en calidad del aire y reciclaje
La capital gallega lidera algunos indicadores analizados en la cuarta edición del estudio impulsado por Economía Digital Galicia como la recogida selectiva de residuos y la tasa de reciclaje, al tiempo que mantiene niveles de contaminación atmosférica inferiores a la media europea
Santiago de Compostela. Foto de archivo: Agencia EFE
Santiago de Compostela emerge como la ciudad gallega con el desempeño más equilibrado en la cuarta edición del Atlas Urbano de la Sostenibilidad en Galicia 2025. La capital gallega figura entre las mejor posicionadas en ámbitos como la gestión de residuos, la tasa de reciclaje o la calidad del aire, configurando un perfil más homogéneo que el del resto de grandes urbes de la comunidad.
El estudio, impulsado por Economía Digital Galicia, analiza la economía circular de las urbes gallegas desde el enfoque del Monitoring Framework for Circular Economy de la Comisión Europea, que concibe la gestión de las ciudades como el proceso metabólico de un organismo vivo, que importa recursos, los transforma mediante procesos internos y genera emisiones. En esta edición, el Atlas cuenta con el apoyo de organismos y empresas como la Deputación da Coruña, Sogama, Espina, Reganosa, Exlabesa, Iberdrola, Ence y Veolia.
Recogida de residuos
Uno de los puntos en los que Santiago lidera es en la recogida selectiva de residuos. La ciudad recupera 26,6 kilos de envases ligeros por habitante y 26,3 de papel y cartón situándose como la urbe gallega con mayor recogida selectiva de la comunidad. Esta cifra duplica la de Vigo, donde el ciudadano medio aporta apenas 11,7 kilos de envases y 14,8 de papel al circuito. Ferrol, Lugo, Ourense y Pontevedra conforman un grupo intermedio comprendido entre los 13 y los 18 kilos para ambas fracciones. “El ciudadano de Santiago separa, materialmente, el doble de envases ligeros que el de Vigo”.

Según explica el Atlas Urbano, este contraste entre Santiago y Vigo estaría justificado por tres factores. El primero de ellos es la geografía ya que “Santiago es una ciudad compacta, con casco histórico peatonalizado, centralidades funcionales próximas y una densidad poblacional que favorece la proximidad al contenedor”. En el caso de Vigo, su carácter de urbe costera, fragmentada y con orografía abrupta, sumado a un tejido industrial dominante y la dispersión periurbana en parroquias muy autónomas, provocan que «se incrementen los costes asociados a la separación selectiva».
El segundo de los factores estaría relacionado con la propia composición del residuo. Una ciudad universitaria y administrativa, como es el caso de Santiago, con alta densidad de oficinas, hostelería y tejido residencial con mayor propensión a hábitos ambientales consolidados, genera un residuo doméstico cualitativamente distinto al de una ciudad industrial-portuaria con fuerte presencia de población obrera y rotación demográfica baja”.
En último lugar el informe destaca la “cultura cívica”, que en el caso de Santiago acumula dos décadas de campañas municipales sostenidas. “Lo que la brecha indica, antes que cualquier otra cosa, es que el resultado en residuos depende más del diseño del sistema que del volumen del presupuesto”.
En el caso de la fracción vidrio, el patrón es distinto, con valores entre los 14,6 kilos por habitante de Lugo y los 17,8 de A Coruña, Ferrol y Santiago; la dispersión es sensiblemente menor que en el caso del papel y los envases. “Las siete ciudades se mueven en una franja estrecha de tres kilos, frente a los más de catorce que separan las posiciones extremas en envases ligeros”.
Tasa de reciclaje
Además de la cantidad de residuos recogidos, Santiago destaca por la cantidad de ellos que es capaz de valorizar. Así, la tasa de reciclaje de la ciudad es del 21,2%, la mayor de las siete ciudades gallegas; en segundo lugar se sitúa Pontevedra, con un 19,6%.
El grupo formado por Ferrol, Vigo, Lugo y Ourense se concentra en una banda estrecha de entre el 12,6 y el 13,6% mientras que A Coruña “no publica el dato”. “La distancia que separa a las dos primeras del resto (entre seis y nueve puntos porcentuales) responde a una combinación coherente de dotación de infraestructura, recogida selectiva efectiva por fracción y presencia operativa del circuito de biorresiduos”.

A pesar de que Santiago lidera la tasa de reciclaje, la cifra se queda por debajo de “cualquier umbral europeo razonable”. Así, aunque avanza a mayor ritmo dentro de la propia comunidad, “opera por debajo del umbral de madurez circular comparable a sus pares europeos”.
Calidad del aire
Otro de los aspectos que analiza el Atlas Urbano de la Sostenibilidad es la calidad del aire. La contaminación atmosférica se mide con indicadores como el dióxido de nitrógeno (NO₂), dióxido de azufre (SO₂), partículas en suspensión gruesas (PM10) y finas (PM2,5), ozono troposférico (O₃) y monóxido de carbono (CO).
De todos ellos, hay dos especialmente relevantes para la salud pública. El primero de ellos es el dióxido de nitrógeno, que es el gas resultante de la combustión a alta temperatura y permite conocer la cantidad de tráfico que circula por una determinada zona. El segundo es el de las partículas en suspensión finas con un diámetro inferior a 2,5 micras, que pueden llegar a atravesar la barrera alveolar y entrar en el torrente sanguíneo, provocando patologías cardiovasculares, respiratorias y neurológicas.
Santiago, Pontevedra y Ferrol presentan unos valores de PM2,5 por debajo de la media europea (11,5). Especialmente reducido es en Pontevedra, con 5,1 microgramos por metro cúbico de aire (μg/m³), una cifra que la sitúa entre las ciudades de la península ibérica con mejor calidad del aire. En el caso de Santiago y Ferrol, con un 6,6 y un 6,1 respectivamente, “siguen en el mismo patrón, aunque por razones distintas”. Mientras en Ferrol estaría motivado por el declive demográfico y una geografía costera “ventilada”, en Santiago estaría relacionado con la compacidad urbana y el peso del transporte público.
Contaminación acústica, el punto débil
Uno de los contaminantes urbanos cuyos efectos sobre la salud pública han sido más infravalorados es el de la contaminación acústica. La exposición a niveles elevados de ruido urbano, además de alterar el sueño, puede provocar otros efectos en el organismo como el incremento de la presión arterial o el aumento del riesgo de padecer patologías cardiovasculares.
El Atlas Urbano analiza los indicadores de ruido estandarizados por la Directiva Europea 2002/49/CE, norma marco en la que se establece, entre otros, el índice Lden, una medida sintética que pondera los niveles de ruido a lo largo de las 24 horas concediendo mayor peso a los tramos vespertino (+5 decibelios) y nocturno (+10 decibelios).

Santiago se incluye entre las ciudades gallegas que superan los valores normativos anuales establecidos por la legislación vigente para zonas residenciales urbanas. “La superación de esos niveles obliga, según la legislación española, a elaborar planes de acción específicos y a realizar la zonificación acústica detallada, instrumentos cuya ejecución ha sido desigual entre las ciudades”.
La urbe que registra el peor dato es Vigo, con 70 decibelios, “que en la gradación europea se considera ya ruido alto y asociada a incremento significativo del riesgo cardiovascular según las guías de la OMS”.