La España de Pedro Sánchez (I)
Ningún país se mimetiza en su gobierno porque, en democracia, ningún presidente determina todo lo que ocurre en él. España es, además, un país ampliamente descentralizado, en el que comunidades, diputaciones y ayuntamientos ejercen competencias decisivas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participa en un acto electoral, en el Complejo Cultural San Francisco, a 14 de diciembre de 2025, en Cáceres, Extremadura (España). Carlos Criado / Europa Press
En Lengua Española nos enseñaron que una sinécdoque consiste en tomar la parte por el todo. Tal vez lo recuerde usted, que lee estas primeras líneas de un artículo que presento en tres entregas.
El título, “La España de Pedro Sánchez”, es una sinécdoque porque ningún país se mimetiza en su gobierno y porque, en democracia, ningún presidente determina todo lo que ocurre en él. España es, además, un país ampliamente descentralizado, en el que comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos ejercen competencias decisivas sobre numerosos aspectos de nuestra vida cotidiana. Hablar de la España de Pedro Sánchez resulta cómodo y comprensible, pero implica identificar a una parte —el poder central— con un todo mucho más complejo.
Responsabilidad compartida
En España, el éxito y el fracaso suelen atribuirse con facilidad a quien interese en cada caso, sin considerar que la evolución de una variable es normalmente consecuencia de un entorno diverso, así como de las políticas y decisiones de las distintas administraciones y los propios agentes sociales. Si se desea evaluar con seriedad la marcha del país, habrá que distinguir en primer lugar qué corresponde a cada nivel de gobierno y, después, reconocer tanto los méritos como las responsabilidades allí donde realmente se producen.
Son las autonomías las que ordenan el territorio y promueven la construcción de viviendas o la rehabilitación y movilización de los edificios desocupados; y son los municipios los que determinan la disponibilidad del suelo
España se organiza en tres grandes niveles de administración: Estado, comunidades autónomas y entidades locales. El reparto de competencias no siempre es exclusivo, pero sí permite identificar dónde recae el peso principal de muchas políticas públicas. Al Estado le corresponden la política económica general, la fiscalidad estatal, las pensiones, la legislación laboral, la defensa, las relaciones exteriores o la inmigración. Por su parte, las autonomías gestionan el grueso de los servicios públicos esenciales: sanidad, educación, servicios sociales, vivienda o infraestructuras territoriales. Los ayuntamientos juegan un papel más acotado aunque trascendente en áreas como el urbanismo, la movilidad y la gestión del espacio público.
La vivienda supone un ejemplo elocuente de esta distribución de competencias. El debate público tiende a presentar su evolución como responsabilidad del Gobierno central, cuando buena parte de las facultades decisivas corresponden a las comunidades autónomas y, en materia urbanística, también a los ayuntamientos. Son las autonomías las que ordenan el territorio y promueven la construcción de viviendas o la rehabilitación y movilización de los edificios desocupados; y son los municipios los que determinan la disponibilidad del suelo. El Estado conserva, por su parte, resortes regulatorios, fiscales y financieros de indudable impacto. El resultado final, por tanto, depende de un engranaje multinivel y no debería explicarse señalando a un solo actor.
La actuación del Gobierno central
Aclarado lo anterior, sí existe un conjunto amplio de decisiones que corresponde atribuir directamente a los gobiernos presididos por Pedro Sánchez. Desde 2018, el Ejecutivo central ha desarrollado una política económica y social inclinada a reforzar las rentas del trabajo, ampliar la protección pública y reducir algunas de las desigualdades existentes. Uno de sus ejemplos más nítidos es el salario mínimo interprofesional. Cuando Sánchez llegó a la presidencia, en 2018, se situaba en 735,90 euros mensuales en catorce pagas; en 2026 alcanza los 1.221 euros, un incremento cercano al 66%. A ello se sumó la reforma laboral aprobada a finales de 2021 que modificó la contratación temporal, reforzó el contrato indefinido y recuperó determinados instrumentos de negociación colectiva. Son dos decisiones de calado sobre uno de los terrenos que corresponden inequívocamente al Estado: la legislación laboral.
Durante la pandemia, los ERTE permitieron suspender temporalmente millones de contratos y evitar así los despidos masivos
También pertenece al ámbito estatal la política de protección de rentas. Durante la pandemia, los ERTE permitieron suspender temporalmente millones de contratos y evitar así los despidos masivos. Además, se consolidó el Ingreso Mínimo Vital como prestación permanente para hogares con ingresos insuficientes. En materia de pensiones, se recuperó además su revalorización vinculada al IPC y se estableció una senda de mejora de las pensiones mínimas. En fiscalidad, los gobiernos de Sánchez han introducido algunos incrementos de tributación sobre patrimonios elevados y gravámenes específicos sobre determinados sectores.
La misma orientación puede apreciarse en otras políticas sociales. Se recuperó en 2018 el acceso al Sistema Nacional de Salud de personas extranjeras que habían quedado excluidas de la cobertura ordinaria; se amplió la exención del copago farmacéutico para colectivos vulnerables; se igualaron y ampliaron los permisos por nacimiento y cuidado de hijos; se aprobó la Ley de Protección Integral a la Infancia frente a la Violencia y se impulsó la creación de plazas públicas de educación infantil de cero a tres años. También se aprobaron la ley de eutanasia y la ley sobre derechos de personas trans y LGTBI.
En vivienda, aun siendo una competencia en buena medida autonómica como acabamos de señalar, el Gobierno central aprobó la Ley de Vivienda de 2023 y la regulación de los alquileres en las zonas tensionadas. Y en otros ámbitos adoptó medidas de impacto directo sobre la economía familiar, desde las sucesivas ampliaciones del bono social eléctrico, las subvenciones al transporte público y la eliminación de determinados peajes tras vencer la concesión de autopistas.
En política exterior debe reseñarse el reconocimiento del Estado palestino y la posición particularmente crítica mantenida frente a los continuos ataques de Israel en Gaza durante los últimos años. Ante las presiones de la Administración Trump, el Gobierno ha defendido su autonomía, tanto en política internacional como en materia de defensa. En términos más generales, España ha tratado de mantener una voz propia frente al giro político y económico que se ha extendido en buena parte del planeta y que cuestiona los pilares de la cooperación internacional de las décadas anteriores.
Esta enumeración de medidas no demuestra por sí sola que España esté mejor o peor que antes de la llegada de Pedro Sánchez al gobierno. Para realizar una valoración justa, haremos lo que debe hacerse si queremos hablar sin partidismos ni prejuicios: acudir a datos contrastados. En la siguiente entrega veremos las principales cifras macroeconómicas, que nos clarificarán la evolución del país en su conjunto, y en la tercera y última, analizaremos los indicadores más significativos sobre el efecto de las políticas de estos años en los ciudadanos.
Dentro de unos días, veremos lo que nos dicen esos datos.