España, un ejemplo de salud democrática

España es un estado con normalidad democrática plena, donde conviven posiciones políticas bien diferentes y donde necesitamos de menos vómitos populistas y más propuestas útiles

España, un ejemplo de salud democrática

Sin perder de vista lo que hacen las democracias más avanzadas, España puede mirarse hoy en el espejo de su propia experiencia después de más de cuatro décadas de democracia para concluir que estamos viviendo la mejor etapa de nuestra historia.

A las once de la mañana del domingo 14 de febrero las 8.247 mesas electorales estaban, todas, constituidas y funcionando con normalidad plena en Cataluña, si se puede llamar normalidad a todo lo que sucede en un mundo marcado por la pandemia más brutal del último siglo.

«Más allá del clima generado por uno de los candidatos, en EEUU hubo que esperar 21 días para conocer el resultado de las elecciones»

Más de cinco millones y medio de catalanes estaban llamados a escoger a sus representantes. Ni las tensiones inherentes a la situación política de Cataluña, ni los condicionantes derivados del coronavirus pudieron empañar un hecho esencial: a media noche, con absoluta normalidad, el escrutinio estaba finalizado y los resultados eran públicos, resultados no cuestionados y asumidos con naturalidad por todos los partidos que participaron en el proceso, los que ganaron y también los que perdieron.

España, un ejemplo de salud democrática
Asalto al Capitolio de EEUU por parte de manifestantes favorables a Donald Trump

El pasado 3 de noviembre los ciudadanos de los Estados Unidos acudían a votar. Más allá del clima generado por uno de los candidatos y de las tensiones vividas durante esa jornada, hubo que esperar hasta el 7 de noviembre para conocer los resultados, sin que el escrutinio definitivo hubiese finalizado hasta el 24, 21 días después de las elecciones.

Lo que sucedió durante esas semanas en la que se tiene como la democracia más avanzada del planeta es de todos conocido, con el asalto al Capitolio como punto culminante de una política errática y que encontró en el enfrentamiento la herramienta perfecta para apuntalar a una persona por encima de cualquier otra consideración. Dos procesos electorales, dos formas de resolverlos.

«Espero que se reforme la ley mordaza que ya fue recurrida en el Tribunal Constitucional por el PSOE»

No hay discusión sobre cuál de los dos tiene que servir como ejemplo. Estoy orgulloso de este país, orgulloso de sus ciudadanos y orgulloso de que España disfrute de una democracia plena que demuestra, incluso en momentos difíciles como los actuales, que los cimientos son firmes. Creo que eso no debe impedirnos dar un paso adelante para reforzar la calidad democrática de nuestro sistema. Veo como mínimo necesario la reforma de la justicia, una nueva ley electoral, la reestructuración de la administración pública y una mejora en los procesos de rendición de cuentas. También espero que se reforme la ley de seguridad ciudadana, la conocida como “ley mordaza” y que ya fue recurrida en el Tribunal Constitucional por el PSOE en mayo de 2015.

Soy partidario de que las reformas estructurales de nuestro sistema se hagan con el mayor consenso social posible, huyendo de posiciones extremas y con una visión a medio y largo plazo como se hizo hace 43 años cuando se elaboró la Constitución. España es un estado con normalidad democrática plena, donde conviven posiciones políticas bien diferentes y donde necesitamos de menos vómitos populistas y más propuestas útiles. La política tiene que servir para traer paz y avances sociales, no miedo ni confrontación estéril.