La sostenibilidad como estado de ánimo

La sostenibilidad se ha convertido actualmente en una palanca de crecimiento y de relación de las empresas con la sociedad y su entorno

A este paso vamos a ser los más sostenibles del cementerio. No es un chiste. Tampoco un comentario desafortunado de quien habla antes que piensa. La  advertencia, muy seria y pronunciada en público con cierta solemnidad, corre a cargo del presidente de una de las grandes navieras españolas. Y su lamento, al igual que se recoge en algunos despachos como un guante de esperanza lanzado para hacer piña frente a determinados reguladores, tiende al naufragio si se proyecta sobre buena parte de la sociedad actual. Es cierto que el negocio de esta naviera y su presidente, visto con perspectiva, presenta en estos momentos más amenazas que oportunidades a corto plazo, empezando por las incógnitas sobre los combustibles alternativos y su aplicación. Pero no lo es menos que la sostenibilidad se ha convertido actualmente en una palanca de crecimiento y de relación de las empresas con la sociedad y su entorno. Es todo un ecosistema, realidad poliédrica a la vez, con su juego de equilibrios.

Una simple pregunta, que encierra toda una filosofía empresarial, rebate y ayuda a enterrar la metáfora del cementerio del naviero. ¿Por qué las empresas más rentables y competitivas resultan al final ser las más sostenibles en la mayoría de los casos? Sin duda que esto va por sectores, de ahí que la descarbonización en el transporte marítimo genere una más que lógica zozobra, pero los vientos soplan más fuerte a favor de la sostenibilidad bien entendida, en su sentido amplio. Y ahí entran los criterios ESG.

Otra clara demostración de todo esto la tenemos muy cerca, en el Atlas Gallego de la Empresa Comprometida de Economía Digital Galicia, que ya va por su sexta edición. Tiempo tendrá el lector de comprobarlo en las páginas que siguen a continuación, pero si algo queda claro en ellas es que se puede ser rentable, competitivo y sostenible a la vez. Lo demuestran muchas de las empresas que desfilan por este análisis, pionero en Galicia y exportado a otras latitudes autonómicas, como Euskadi o Andalucía, con sus realidades propias.

El esfuerzo del equipo nucleado en torno a Economía Digital Galicia y los patrocinadores que nos acompañan en esta aventura tiene recompensa en forma de continuidad a lo largo de los años y permite trazar una radiografía tipo, con sólidas fortalezas pero también evidentes debilidades, si se repasan todos los aspectos que se abordan en el Atlas, ya sea el buen gobierno, el medio ambiente, el entorno y las personas, las cuatro grandes patas sobre las que descansa. Y es que, con sus excepciones y saltos temporales, la tendencia en torno al cumplimiento de gran parte de los criterios ESG marca una línea ascendente con mucha nitidez entre las empresas gallegas, al igual que algunas inobservancias que se consolidan. Veamos algunos ejemplos. 

En líneas generales, entre los ochenta grupos analizados en el atlas crece el compromiso ESG. La metodología empleada, una herramienta objetiva y rigurosa cuyo desarrollo se incorpora a estas páginas, detecta un notable cumplimiento en casi todo aquello que tiene que ver con el buen gobierno, por ejemplo, con carencias en ámbitos como la transparencia o los ODS de Naciones Unidas. Si analizamos el medio ambiente comprobamos que la huella de carbono se reduce de forma sustancial, pero falta un mayor recurso a las energías renovables. El efecto sede y el valor en el territorio se llevan buena parte del análisis en la categoría de entorno, mientras que si nos detenemos en las personas constatamos un claro déficit en la paridad de los comités de dirección y en los consejos de administración, que va a más. Son algunas pinceladas, una muestra de lo que tiene el lector en sus manos.

Como dice el catedrático Fernando González Laxe, la economía también es un estado de ánimo y en función de ello se toman determinadas decisiones. Y por muy volátil e incierto que sea el escenario actual, por muchos riesgos y amenazas que veamos en el horizonte, si aplicamos la fórmula del expresidente gallego a la sostenibilidad, la gran conclusión a la que llegamos, a la vista de los resultados de la sexta edición del Atlas Gallego de la Empresa Comprometida, es un estado de ánimo que nunca acabará en el cementerio.

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Julián, Rodríguez Moscoso, director de Economía Digital Galicia

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