La violencia nunca es el camino

No se puede amparar el vandalismo y la violencia, y mucho menos desde posiciones de Gobierno, como han hecho dirigentes de Unidas Podemos

La violencia nunca es el camino

Ningún derecho, por muy relevante que sea, se puede defender con violencia y la libertad de expresión no es una excepción. En una democracia plena como la nuestra, las herramientas del Estado de Derecho, con la Constitución a la cabeza, velan y amparan los derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Por este motivo, la violencia no es admisible. 

Es legítimo que dentro de un gobierno de coalición haya diferentes posiciones, pero es inadmisible amparar los disturbios en las calles

No se puede confundir el debate sobre la libertad de expresión con defender a un  energúmeno como Hasél. No se puede amparar el vandalismo y la violencia, y mucho menos desde posiciones de Gobierno, como han hecho destacados dirigentes de Unidas Podemos en los pasados días.

Es legítimo que dentro de un gobierno de coalición haya diferentes posiciones, lo que es inadmisible es el amparo a la violencia, a la intimidación de periodistas y medios de comunicación o a los disturbios en las calles con el pretexto de defender a un individuo que en ningún caso puede ser el paradigma de la libertad de expresión.

La violencia nunca es el camino
Los Mossos detienen a Pablo Hasél en Lleida / EFE

No es cierto que lo condenen a cárcel por unas coplas como algunos intentaron explicar, ni por tuitear ni por cantar. Lo condenan por calumnias, injurias, enaltecimiento del terrorismo y por tener antecedentes penales, siendo reincidente, primero agrediendo a un periodista y después a una testigo en un juicio.

El debate en nuestra democracia no puede ser libertad de expresión sí o no, ya que este derecho está plenamente garantizado. En esta situación concreta, el debate puede radicar en si la dimensión de las penas, por las injurias cometidas, es o no proporcionada. En todo caso, la violencia no puede ser nunca el camino para exponer esta discusión ni para defender ninguna reivindicación, ninguna causa.

En democracia se puede plantear cualquier avance en la legislación, pero con dos condiciones irrenunciables: la primera, que la mayoría de la sociedad lo avale y la segunda, que se efectúe sin violencia.

Escraches, ni a Soraya Sáenz de Santamaría ni a Pablo Iglesias

Estoy seguro de que la inmensa mayoría de la sociedad condena los actos violentos producidos en los últimos días, que no se pueden aceptar de ninguna manera. Y mucho menos puede existir hacia ellos connivencia de formaciones políticas cuyos miembros ocupan, en estos momentos, cargos con responsabilidades públicas. Al asumir formar parte de un Gobierno, las actitudes y declaraciones dejan de ser individuales para representar a todo el Ejecutivo y a todos los ciudadanos. Por tanto, con independencia de las opiniones personales de cada uno, se debe actuar y responder conforme al cargo que se representa y es inadmisible apoyar o alentar actitudes violentas.

Ningún partido político puede tratar de defender en nuestra democracia que la violencia de unos está más justificada que la de otros. Ni los escraches a Soraya Sáenz de Santamaría en 2013 ni los escraches a Pablo Manuel Iglesias Turrión en 2019 se pueden justificar, las varas de medir no pueden ser diferentes dependiendo del color político, la violencia nunca puede justificarse venga de quien venga ni sea cual sea su finalidad.