Pandemia: pensando en el futuro

Si a la investigación farmacéutica se le debe una buena parte del éxito de los tratamientos médicos, no es menos cierto que su comercialización especulativa es una de las mayores vergüenzas que padecemos

Pandemia: pensando en el futuro

Cuando hablamos de salud hemos de tener en cuenta que la necesidad de la misma es muy parecida para todos los habitantes del planeta, pero la demanda de servicios sanitarios varía y aumenta según el desarrollo y riqueza de un país. En el contexto de los sistemas sanitarios desarrollados, uno de los elementos clave de crecimiento presupuestario permanente ha sido el inflacionista precio de los medicamentos, cuyo control “de facto”, no teórico, nunca ha sido eficaz por parte de los gobiernos de los países desarrollados y, sobre todo, de aquellos que son grandes productores de los mismos. Si bien a la investigación farmacéutica se le debe una buena parte del éxito de los tratamientos médicos, no es menos cierto que su comercialización especulativa es una de las mayores vergüenzas que padecemos desde finales del siglo pasado, del mismo modo que se han olvidado de las regiones donde habitan los seres humanos más empobrecidos y vulnerables. Pero, eso sí, la industria farmacéutica, junto con la armamentística, la banca y otras ilegales, lidera los mayores mercados mundiales.

Cuando empezó a descubrirse el sida en África, los países desarrollados miraron para otro lado

Cuando empezó a descubrirse el sida en la subdesarrollada África, a comienzos de los años sesenta del pasado siglo, los países desarrollados miraron para otro lado y no le dieron el valor que iba a tener, hasta que veinte años después empezaron a padecer en sus propias carnes la enfermedad. Aceleradamente comenzaron las exitosas investigaciones farmacéuticas que años después han transformado esta enfermedad, en principio mortal, en un padecimiento crónico. Pero si eso es así, en el llamado mundo “civilizado”, también sabemos que la situación sigue siendo caótica en otras latitudes, donde, junto a otras enfermedades erradicadas en el mundo occidental, causan más de diez millones de muertes en el resto por falta de acceso a los medicamentos básicos.

Muy alejados de esa miseria económica, en nuestro entorno desarrollado hasta el día de hoy hemos vivido tranquilos y siempre hemos tenido a nuestro alcance los medicamentos necesarios, más avanzados e incluso bastantes que son superfluos, pero que las campañas publicitarias invitan a su consumo. Cuando su financiación se fue convirtiendo en excesivamente onerosa para los sistemas de salud, como mucho se han aplicado algunas medidas de copago y/o listas de medicamentos que no cubren los sistemas sanitarios públicos, pero nunca los Estados han abordado con profundidad y determinación el tema de las patentes, licencias exclusivas y controles a esta industria, incluso cuando han operado con ayudas públicas, como es el caso de las vacunas en la actual pandemia.   

Todos los expertos independientes consideran que la Agencia Europea del Medicamento ha sido más rigurosa que la FDA americana o la agencia inglesa

Con todos estos mimbres, de la “noche a la mañana” nos vemos inmersos en una pandemia que engloba a todo el planeta y a la que no era posible responder de modo inmediato, pero que sin duda ha sido razonablemente rápido. La UE y otros países pusieron encima de la mesa miles de millones de euros, libras o dólares, para investigar y desarrollar las vacunas actuales, pero a pesar de esas ayudas, la industria farmacéutica ha seguido una política de inmoral aprovechamiento, desigual reparto, obligando a que no se conocieran las condiciones de algunas cláusulas de sus contratos y haciendo una especie de subastas encubiertas, favoreciendo a los Estados de quienes dependen o pagan mejores precios. Por encima de lo que puedan decir los más demagogos o críticos, a España nos ha salvado de una hecatombe el hecho de estar integrados en la UE y que haya sido esta la que ha negociado en nombre de muchos y haya coordinado acciones de compra, del mismo modo que la seriedad que ha demostrado la Agencia Europea del Medicamento, a la que todos los expertos independientes consideran que ha sido más rigurosa científicamente y en exigencias que las demostradas por la FDA americana y la agencia inglesa.

Como todos los países de nuestro entorno, antes o después, vamos a ir resolviendo el problema de las vacunas y a medio plazo los países más desarrollados alcanzarán un grado de inmunización o defensa ante el este virus, que disminuirá la morbilidad y mortalidad por el mismo. Tal vez esta pandemia despierte las conciencias y sirva para comenzar a abordar en profundidad, con rigor y seriedad el problema de la industria farmacéutica, ya que en este momento los países están pasando una prueba de fuego, que incluso ha suscitado reacciones encolerizadas de miembros de instituciones europeas. Teniendo en cuenta todas esas posibles acciones, por bien que se hagan, nuestros gobernantes cometerán un error si solo se limitan a poner al alcance de todos las vacunas y aportar mayor tranquilidad a los ciudadanos.

El escenario pandémico actual es muy diferente y mucho más complejo de todos los que hemos vivido hasta ahora, porque la vía de contagio es tan intangible e imprecisa como lo es el aire que respiramos; es decir, que se parece más a una endemia de gripe común estacional, a la que damos una importancia relativa, pero con consecuencias mucho peores, en cuanto a morbilidad y mortalidad. A día de hoy desconocemos cuánto tiempo pueden protegernos las vacunas, si serán precisas otras dosis de recuerdo o incluso auténticas vacunas que puedan desarrollarse y que sean más eficaces, pero hay algo que sí sabemos, y es que millones de personas que componen la mayor parte de la inmigración ilegal, entrarán infectados en nuestros países y podrán reproducir ciclos infecciosos o aportar variantes desconocidas, para las que no estamos inmunizados, dado que proceden de regiones del mundo que no son un ejemplo válido en medidas preventivas y menos en vacunaciones masivas.

Es imperativo que todos los estados tomen medidas conjuntas respecto a las multinacionales farmacéuticas y ofrezcan ayuda a los gobiernos de países pobres

Sin pretender profetizar y menos catastróficamente, considero absurdo pensar que una situación semejante, después de alcanzar la inmunización global de cada país, pueda considerarse que el problema está resuelto de cara al futuro. Tampoco creo que tuviese éxito acompañarlo con políticas, drásticas o represivas, sobre la inmigración ilegal para resolver un problema que ya es de hoy y no del mañana. Por primera vez en la historia de la humanidad, por solidaridad, sensibilidad social o simple y egoístamente por nuestra protección, debemos de tomar unas medidas no que pretendan paliar momentáneamente el problema, sino que busquen el modo de resolverlo, dado que esta situación o similares pueden volver a repetirse.

En este sentido es imperativo que todos los países que estén en primera o última línea de recepción de inmigrantes tomen una serie de medidas conjuntas tanto por lo que respecta a las multinacionales farmacéuticas como a los receptores de los países pobres; producción y precios de vacunas y ofertas de ayuda a los gobiernos de países pobres, todo ello bajo el control de expertos internacionales independientes, que eviten tentaciones a algunos gobiernos corruptos de esos países. Además, a nivel interno de en nuestros estados, se han de llevar a cabo una serie de acciones coordinadas entre todos en cuanto a medidas sociales de control y prevención de la enfermedad, en sus habitantes y con los presentes y futuros inmigrantes, de cualquier condición. Acciones menos ambiciosas y contundentes pueden cronificar el problema durante años, lo que supondría una considerable alteración económica, de hábitos, costumbres y tipos de convivencia en los ciudadanos de los países, que sin duda se reflejaría en graves descontentos y problemas sociales.