Elisa Ferreira, excomisaria europea: “La política de cohesión debe protegerse o Europa corre el riesgo de separarse”
La economista portuguesa, comisaria europea de Cohesión y Reformas hasta 2025, muestra su preocupación por el futuro de la política de cohesión en un contexto de rearme, elogia a Amancio Ortega y sitúa como gran reto de Galicia y el norte de Portugal retener el talento joven
Elisa Ferreira, hasta hace nada comisaria europea de Cohesión y Reformas, acudió esta semana a Santiago, donde participó en el foro Adam Smith e Nós, organizado por la Fundación Juana de Vega. No se siente extraña la economista de Oporto y ex vicegobernadora del Banco de Portugal en tierras gallegas, donde rememora el acuerdo para dar forma a la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal y reivindica la urgencia de retener a los jóvenes formados para no perder «el motor del desarrollo». Tras una ponencia en la Facultad de Económicas de la USC sobre el impulso de la Unión Europea al crecimiento regional, Ferreira conversa con Economía Digital Galicia sobre el futuro de la Eurorregión y de las políticas europeas de cohesión en un contexto de tensión geopolítica y rearme. Asegura que la UE presenta a los ciudadanos la «materialización de una utopía» que choca con otros modelos «antidemocráticos» como los que representan Rusia y la actual administración estadounidense.
– La conexión de Alta Velocidad entre Lisboa y A Coruña parece abrir una gran oportunidad para la Eurorregión. ¿Vamos camino de ser un territorio que necesita fondos de cohesión a otro que pueda ser verdaderamente competitivo a nivel europeo?
Dar consistencia a la región que va desde A Coruña hasta Lisboa es fundamental. Es necesario tener un acceso rápido, sea alta velocidad o no, que conecte Vigo y Oporto. Las cuestiones que se plantean es si puede llevar mercancías y pasajeros, que en mi opinión tiene más sentido que sean las dos cosas con este volumen de inversión, y la necesidad de que haya intermodalidad, es decir, que el tren haga el enlace con los aeropuertos y los puertos. Vamos a ver si terminamos cuando más pronto mejor. La segunda cuestión es diferente. Hay la intención de no recibir fondos estructurales para siempre y conseguir que nuestro desarrollo sea autosostenible. Ahora bien, pasar de la situación que vivimos durante bastantes años a una situación de pérdida de fondos sería dramático. Es preciso ajustar esos fondos al desarrollo de la región. Desgraciadamente aún estamos con retrasos, más en la región norte que en Galicia, que lo hizo mejor. Incluso así, vamos a necesitar de un poco más de ayuda. Lo importante es que la ayuda se concentre en los sectores que generan valor, además de en las infraestructuras que deben terminarse. El foco debe estar en la creación de proyectos con valor añadido, vinculados a la ciencia, la tecnología, o la educación, y en crear empleos mejor pagados para retener a los jóvenes cualificados en nuestras regiones.
– ¿Le preocupa que no podamos retener el talento?
Es lo más importante de todo. Si una región pierde a sus jóvenes más competentes pierde el motor de su desarrollo. Es un asunto que tiene que estar en el centro de nuestra agenda y requiere de políticas convergentes. En este momento, en el que la vivienda está tan exageradamente cara y el empleo puede vivir fuera de los grandes centros urbanos por la digitalización, las ciudades medias pueden ofrecer ese espacio. Necesitamos encontrar ofertas de localización para empresas y jóvenes cualificados que quieran crear sus familias en seguridad, con calidad de vida, y reequilibrar la concentración excesiva en el litoral y en las grandes ciudades.

– Usted habló de conectar a través del tren puertos y aeropuertos. ¿Es deseable una estrategia común y coordinada de estas infraestructuras en Galicia y el norte de Portugal?
Europa está siempre alargándose hacia el este porque hacia el oeste está el mar. Por eso, el centro geográfico y económico tiende a dislocarse hacia el este. Esto tiene que estar en nuestro pensamiento. Como se dice en el Parlamento europeo, hay temas en los que podemos converger y temas en los que podemos divergir. Tenemos que seleccionar aquellos que son estratégicos para converger. Esto sucedió en 1985 cuando comenzamos las negociaciones entre la región norte y Galicia y percibimos que juntos teníamos una voz más fuerte. Pero para eso tenemos que saber a donde queremos ir. Hay un problema en un segundo nivel y es que Galicia tiene autonomía y la región norte, no. Entones hay que convencer a la capital de que es bueno para el país que la región norte se desarrolle de manera estratégica. Y, por otro lado, hay que conocer las potencialidades de los territorios para que todos los países puedan hacer su contribución al crecimiento, pues si está centrado en un solo polo, será un crecimiento frágil.
–En Galicia y el norte de Portugal hay grandes empresas y una relación estrecha tanto a nivel laboral como en la actividad productiva. Pero es posible que todavía quede camino por recorrer o que hagan falta más empresas tractoras. Estoy pensando, por ejemplo, que Inditex es la mayor empresa gallega, pero su presencia, como tampoco la de Textil Lonia, Bimba y Lola y otras, no evita que haya crisis periódicas y pérdida de empleo en el textil del norte de Portugal.
En la región norte estamos muy agradecidos a Amancio Ortega y a su hija porque el poder de Inditex no es ciego a las necesidades sociales. Nos dieron un apoyo muy grande para el desarrollo científico y la innovación en el Instituto Portugués de Oncología en Oporto (hace referencia a la donación de la Fundación Amancio Ortega para la implantación de la protonterapia). Nosotros percibimos en el inicio de nuestra cooperación con Galicia que tenía una industria un tanto pesada. Mirar a la región norte facilitó la transición. Allí había muchas pequeñas y medianas empresas textiles y aún ahora hay mucha subcontratación en la región norte, y desde este territorio también se compra e invierte en Galicia. Es cierto que en esta situación actual de mercado, la economía tiene altos y bajos. Un sector que hoy es pujante, mañana tiene una crisis. Pero lo importante es que el territorio y su población estén preparados para tener resiliencia y salir de la crisis. A nivel institucional, y en términos de empresa, no podemos proteger todo, pero tenemos que encontrar los mecanismos que permiten que cuando una empresa se va abajo haya una recualificación de las personas, para que tengan otros empleos en otras industrias y empresas. Cuanto más preparadas estén las personas, más sencillo será encontrar esas salidas.
– ¿Se está aprovechando bien el Plan de Recuperación?
No fui responsable de gestionar el Plan de Recuperación, por lo que no quiero tampoco hacer valoraciones. Sí que puedo decir que el Plan de Recuperación y Resiliencia no puede ser la imagen de la futura política de cohesión. Es peligroso que los fondos de desarrollo regional se banalicen, que no estén asociados a una estrategia de desarrollo efectiva. Eso puede provocar un insuficiente desarrollo económico a causa de que se haya perdido, en gran medida, la visión estratégica de hacia dónde tenemos que crecer para salir de producciones de bajo valor añadido a sectores con el valor añadido que queremos. Entiendo que el problema central no es la falta de dinero, la discusión financiera, sino que la cuestión central es pensar qué hacer con esos fondos y cuál es el valor añadido de aquello cofinanciado por la UE. Si se utiliza dinero de Bruselas, tenemos que pensar a dónde va ese dinero, porque vamos a ser responsables de él cuando si en el futuro no hay fondos suficientes y los retos no se han materializado, especialmente en un contexto en el que estamos afrontando grandes riesgo a nivel de decrecimiento, pérdida de capital humano, clima, defensa o inestabilidad geoestratégica.
– Las matemáticas dicen que el acuerdo para destinar más recursos a la defensa puede detraer fondos de políticas de cohesión y desarrollo. Y esto, a su vez, podría provocar también un alejamiento de las políticas europeas de problemáticas que, a priori, son más tangibles para la ciudadanía, como el empleo, la vivienda o las propias infraestructuras.
Creo que la política de cohesión no puede dejar de estar en el centro de la agenda europea en la medida en la que el consumo interno está en el centro de la estrategia europea. Enrico Letta, cuando hace su informe, dice que es necesario reactivar el mercado interno europeo, pero que también es preciso garantizar el derecho de partir y el derecho de quedarse. Esto significa tener oportunidades de vida en el lugar donde están. Entonces, yo apelo a la política de cohesión.
Aquello que fue presentado por la presidenta de la Comisión Europea en junio, vale la pena que los periodistas lo leáis con mucho cuidado (se refiere a la propuesta de Ursula von der Leyen de fusionar parte de los fondos de cohesión y agricultura en un nuevo Fondo Europeo de Competitividad para el periodo 2028-2034). En esa propuesta se está anticipando que Faeder, Fondo Social Europeo, fondo de cohesión… se junten todos y pasen a ser un fondo para la competitividad y con su gestión recentrada en Bruselas y en los gobiernos centrales de los países. El riesgo de perder el modelo de desarrollo de abajo arriba para las comunidades y regiones es muy grande. La política de cohesión se clasifica como el pegamento que mantiene Europa unida. El salto que dieron los países adheridos después del año 2000 con estas políticas fue brutal, pasaron de un PIB per cápita medio del 50% de la media de la UE, y ahora están en el 80% del PIB per cápita medio. Por tanto, esto abre oportunidades de negocio y mercados. En este momento, y este es el asunto central a seguir, ya hay una agenda para la política de defensa con otra línea de financiación, pero no hay duda de que el presupuesto europeo está sujeto a tensiones mayores que en el pasado. Pero la política de cohesión tiene que ser protegida porque, de lo contrario, Europa puede separarse.

– Cómo se explica que crezcan las fuerzas más ‘euroescépticas’ después de todos los fondos movilizados para combatir el Covid y activar un Plan de Recuperación destinado a proteger la economía y a los propios ciudadanos
Hay muchas razones para el crecimiento de las fuerzas antieuropeas y antidemocráticas. Una de ellas es que no se percibe la seguridad que otorga la pertenencia a la UE. Recuerdo que en la crisis del Covid, los políticos, periodistas y ciudadanos miraban para Europa, que no tenía competencias y decían: ‘maldición, Europa, no haces nada’. Yo era comisaria y con mis colegas y con Úrsula von der Leyen pensamos que, aunque no teníamos competencias, teníamos que avanzar. Identificamos quién tenía la solución técnica, es decir, la vacuna; fuimos a buscar dinero para producir esas vacunas, y todos los países de la UE, los grandes y los pequeños, recibieron la vacuna al mismo tiempo. Creo que Europa es un proyecto que preocupa a los dictadores porque presenta a los ciudadanos la materialización de una utopía, una utopía de libertad, de respeto por los otros y de progreso económico. Estos valores europeos, son identificados por fuerzas exteriores, principalmente Rusia y la actual administración estadounidense, como un riesgo para sus propios modelos de sociedad, que son antidemocráticos y totalitarios.