Las medidas de ahorro de energía del Gobierno

Deberíamos ser más ambiciosos y solidarios y, en la reducción voluntaria del consumo energético, ir al 15% al igual que en el resto de Europa, adaptando y ampliando las medidas establecidas

Imagen de archivo de una bombilla. Foto: Anthony Indraus

Qué mala coincidencia, en un mes de agosto con temperaturas elevadas y, con un calor sofocante, el gobierno establece que hay que limitar la temperatura a 27°C, con excepciones a 25 °C en los comercios, bares, restaurantes, oficinas, etc.

Consecuentemente, la oposición en bloque, y los distintos gremios afectados, han cuestionado estas medidas, por incoherentes, no negociadas, no consensuadas, ocurrentes y un largo etcétera.

Evidentemente fueron unas medidas no consensuadas con los gremios afectados y, además, bastante mal diseñadas, de ahí las explicaciones y consideraciones que hubo que hacer posteriormente. Además, dada la diversidad climática y económica, por ejemplo, en el aspecto turístico, de España, posiblemente deberían haberse adoptado a nivel autonómico.

Por todo ello, creo oportuno intentar indagar en las causas que llevaron a esta decisión y lo que se puede o debe hacer. En primer lugar, no es una decisión unilateral Del Gobierno de España, sino que viene dada por un reglamento aprobado por el Parlamento Europeo el día 5 de agosto.

En concreto: “Reglamento (UE) 2022/1369 del Consejo de 5 de agosto de 2022 sobre medidas coordinadas para la reducción de la demanda de gas”.

La razón de esta adopción es variada pero quizás el Considerando (5) del propio reglamento la concrete suficientemente: “sin embargo, la reciente escalada de las perturbaciones del suministro de gas procedente de Rusia apunta a un riesgo importante de que en un futuro próximo este cese totalmente de manera brusca y unilateral. Por tanto, La Unión debe anticiparse a este riesgo y prepararse, conforme al espíritu de solidaridad, a la posibilidad de que en cualquier momento se detenga completamente el suministro de gas procedente de Rusia. con el fin de anticiparse a nuevas interrupciones y reforzar la resiliencia de la Unión ante futuras perturbaciones, es necesario actuar de manera proactiva e inmediata. una acción coordinada a escala de la Unión puede evitar daños graves derivados de la posible interrupción del suministro de gas tanto para la economía como para los ciudadanos”.

Por tanto, se trata de una aceleración, más o menos puntual, en una senda ya marcada por las medidas adoptadas ante el cambio climático y, el compromiso de España y Europa de la reducción de emisiones de CO2.

Y también en los considerandos, en concreto en el (9) aparece la solución propuesta: “Habida cuenta del riesgo inminente de perturbación del suministro de gas a la Unión, los Estados miembros deben adoptar medidas para reducir su demanda ahora, antes de la llegada del invierno 2022-2023…”. Por tanto, está clara la causa, la incertidumbre del suministro de gas ruso y la solución, reducir la demanda, llenar los almacenes, y un matiz importante, ¡ya!

Para ello establece una reducción voluntaria de la demanda, la que se aplica ya y que figura en el artículo 3, cómo: los Estados miembros se esforzarán al máximo por reducir su consumo de gas en el período comprendido entre el 1 de agosto de 2022 y el 31 de marzo de 2023 en al menos un 15% respecto a su consumo medio de gas, respecto al consumo medio en el mismo periodo de los 5 años anteriores.

Cómo entiende que esta voluntariedad puede no cumplirse o ser necesaria ampliarse, el reglamento también incluye la posibilidad de establecer una reducción obligatoria de la demanda (artículo 5), en el que fija el mismo porcentaje de reducción (15%) y en donde permite la excepcionalidad de algunos países que cumplan unas condiciones, especialmente de pocas interconexiones, caso de España y limita la reducción al 7%.

Y, ¿cómo reducirlo?

El propio reglamento dice que los Estados miembros tendrán libertad para elegir las medidas para reducir la demanda, aunque indica que deben tener en cuenta, el no alterar la competencia, no peligrar el suministro de otros estados de la Unión y que no afecten a los clientes protegidos.

En resumen, hay que reducir el consumo de gas, ya desde el 1 de agosto, llenar los almacenes para el invierno y ello con el menor impacto en los clientes protegidos y en la economía, y aplicables durante un año.

Entre las que proponen figuran: las destinadas a reducir el consumo de gas en el sector de la electricidad, cambio de combustible en la industria, reducción en calefacción y refrigeración, cambio a otro combustible y reducir el consumo en la industria.

En resumen, hay que reducir el consumo de gas, ya desde el 1 de agosto, llenar los almacenes para el invierno y ello con el menor impacto en los clientes protegidos y en la economía, y aplicables durante un año.

Y, ¿qué se ha decidido en España?

Primeramente, se ha decidido reducir la demanda de gas un 7%.

En segundo lugar, se ha optado por que la mayor reducción sea en la producción de energía eléctrica, y ello conlleva, en consecuencia, reducir el consumo de electricidad.

La elección parece oportuna dado que el consumo de gas para la producción eléctrica significa más de un 20% del consumo total de gas, y que la producción de energía eléctrica en base a gas significó en el mes de julio un 33% del total y en lo que va de año, más del 22% de la electricidad producida y, es el último componente que entra en la producción de energía eléctrica.

La reducción del consumo de energía eléctrica se ha centrado algo en los organismos públicos y, en mayor parte en el sector servicios, (hoteles, grandes almacenes, infraestructuras de transportes etcétera), principalmente a través del aire acondicionado con un valor de termostato de calefacción hasta 19 °C, y refrigeración a partir de 27 °C, con algunas excepciones posteriores, hay que recordar que la variación de 1º en un termostato implica una reducción entre el 7 y 8% del consumo del equipo.

También ha establecido apagados en el uso del alumbrado en escaparates y edificios públicos a partir de las 22.00 horas. En cuanto al consumo directo de gas, ha incluido una revisión extraordinaria de las calderas, a fin de mejorar su eficiencia energética y así, reducir su consumo. Estas medidas estarán vigentes hasta el 1 de noviembre de 2023 y podrán ser objeto de revisión.

La adopción de estas medidas está justificada por el efecto de inmediatez, que hace sea difícil actuar sobre la oferta, pues no hay en España otras tecnologías de producción de energía eléctrica que puedan sustituir, rápidamente, a los ciclos combinados que usan gas como materia prima.

Tampoco se puede reducir sensiblemente el consumo directo de gas, sin recurrir a los usuarios protegidos o a la industria, de ahí, que se haya optado por la reducción del consumo de energía eléctrica.

Y, ¿qué han hecho otros países europeos?

Evidentemente las circunstancias singulares de cada país, tanto en dependencia del gas ruso, como su consumo interno, implican medidas diferentes, pero en todos los casos son medidas dirigidas al objetivo y a la inmediatez, aunque algunos países han optado por plazos más largos, ya que el propio reglamento establecía que otro objetivo a medio plazo, la nula dependencia de Europa del gas ruso antes del año 2027.

Así Alemania ha decidido prolongar la vida útil de sus plantas nucleares, incrementar la producción de energía eléctrica con plantas de carbón. Además, los estados federales pueden establecer medidas inmediatas, tales como la reducción del alumbrado urbano, limitar los grados en calefacción y aire acondicionado, etc.

Bélgica también ha decidido prolongar la vida útil de sus plantas nucleares y Polonia incrementar la producción de energía eléctrica basada en el carbón. Francia ha optado por medidas similares a España en cuanto a calefacción y aire acondicionado y el apagado de anuncios y escaparates entre la una y las 6:00 horas. Además, han establecido un objetivo de reducir el consumo energético un 10% para el año 2024. Italia ha optado por los mismos valores del termostato que España y reducción del alumbrado público.

Como se ve las medidas implantadas con carácter de inmediatez son similares en toda Europa con matices propios.

Y, ¿que creo que se debe hacer?

En mi opinión creo que deberíamos ser más ambiciosos y solidarios y, en la reducción voluntaria, ir al 15% al igual que en el resto de Europa, adaptando y ampliando las medidas establecidas.

Propongo que toda la recaudación de impuestos extraordinaria, efectuada a las empresas energéticas se dedique a eficiencia energética

No obstante, y, complementariamente, para ayudar a corregir la nula dependencia de Europa del gas ruso, se deberían establecer objetivos a medio plazo orientados tanto a la reducción del gas, como a la reducción energética, actuando tanto en la oferta, como en la demanda.

Del lado de la oferta, acelerando la instalación de energías limpias, especialmente eólica y fotovoltaica, mediante una simplificación administrativa con reducción de los plazos para su autorización y puesta en servicio y, un empuje decidido a las mismas, activando subastas, implicando las administraciones, etc.

Y del lado de la demanda, incidir en la eficiencia energética. Propongo que toda la recaudación de impuestos extraordinaria, efectuada a las empresas energéticas se dedique a esta medida. Con objetivos anuales, por ejemplo, podría plantearse, que, en un periodo corto de tiempo, no se permita en ningún ayuntamiento que la iluminación pública no sea mediante leds.

Y efectuar planes energéticos a medio y largo plazo, con criterios ambientales, climáticos, económicos y de seguridad del suministro, con un análisis técnico, sin prejuicios de partida. Por ejemplo, un análisis sobre la aportación de la energía nuclear y la conveniencia o no de prolongar la vida útil de las plantas actuales. Esta solución no es la ideal, pero puede ser la menos mala.

Por supuesto, orientadas a la reducción de las emisiones de CO2, objetivo prioritario, ya que nos jugamos el planeta. Planes que merece la pena que fueran, política y socialmente, consensuados y ampliamente aceptados.