Claves para examinar al Rajoy que viene

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El presidente del Gobierno eligió la comodidad para designar a su gabinete, pero tiene que adaptar su programa al pacto con Ciudadanos

Mariano Rajoy en su primera reunión de gabinete. / EFE

06 de noviembre de 2016 (06:00 CET)

El primer mensaje del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue un pase lateral a la frontal del área, para que Íñigo Méndez de Vigo la metiera por la escuadra. Dijo en su primera comparecencia como portavoz que el presidente les había ordenado "la necesidad de hablar mucho, dialogar mucho, pactar mucho y consensuar mucho". Buenas palabras que recuerdan más al discurso del primer día de Rajoy.

Méndez de Vigo cae bien; es simpático y maneja con talento la ironía: "me ha dicho el presidente que sea amable con ustedes, pero no me ha asegurado que ustedes lo serán conmigo; aunque creo que va implícito". Un guiño a los periodistas en su primer encuentro. Soraya Sáenz de Santamaría era seca; su sucesor quiere ser simpático, porque un portavoz que caiga bien a la prensa es un parachoques para el gobierno.

Hay consenso en el enorme poder de la vicepresidenta, que suma a sus competencias anteriores las de Administraciones Públicas; es decir, la cuestión catalana. Casi nada. Y queda pendiente el duelo en las disputas entre Luis de Guindos, que no es vicepresidente frente a lo que quería, y Cristóbal Montoro, que tendrá que seguir haciendo de policía malo en los cotos fiscales. Ella seguirá arbitrando.

La comodidad de Rajoy

Pero, ¿cómo va a ser este gobierno? No importa tanto su composición. El presidente ha hecho uso del mandato o prerrogativa constitucional de elegir personalmente a sus ministros. Y lo ha hecho para estar cómodo. Se ha librado de Jorge Fernández Díaz, que era una china en el zapato para empezar la legislatura. No tiene un troyano de la talla de Wert, un polemista irredento que le arruinaría un gobierno en minoría. Tampoco tiene ya a un verso suelto, como el ex ministro Margallo. La consigna es que los ministros no se metan en charcos y que no inventen nada.

Primera pregunta: ¿tiene claro Mariano Rajoy que su programa, el que tiene que aplicar, no es el del Partido Popular, sino el acordado con Ciudadanos? Hay dudas. Porque, cuando asegura que no va a renunciar a las recetas de su éxito, no parece que haya incluido las reformas a las que se ha comprometido con Albert Rivera.

El gran poder de Rajoy sobre quienes se ha comprometido a apoyarle, es decir, Ciudadanos, y sobre quien tendrá que pactar con él, el PSOE, es la amenaza de disolver las Cortes y convocar elecciones. Con dos limitaciones. No sería de recibo que por muy mal que se le pongan las cosas disuelva antes de un año. Si los ciudadanos le culpan, por intransigencia, de unas elecciones adelantadas, el PP lo pagará en las urnas. Y necesita confirmar su nuevo talante, sin intransigencias.

El recorte que se viene

Hay algunas urgencias. La primera, los presupuestos generales del Estado. El PSOE no los apoyará, como ha anunciado sin conocerlos, porque tiene que poner distancia en un primer momento para empezar a amortiguar el daño sufrido con la abstención.

El PP puede pactar con el PNV y hay algunos indicios que ya está en ello. Incluso podría prorrogar los actuales, acompañando de créditos extraordinarios para completar los acápites de crecimiento imprescindible. Los famosos 5.500 millones que hay que recortar se harán por la vía de recortes de gasto y de ampliación de ingresos con algunas medidas fiscales.

Hay algunos gastos imprescindibles en coberturas sociales que hay que ampliar. Los parados de muy larga duración son uno de ellos y ayudas a la dependencia que están bloqueadas. Aunque el PSOE no apruebe los presupuestos, necesita demostrar algunas conquistas. Y el PP haría bien en darle oxígeno en esos territorios como ya ha hecho con la supresión de las revalidas de la LOMCE.

La fragilidad de gobernar en minoría

Rivera va a tener una primera reunión para ajustar un calendario de cumplimiento de los pactos con el gobierno del PP. Las pensiones son una prioridad, pero no la única. Hay algunos acuerdos que no tienen costo económico. Las medidas anticorrupción y la comisión de investigación sobre el PP. Hay que estar pendiente para saber la vigencia de esos acuerdos o si son reducidos a la condición de postureo.

Una vez investido y con 170 escaños garantizados con el pacto con Ciudadanos, buscar apoyos es complicado, pero no tanto. El parlamento funciona con mayoría simple. Y se trata de conseguir más votos a favor que en contra en cada ocasión. El PSOE tiene la obligación de apoyar aquellas leyes que signifiquen de hecho una corrección de las tradicionales políticas del PP.

Y este partido tiene el oficio parlamentario que le falta a Podemos. La política real es muy práctica y no es propensa a facilitar espectáculos. Y Podemos todavía no se ha estrenado en una labor puramente parlamentaria. Lo suyo es el acoso y el derribo; la hipérbole y la escatología política. Hay pocos días al año que se presten al circo, porque la repetición de las payasadas termina por agotar al público.

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