Daniel de Alfonso: conservador, confuso y lenguaraz

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El ex magistrado de la Audiencia de Barcelona llegó a su actual cargo con el apoyo de CIU, PP, C's y PSC. Ahora, tras un buen chorreo, el Parlament se lo llevará por delante

Daniel De Alfonso, atiende a los medios tras su comparecencia en el Parlament / EFE/Quique García

Barcelona, 25 de junio de 2016 (01:00 CET)

Con un "me esperaba intervenciones más caninas", Daniel de Alfonso cerró su paso por un Parlament que lo nombró y que ahora le echa. Es el atrabiliario, que juega, juega y juega, hasta que se quema, pero qué más da. Magistrado de toque conservador y tono intemperante; denuncia y no se calla; va de víctima y pronto alguien --Arrimadas, ¿por qué no?-- pedirá que le pongamos una calle.

Exagera que algo queda y lo que queda es la sensación de que las togas sin alma son un escenario de francachela que permanecerá en los tribunales españoles cuando las turbulencias sean historia. Vamos mal; vamos camino de tomarnos a guasa tanto secretismo fiscal, tanta desfachatez de las partes (sobre todo si son de Manos Limpias) y tanta indefensión de los magistrados cargados de papeles, en juzgados sin secretario ni ordenador.

El PP ha colocado con calzador la Ley Mordaza y la Berlusconi (Enjuiciamiento Criminal) para meternos en vereda. El escenario procesal está hecho un guiñapo. Pero la escucha en Castellana 5 no es nueva. Cualquiera que haya visitado Interior en tareas informativas sabe que todo está vigilado, pero también cuenta con el rigor de los que se encargan de la seguridad, que son guardias civiles y lo hacen sin comprometer a nadie.

Atrabiliario y dado a pelotear

Daniel de Alfonso fue colocado al frente de la Oficina Antifrau de Catalunya (OAC) en julio del 2011, seis meses después de que el primer responsable de la institución, el fiscal David Martínez Madero, falleciera de un infarto. Llegó al cargo desde su puesto de magistrado de la Audiencia de Barcelona, donde tenía fama de juez de derechas. También fue portavoz en Cataluña de la Asociación Profesional de la Magistratura, asociación de jueces de ideología conservadora.

Ahora sabemos, gracias a las filtraciones, que es un señor atrabiliario y lenguaraz, dado a pelotear a sus superiores o entregado a Fernández Díaz por la causa de la unidad de España. Lamentable. Vamos mal.

Apoyo de CIU, PP, C's y PSC

Nacido en Cantabria, de Alfonso ha aprendido el catalán y lo habla siempre que puede en público. Bien, pero menos gramática y más método no vendría mal. Fue propuesto para el cargo de director de la OAC por la Unió Democràtica de Duran Lleida y, aunque contaba con el visto bueno del PP y del PSC, la propia CDC aceptó su designación al frente de una institución que los nacionalistas estaban en contra de crear pero que el tripartito puso en marcha. ¿Por qué Unió está siempre en el origen de temas judiciales poco claros que, normalmente, quedan en nada?

De Alfonso llegó al cargo con los 111 votos favorables de CiU, PP, Ciutadans y el PSC. Por su parte, ERC, ICV-EUiA y Joan Laporta se abstuvieron, mientras que los tres miembros de Solidaritat Catalana per la Independència fueron los únicos que votaron en contra.

El entonces líder de aquel grupo en el Parlament, Alfons López Tena, argumentó su rechazo en que la "imparcialidad" y la "independencia" de De Alfonso no estaba suficientemente acreditada. No es extraño a la vista de lo visto, aunque López Tena es mejor historiador que legalista. ¿Y los demás?

"Albert Rivera me pidió árnica"

Nuestro Parlament se llevó el jueves un buen chorreo de De Alfonso. Les llamo cínicos y les recordó que él se había reunido con todos y que con todos había comentado casos complejos de corrupción.
Este hombre reparte caramelos en la puerta de un colegio. Les da papelitos comprometedores a unos y a los contrarios.

En la plenitud del estrado dijo: "Albert Rivera me pidió árnica". Y te imaginas a partidos políticos, entidades de vertebradoras de la opinión, uno por uno mendigando pequeños desastres para empapelar a los otros. Con razón no se entienden los programas. Vamos muy mal.
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