Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno, solicita al Congreso de los Diputados su apoyo a la prórroga del estado de alarma. EFE/J.J. Guillén

De #SánchezVeteYa a #mataraAbascal: cómo Twitter dispara la furia

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El algoritmo que usa Twitter para determinar los debates que se convierten en tendencia alimenta la crispación, según la opinión de expertos

Alessandro Solís

Economía Digital

Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno, solicita al Congreso de los Diputados su apoyo a la prórroga del estado de alarma. EFE/J.J. Guillén

Barcelona, 17 de mayo de 2020 (04:55 CET)

El pasado 18 de abril, en una de sus habituales ruedas de prensa de los sábados por la noche, Pedro Sánchez anunció que pediría al Congreso la tercera prórroga del estado de alarma. Antes, en torno a las 15.00 horas, la etiqueta #SánchezVeteYa empezó a cobrar vida entre las tendencias de Twitter en España, y para las 17.00 horas ya era el tercer hashtag más rompedor del momento en la red social.

Por efecto o casualidad, entre el inicio y el final de la comparecencia del presidente del Gobierno ese sábado la etiqueta casi triplicó su cantidad de mensajes en la red social, y durante toda la noche siguió creciendo hasta acumular cientos de miles de tuits. Siguió imparable hasta la mañana del domingo 19 de abril, cuando desapareció de la lista de tendencias de Twitter pese a sumar en torno a 600.000 tuits.

Esta desaparición coincidió con las preocupantes declaraciones del jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, José Manuel Santiago, que en una rueda de prensa por la tarde, ese mismo domingo, dijo que en el cuerpo policial se trabajaba para “minimizar el clima contrario a la gestión del Gobierno”. Tuiteros conectaron un punto con el otro y concluyeron que la misteriosa desaparición del hashtag pro-dimisión de Sánchez era un acto de censura.

Twitter España ha declinado referirse a esta controversia de forma que no sea remitiéndose a las reglas de uso de la plataforma, pese a las constantes interpelaciones de Economía Digital. “Tenemos una serie de reglas y políticas que son globales y se aplican exactamente igual en todo el mundo y para todos los usuarios. Estas reglas tienen como objetivo garantizar que todas las personas puedan participar en la conversación pública de manera libre y segura”, dice la red social.

Una etiqueta jaleada desde España, Venezuela y Ecuador

#SánchezVeteYa no solo estuvo entre las tendencias de Twitter en España, sino que también figuró en ese listado en Venezuela y Ecuador.

Fueron tantos los tuits que recogieron la etiqueta ese fin de semana, que la misma en algún momento fue tendencia a nivel mundial. Pero que apareciese como un hashtag popular en Venezuela y Ecuador (como registran getdaytrends.com y otros indexadores de tendencias) significa que usuarios de esos países la utilizaron, pese a no tener presidentes apellidados Sánchez.

Un gestor de redes de Podemos, que suele hacer análisis de tendencias políticas en internet, acusó a Twitter de permitir a algunos usuarios realizar hasta más de 1.000 tuits con la etiqueta sin bloquearlos, que es lo que se estila en las redes sociales ante cualquier amago de spam. También afirmó que el primer tuit con la etiqueta se envió a las 12.51 horas del 18 de abril y que era una convocatoria para unirse a la campaña anti-Sánchez sobre las 20.05 horas de ese día.

Al margen de su filiación política, y en tanto es cierto que muchos de los tuits no se publicaron desde España y que los usuarios a los que señaló como propagadores de spam realmente lanzaron entre decenas y cientos de mensajes en un corto lapso (como ha verificado este periódico), la desaparición de la etiqueta de las principales tendencias de Twitter puede explicarse porque se trataba de una acción masiva para manipular el algoritmo de la plataforma y que #SánchezVeteYa reinara durante algunas horas.

Twitter veta las “actividades coordinadas que apuntan a influir de forma artificial las conversaciones mediante el uso de varias cuentas, cuentas falsas, acciones automáticas o secuencias de comandos”. Además, por medio de sus normas de uso, la plataforma se da la licencia de “impedir que determinado contenido se incluya en las tendencias”, lo que explicaría la repentina desaparición de #SánchezVeteYa de las tendencias en España, aunque la plataforma se resiste a confirmarlo.

El pasado fin de semana, el sábado 9 de mayo, la red social también retiró la etiqueta #mataraAbascal de la misma lista de tendencias en el país, tras permitir que la misma se propagara durante varias horas. Fuentes conocedoras de la situación han explicado a este periódico que Twitter España eliminó este hashtag de la lista en el momento en que supo de su existencia. El partido de Santiago Abascal, Vox, anunció que demandará a la empresa por permitir su circulación.

Un algoritmo problemático

Por venir de frentes políticos francamente antagónicos, y por haber surgido en contextos tan diferentes, las etiquetas #SánchezVeteYa y #mataraAbascal son perfectos ejemplos de cómo el problemático algoritmo de Twitter genera, por sí mismo, una crispación social superior a la que ya existe fuera de su alcance. Muchos expertos coinciden en que alimenta la furia. Estas etiquetas evidencian cómo los problemas sin solución de las plataformas digitales dejan huella en la política mundial.

En Twitter, el algoritmo de tendencias nunca ha sido de fiar. La empresa lo cambió a inicios de la década de los 2000 en parte por fenómenos como el de la estrella pop Justin Bieber, cuya base de seguidores burlaba siempre el sistema para colocar su nombre en la cima de la popularidad en internet. "El nuevo algoritmo identifica temas que son inmediatamente populares, en lugar de reflejar temas que han sido populares durante un tiempo o a diario, para ayudar a los usuarios a descubrir las noticias más urgentes de todo el mundo”, dijo la empresa en 2010.

Desde entonces, el algoritmo de tendencias ha sufrido múltiples transformaciones, sin alcanzar nunca un modelo ideal. No es un problema exclusivo de Twitter; ninguna red social ha logrado aún definir qué es lo que hace que algo sea tendencia, ni mucho menos existe un sistema unificado para distinguir estos grandes temas de la web. Muchos expertos llevan años pidiendo que se eliminen los algoritmos de tendencias o que al menos se diseñen equipos editoriales que monitoricen estos contenidos.

“Si los adolescentes, accidentalmente o a propósito, pudieran jugar un sistema, obligar a un tema a "tendencia" y atraer más atención hacia él, ¿qué detendría a los actores más perniciosos?”, escribió en 2018 el periodista de tecnología Brian Feldman. “Las secciones de tendencias de las principales plataformas están determinadas algorítmicamente, sus contenidos seleccionados por fórmulas desarrolladas internamente en esas empresas y mantenidas en privado”, añadió.

¿Qué significado tienen las tendencias de Twitter?

No solo pasa en España. Algo similar a lo acontecido con el hashtag #mataraAbascal (que en gran parte se disparó por la gran cantidad de usuarios que criticaron su existencia y no tanto por aquellos que lo publicaron, como explicó este periódico) sucedió a inicios de año en Estados Unidos, cuando surgió la etiqueta #NeverWarren, aparentemente contraria a la excandidata a las primarias demócratas Elizabeth Warren. El hashtag estuvo de primero en tendencias durante varias horas.

“Lo más llamativo es que todas las publicaciones más retuiteadas son de personas que critican el hashtag y la mentalidad detrás de él, o que exigen unidad“ dentro del Partido Demócrata, explicó entonces el director de investigaciones de redes sociales, Ben Nimmo, de la compañía Graphika. Es una situación casi calcada a la de #mataraAbascal, que para peores nació de un juego y no de una motivación real para asesinar al líder de Vox. Pero la etiqueta se disparó en redes por las críticas sobre su existencia.

Este estado de confusión que generan las tendencias en internet recuerda a lo vivido en la campaña electoral estadounidense de 2016, según la profesora de ética en línea Whitney Phillips, de la Universidad de Syracuse. “No hay razón para que pensemos que los mismos esfuerzos de desinformación que ocurrieron en 2016 no están sucediendo en este momento. Y, entonces, se sigue creando este nivel bajo de paranoia respecto incluso a lo que estás viendo”.

Escribiendo sobre el caso de #NeverWarren, la periodista Emily Stewart dijo, en febrero pasado, que “el incidente ha demostrado nuevamente que cuando se trata de lo que está ganando terreno en Internet, todavía nos cuesta saber qué es real, qué es falso y qué se está propagando por quién”. Una frase extrapolable al ambiente en Twitter en España durante el estado de alarma por el coronavirus, y que sin duda alienta la desconfianza pero también la desinformación.

La gran pregunta es cómo puede regularse el espacio virtual y qué pueden hacer las instituciones judiciales para atacar estos problemas. La respuesta podría llegar con el avance de la demanda de Abascal contra Twitter, así como de las denuncias que PSOE y Podemos han presentado contra Vox por presuntamente difundir bulos.

De momento, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, defendiéndose de las acusaciones de censura, lo deja todo en manos de Twitter, Facebook, Youtube y demás redes sociales. Quienes deben actuar contra estas dinámicas “son las propias plataformas, siguiendo sus protocolos de actuación, las que acuerdan la retirada de los mensajes”, dijo en abril pasado, apenas unos días después de que desapareció de las tendencias de Twitter el controvertido hashtag que exigía a Sánchez marcharse ya.


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