Quim Torra (JxCat) y el presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC), en el acto institucional de la Diada del año pasado. EFE/Alejandro García

Diada 2019: así maniobra ERC para arrastrar a Torra a las elecciones

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Esquerra trata de diluir sus diferencias con JxCat de cara a la Diada mientras diseña distintos escenarios que pueden acabar en las urnas

Iván Vila

Economía Digital

Quim Torra (JxCat) y el presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC), en el acto institucional de la Diada del año pasado. EFE/Alejandro García

Barcelona, 10 de septiembre de 2019 (04:55 CET)

El independentismo llega a las puertas de la Diada tratando de rebajar la inflamación de la herida a base de vender supuestos avances que nunca se concretan relativos a esa respuesta conjunta a la sentencia del Supremo en la causa del procés que se trata de sintetizar, hasta ahora sin éxito, cual piedra filosofal. Pero el caso es que sus discrepancias siguen en el mismo punto en el estaban. A la cabeza, el pulso entre ERC y Junts per Catalunya (JxCat) por un adelanto electoral que los primeros llevan meses planeando y los segundos rechazan de plano.

Así las cosas, unos y otros tratan de rebajar la tensión para tener la fiesta del 11 de septiembre en paz, pero Esquerra maniobra a la vez para conseguir llegar a esa nueva cita anticipada con las urnas, si no en línea recta, camino más corto pero que el no de JxCat hace impracticable, sí buscando desvíos que acaben conduciendo igualmente a sus socios y el president Quim Torra al mismo desenlace.

El desacuerdo sobre la estrategia a seguir por el govern una vez se pronuncie el Supremo aconseja relativizar el peso de la respuesta del ejecutivo catalán, así que ahora se insiste en que lo que haga la Generalitat es solo una de las vertientes que tiene que tener esa reacción. El expresident Carles Puigdemont y Torra ya lo apuntaron la semana pasada, y este lunes, ERC remachó precisamente ese mensaje: la respuesta tiene que incluir cuatro patas: la de la movilización popular, la jurídica, la internacional y la institucional, que además no tiene que ser solo del govern, sino también del Parlament, las diputaciones y los ayuntamientos.

En eso precisamente insistió la secretaria general de Esquerra, Marta Rovira, en una entrevista en Catalunya Ràdio en la que pidió que  esa respuesta no suponga “añadir más presión al gobierno de la Generalitat” sino que sea transversal e implique a “todo el marco institucional democrático de Cataluña”.

Respuesta judicial, internacional y en la calle

Dejemos  para el final esa pata institucional. ¿En qué tienen que consistir las otras tres? Ahora mismo, solo está claro que la judicial consistirá en el mil veces anunciado recurso contra la resolución del Supremo ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo.

La respuesta internacional cabría pensar que sería vehiculada por el Consell per la República, el artefacto parainstitucional en el que se suponía que el govern Torra  iba a externalizar la actividad propagandística para vender el relato independentista en el exterior. Pero a la práctica se trata de un organismo en estado de hibernación, y el hecho de que esté liderado por Puigdemont también despierta recelos en Esquerra. Fuentes de los republicanos admiten que el consell deberá tener “un papel” a la hora de orquestar esa respuesta de puertas afuera, pero subrayan que se trata de una función que está aún por definir.

Y, por lo que respecta a la respuesta a pie de calle, esa que se delega en la sociedad civil, no solo tampoco hay sobre la mesa ninguna concreción, sino que la posibilidad de un paro de país, apuntada por algunos sectores, ya ha provocado encontronazos en el seno del govern. Y esta vez, no entre JxCat y ERC, sino en el mismo seno de los posconvergentes. La semana pasada, la consellera de Empresa, Àngels Chacón, rechazó la posibilidad de un paro de país indefinido alegando que podría perjudicar “muchísimo” a la economía, y pidió dejar de hacer “discursos simplistas” al respecto, y el propio Torra le enmendó la plana el domingo en una entrevista en El Punt Avui en la que atribuía las palabras de Chacón a “un malentendido” y afirmaba no tener “ninguna  duda de que a un paro de país las empresas le darían también todo el apoyo”.

Este mismo lunes, terció en el asunto David Bonvehí, presidente del Pdecat, y lo hizo tirando por el camino de en medio: consideró que un paro de “uno o dos días”, a la manera del que se llevó a cabo el 3 de octubre de 2017, es factible, aunque subrayó que debería contar con el visto bueno de patronales y sindicatos -que está por ver que estén por la labor- y que de momento no hay ninguna propuesta en este sentido sobre la mesa.

Para ERC, todos los caminos llevan a las urnas 

¿Y la respuesta institucional? ERC sigue recibiendo portazos cada vez que vuelve a reivindicar la opción de acudir a las urnas. El último, propinado por el propio Bonvehí, que insistió en que la solución “no pasa por convocar elecciones”  sino por seguir gobernando “con todas las consecuencias”.

Así las cosas, Esquerra ha ido lanzando otras propuestas. La principal, la de tratar de armar un gobierno de concentración, una opción que, a diferencia de la de las urnas, nadie ha rechazado abiertamente en JxCat. Al contrario, en la citada entrevista del domingo, Torra se mostraba partidario de la idea, con una condición: “que nos marquemos un camino que todos nos comprometamos a seguir hasta el final y asumiendo todas las consecuencias”.

Pero el éxito de esa apuesta no depende solo de los partidos que ahora integran el govern. En Esquerra tienen claro que si es eso lo que se plantea pero nadie se sube al carro, el fracaso del intento podría señalar de nuevo el camino de las urnas. Y la semana pasada, los dos partidos que podrían ser llamados a incorporarse al ejecutivo, la CUP y los comunes, ya se encargaron de cerrar esa puerta.

Ese es solo uno de los desvíos que puede acabar conduciendo a unos nuevos comicios catalanes. Otro es un fracaso de los presupuestos, para los que dos de los tres socios potenciales en julio, la CUP y el PSC, ya han dejado claro que mejor no cuenten con ellos. Por motivos antitéticos: los primeros, como reacción a la apelación de Torra a perseverar en la apuesta por “la confrontación”, y los segundos, porque no se creen que las palabras de Torra vayan acompañadas de hechos. Así que la aprobación de las cuentas vuelve a quedar en manos de los comunes, con los que el govern fue incapaz de entenderse hace unos meses para aprobar las cuentas de este 2019.

La conclusión de ERC vuelve a ser la misma: el ejecutivo catalán no podría gobernar por tercer año consecutivo con una prórroga de las cuentas de 2017, así que no habría más remedio que ir a elecciones. O bien, como apuntó el conseller de Educación, Josep Bargalló, hace dos viernes, plantear una cuestión de confianza en el Parlament, que bien podría desembocar igualmente en las urnas.

En JxCat ya se huelen la tostada. De ahí que este lunes su portavoz parlamentario, Eduard Pujol, saliera al paso para rebatir también ese planteamiento de los republicanos. Entrevistado en Ràdio 4, Pujol apuntó que hay "que quitar hierro al hecho de funcionar" con o sin prespuestos, y que, en consecuencia, y teniendo en cuenta que "estamos en una situación excepcional", el gobierno podría seguir incluso aunque las cuentas se le vuelvan a quedar en el cajón. Lejos quedan aquellas declaraciones de Torra en las que, hace 13 meses, aseguraba: “Los gobiernos acostumbran a dimitir si sus presupuestos no son aprobados y me parece que esto es un mandato democrático de autoexigencia”.

Mientras, y a falta de consensos de más alcance, el punto de encuentro es la Diada, vendida como los preliminares de la unidad por venir. Lo subrayó la portavoz de ERC, Marta Vilalta: "El éxito será el mejor anticipo para la respuesta a la sentencia". 

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