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El soberanismo presenta el referéndum como un pulso contra el Gobierno “autoritario” de Rajoy, pero recela de Iglesias porque la guerra de Podemos es otra

Barcelona, 19 de septiembre de 2017 (04:55 CET)

Amor, pero muchos recelos. El interés inusitado de Pablo Iglesias por el referéndum del 1-O causa recelos en el soberanismo. Tanto en las filas del Pdecat, como en Esquerra Republicana –siempre más cercanos a Podemos-- el pulso que se plantea es contra el Gobierno del PP, y para ello se utilizan métodos que se saben discutibles, como el “autoritarismo y el franquismo latente” del Ejecutivo español, pero el objetivo no es provocar una especie de 'revolución' que beneficie en toda España a Podemos.

Aunque se destaque la aportación de Podemos, como hizo el presidente Carles Puigdemont al “agradecer” una voz distinta que “rompe el discurso único”, el soberanismo marca distancias, según los dirigentes consultados.

Los dirigentes quieren ir con tiento, aunque cada partido tenga sus piezas sueltas para agitar el ambiente, como el republicano Gabriel Rufián, que se permite la ‘gracieta’ de decir que el franquismo no murió con Franco en la cama, sino que morirá “el 1-O en las urnas”.

El soberanismo quiere, por lo menos, una victoria parcial el 1-O para buscar una negociación

El soberanismo quiere llegar vivo el día del referéndum, y ver qué opciones tiene realmente de ofrecer un papel digno, porque es consciente de que el Gobierno de Mariano Rajoy va a dificultar mucho que se puedan abrir los colegios electorales el 1 de octubre.

Las palabras oficiales son distintas. El presidente Carles Puigdemont no mueve una ceja cuando afirma con rotundidad que el 1-O se podrá votar, que habrá colegios, urnas y papeletas. También lo hace Oriol Junqueras, pero la realidad es que pasan los días, que hay registros en imprentas, que la policía local cumple las órdenes de la Fiscalía, y que no será un referéndum “como ocurre siempre, en el resto de elecciones”.

Por ello, el objetivo es ver qué se puede salvar, en qué poblaciones sí se podrá votar, en qué colegios los cuerpos de seguridad del estado no podrán llegar, y, en función de eso qué número de votos se podrán exhibir. Se teme una derrota, pero también se confía en una victoria o en una victoria parcial, o “en un empate” que deje al independentismo en pie para buscar una posterior negociación con el Gobierno, o, por lo menos, que le deje en condiciones de mantener el pulso algo más adelante, tras unas elecciones autonómicas, por ejemplo.

Iglesias pretende que se agite toda la política española, utilizando la causa catalana

Lo que no gusta es la operación de Iglesias, que este lunes propuso a su formación la creación de una asamblea en el conjunto de España de parlamentarios y alcaldes para reivindicar el “diálogo, la convivencia y la libertad de expresión”, como respuesta a la “deriva autoritaria” del Gobierno respecto a la crisis catalana.

A pesar de la actividad frenética en las últimas semanas de Iglesias, en contacto con Junqueras y Puigdemont, y de que los dos mandatarios catalanes han avalado su iniciativa, se teme que se pueda provocar una especie de gran salto hacia ninguna parte, con movilizaciones en distintos puntos de España que puedan crear una gran inestabilidad. Puigdemont y Junqueras, principalmente este último, lo que quieren es una negociación posterior del gobierno catalán con el gobierno español, y reconducir la relación. Para ello, eso sí, necesitan que el pulso del 1-O resulte creíble, y en eso están, con una presión constante para que el Gobierno de Rajoy sea visto ahora como un “gobierno represor”.

Iglesias quiere elaborar un manifiesto que reclame al Gobierno un diálogo con la Generalitat. La asamblea de diputados, que se podría reunir en un emplazamiento neutral, como Navarra –esa es una de las posibilidades—defendería “soluciones políticas que permitan a todos los catalanes convocar un referéndum acordado con el estado para decidir su futuro”. Esa posición la secunda el diputado Xavier Domènech, mano derecha de Ada Colau en Catalunya en Comú. Pero no la apoya el PSOE, y para el soberanismo es vital la posición de los socialistas, que querrán ocupar, de nuevo, el espacio central en la política española y catalana.

El pulso se mantiene, de forma directa entre el independentismo y Rajoy

Para el conjunto del soberanismo todo eso queda lejos. Lo que marcará su suerte es el referéndum del 1-O, los resultados finales. Si es imposible realizarlo en condiciones mínimas, la respuesta será que el Gobierno lo ha impedido con instrumentos “autoritarios” a pesar del esfuerzo de la Generalitat. Si tiene un éxito relativo, lo ‘venderá’ para poder negociar.

En paralelo, el PSOE insiste en la comisión en el Congreso para reformar la Constitución. El PP se ha mostrado interesado, junto a Podemos. Pero el soberanismo tampoco lo ve claro. Esquerra Republicana ha marcado distancias, e inicialmente no participará.

El pulso se mantiene, de forma directa, entre el independentismo y Mariano Rajoy, que ha personalizado el problema, al comprometerse a impedir el referéndum. Y se intensificará en los próximos días.

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Referéndum 1-O
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