Carles Puigdemont solicitará permiso al juez para asistir al pleno de investidura en el Parlament. EFE
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El independentismo pierde las elecciones más importantes de la historia de Cataluña

Juan García

Editor Economía Digital

Carles Puigdemont solicitará permiso al juez para asistir al pleno de investidura en el Parlament. EFE

Barcelona, 22 de diciembre de 2017 (04:55 CET)

El independentismo ha perdido las elecciones quizás más importantes que se han convocado hasta la fecha en Cataluña. Ya sé que esta afirmación será rechazada con una cierta fiereza por los partidarios de la ruptura con España, que alegarán que mantienen la mayoría del Parlament y que sus votos suman más que los constitucionalistas, pero les va a ser muy difícil explicar que en unas elecciones tan polarizadas como éstas, con una carga sentimental tan a flor de piel y después de haber llegado hasta donde llegaron, no hayan conseguido superar el 48 por ciento y que en escaños hayan perdido 2 respecto de la anterior legislatura.

Los ciudadanos de Cataluña se han expresado con nitidez en estos comicios, como lo hicieron en los anteriores. Y la primera consecuencia que sólo los ciegos de pasión no querrán ver es que los partidarios de la independencia no tienen una mayoría suficiente; quizás no tienen ni esa mayoría si consiguiéramos clasificar en base a su adhesión o no a los votantes que han respaldado a Catalunya en Comú.

La reiteración de frases o eslóganes tan común entre los dirigentes soberanistas arrogándose la representación del pueblo de Cataluña, como una categoría absoluta, unívoca, uniforme, debería quedar definitivamente arrinconada si fueran honestos. Su legítimo proyecto independentista del país debería partir desde ahora del reconocimiento explícito de que si bien hay muchos hombres y mujeres que sueñan con la separación, hay otros muchos, más o menos los mismos, que quieren mantenerse en España.

El proyecto independentista debería partir del reconocimiento de que hay los mismos catalanes que quieren quedarse en España

Ignorar este hecho, esta realidad factual, sería un acto antidemocrático y seguramente les conduciría a un callejón sin salida de dolorosas consecuencias. La mejor Cataluña que se puede construir es la que se basaría en consensos de amplias mayorías y no en que se impulsaría sobre la fractura social más grave que ha sufrido este país quizás desde la guerra civil española.

Todos los partidos deben replantearse a partir de este 21-D su estrategia en Cataluña: PDeCat y ERC harían bien en reflexionar sobre el salto sin red que supone romper la legalidad constitucional y enfrentarse al Estado con el apoyo de menos de la mitad de la población; el PSC sobre la confusión que el permanente tacticismo en que se desenvuelve genera entre su electores; Catalunya en Comú-Podemos sobre los pocos réditos que el oportunismo les puede proporcionar a corto y media plazo; el PP, sobre su marginalidad en Cataluña y hasta qué punto es sostenible su liderazgo en España con su casi desaparición de la escena política de esta comunidad; la CUP, quizás debería empezar por reconocer que su visión apocalítica y prerrevolucionaria de la sociedad catalana no tiene nada que ver con la realidad… y C’s debe empezar a tomarse en serio su ya innegable responsabilidad  en el futuro de Cataluña y del conjunto de España.

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