Puigdemont, en la pantalla, en el acto de presentación de la Crida  en julio, en el que la cúpula del Pdecat fue relegada a las últimas  filas. EFE/Quique García
stop

Esquerra responde al intento de Puigdemont de que se integre en la Crida con un portazo y exigiéndole a JpC claridad estratégica y acuerdos por escrito

Iván Vila

Economía Digital

Puigdemont, en la pantalla, en el acto de presentación de la Crida en julio, en el que la cúpula del Pdecat fue relegada a las últimas filas. EFE/Quique García

Barcelona, 23 de julio de 2018 (15:37 CET)

La tensión entre ERC y Junts per Catalunya y, por ende, con ese nuevo Pdecat reconfigurado este fin de semana al servicio de Carles Puigdemont, se sigue mascando en cada gesto. Así, si Puigdemont maniobra e impulsa su Crida Nacional per la República con la intención de fagocitar al Pdecat de entrada y de trazar un nuevo movimiento envolvente, más a largo plazo, para atraer a Esquerra a una especie de reedición de Junts pel Sí, la coalición que integraron la pasada legislatura, los de Oriol Junqueras insisten en dejar claro desde el minuto uno que la Crida no va con ellos.

A cambio, los segundos exigen clarificar los pasos a seguir por el conjunto del soberanismo, envueltos en niebla desde el colapso de la vía unilateral, artículo 155 mediante, a finales de octubre pasado. La semana pasada, a raíz del cisma abierto en torno a la suspensión como diputado de Puigdemont, dictada por el juez Pablo Llarena, ERC ya insistió en la necesidad de consensuar negro sobre blanco la línea a seguir con JpC, su socio en el gobierno de Quim Torra.

En las filas de la formación republicana se insiste en una idea fuerza: todo cuanto tiene que ver con la Crida y el Pdecat responde a una “reordenación del centroderecha” independentista.

ERC quiere acuerdos por escrito 

El planteamiento de los puigdemontistas es que la unidad de todo el soberanismo, bajo el liderazgo del expresident, es clave para el éxito de su estrategia. El de los de Junqueras, que el plan que debería conducir a la república catalana tiene que consensuarse sin renunciar a la pluralidad ideológica en el seno del independentismo.

Es ahí, en su “pluralidad y diversidad”, donde radica su fuerza”, dijo este lunes la portavoz de ERC, Marta Vilalta. Y, a la vista de los numerosos desencuentros desde el pasado octubre -el último, el encontronazo, aún no resuelto, por la suspensión de Puigdemont-, esa “estrategia común”, alegan en ERC, se tiene que formalizar por escrito.

Ultimátum de Demòcrates

La petición va en línea de lo que ya planteó a mediados de junio Demòcrates. Entonces, la formación liderada por Antoni Castellà, integrada en el grupo parlamentario de ERC, ya le dio un plazo de 100 días al gobierno de Torra para que presentara su hoja de ruta para “seguir el mandato del 1-O”, bajo la amenaza de irse a la oposición. El ultimátum acaba en septiembre.

En ese sentido, el ejecutivo catalán anunció también el mes pasado que ya trabaja en su plan de gobierno, que debería concretar sus líneas de actuación para lo que reste de legislatura, hasta ahora, poco o nada definidas más allá de la voluntad expresada por el president de recuperar leyes bloqueadas en el Constitucional durante la presidencia de Mariano Rajoy, de “dialogar” con el -*nuevo gobierno de Pedro Sánchez sin renunciar a nada  y de seguir avanzando hacia la república, sin más precisión.

Septiembre, mes clave para el soberanismo

La previsión es que esa hoja de ruta, que debería estar alineada con los acuerdos por escrito que ahora le solicitan a JpC sus socios de Esquerra en el ejecutivo catalán, esté lista pasado el verano, según apuntó en su momento la portavoz del gobierno, Elsa Artadi.

Torra tiene previsto celebrar una conferencia política que también debería clarificar el camino a principios de septiembre, el mes límite también para que JpC y Esquerra lleguen a un acuerdo sobre Puigdemont y el resto de diputados suspendidos por Llarena, porque una vez se reinicie la actividad parlamentaria, habrá que dejar claro qué se hace con sus votos. 

Así, septiembre se erige en mes clave para definir si el soberanismo apuesta finalmente por tratar de estirar la legislatura o si arroja la toalla y se precipita a unas elecciones anticipadas que se podrían celebrar en cuanto haga un año de últimas, es decir, a partir de diciembre.

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad