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El rechazo del Govern para que se acuse a CDC en el caso Palau refleja la influencia de Artur Mas y la frustración del Pdecat, que no levanta cabeza

Manel Manchón

Economía Digital

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont en el parlamento catalán. El letrado mayor de la cámara ha advertido contra el referéndum que están tramando. /EFE/Toni Albir

17 de mayo de 2017 (20:59 CET)

Artur Mas no se ha ido. Sigue recibiendo a sus fieles en el Palau Robert, y sigue influyendo, y de qué manera en el Pdecat, que no acaba de levantar cabeza. La última señal, y la más decisiva, es el rechazo del Govern a acusar a Convergència en el caso Palau. Los argumentos de Marta Pascal, la coordinadora general del Pdecat se han quedado a medias, mostrando su impotencia, porque querría pasar página, pero todavía no puede. No le dejan.

Pascal recibió ayer un serio correctivo de intelectuales y periodistas cercanos a las tesis del Pdecat, como Francesc Marc Alvaro o Toni Soler. En una entrevista en Rac1, Pascal se limitó a asegurar que el partido tomará medidas cuando “haya una sentencia firme”, y se encontró con el rechazo de los dos contertulios, invitándola a asumir ya las responsabilidades políticas.

Pascal asegura que no se tomarán medidas hasta que no haya sentencia sobre el caso Palau

Pero el núcleo de Mas cierra filas. Y tampoco el presidente Carles Puigdemont, elegido por el propio Mas en el último instante para salvar la investidura, forzado por la CUP, se separa un milímetro. La desesperación de la dirección del Pdecat es clara: ni Pascal, ni el coordinador territorial, David Bonvehí, saben como sacar la cabeza, a pesar de intentos serios, como el que protagonizó la propia Pascal el pasado sábado con una apuesta por un nuevo posicionamiento ideológico, de centro-liberal, que pueda mantener el anterior espacio central que representó Convergència.

La ducha fría llegó este martes, en el seno del Consell Executiu del Govern. A pesar de la presión de Esquerra Republicana, Puigdemont no quiso acusar a Convergència en el caso Palau, y respetó la decisión de Artur Mas. Y es que una de las primeras medidas de Mas, cuando accedió al Govern, tras las elecciones de noviembre de 2010, fue nombrar a Margalida Gil al frente del Gabinete Jurídico de la Generalitat, que fue secretaria general del departamento de Industria, en el último gobierno de Jordi Pujol, y es la esposa del consejero de Justicia, Jordi Jané. Gil, tras las indicaciones de Mas, retiró la acusación a Convergència, decisión tomada por el anterior gobierno tripartito, en el que participó Esquerra Republicana.

Mas decidió retirar la acusación a CDC nada más llegar al poder, tras las elecciones de 2010

Ante eso, poco puede hacer ahora la dirección del Pdecat. Marta Pascal busca redefinir el partido, y para ello ha ordenado al grupo parlamentario que tome distancias de Esquerra, y rompa la disciplina de voto en el grupo de Junts pel Sí, con el objeto de lograr una voz diferente, que sea identificable para los electores de centro-liberal que votaban a Convergència. De hecho, fue el Pdecat quien, este miércoles, rompió la disciplina de voto de Junts pel Sí en la votación sobre el caso Palau.

Pero la refundación de CDC, que dio origen al Pdecat, se cerró en falso, y Marta Pascal podría fracasar, si no lidera con más fuerza el nuevo proyecto. Algunos fieles de Mas, como Francesc Homs, están a la espera para tomar ese liderazgo. Y, en realidad, todo el partido se ha convertido ahora en un auténtico flan, que se ladea en el plato, en direcciones opuestas.

La decisión de Esquerra de unir sus votos a Catalunya Sí que es pot y la CUP en el Parlament, para instar al Govern a que rectifique y acuse a Convergència en el caso del Palau de la Música, es un buen intento, pero es el Govern quien debe decidirlo. El Parlament insta al Ejecutivo, pero éste ya ha tomado una decisión, con el beneplácito, implícito, de Esquerra Republicana. Mas se ha impuesto. Y de ello ha tomado nota Marta Pascal, pero también otros dirigentes del Pdecat, que no saben qué hacer, ni que dirección tomar. Todo dependerá de una posible nueva reunión del Consorcio del Palau, como reclama la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. 

En el Pdecat hay nervios, nadie sabe qué camino tomar, con la sombra de Artur Mas

Mas se reúne con los suyos, entre ellos Francesc Homs y Jordi Turull, presidente del grupo parlamentario de Junts pel Sí. También le rodean otros colaboradores, a quien consulta, sea David Madí, o Pilar Rahola. Y mantiene una conexión estrecha con José Antich, el director de Elnacional.cat. Con todos ellos busca una salida al proceso soberanista, pero también una salida propia, a la espera de esa sentencia del Palau de la Música, que podría señalar a Convergència en la etapa en la que Mas dirigía el partido.

Esquerra lo observa todo con máximo detalle. Y marca distancias, las justas para no romper nada, por ahora. Y Marta Pascal trata de que el Pdecat no se le vaya de las manos, de forma ya definitiva.  

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Caso Palau
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