Mas se agarra a la movilización en la calle para forzar la consulta del 9N

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EXHIBICIÓN SOBERANISTA

 Artur Mas, en la ofrenda floral en el Fossar de les Moreres./EFE/Toni Albir

10 de septiembre de 2014 (23:34 CET)

Las urnas en la calle están descartadas por parte del President Artur Mas, pese a las presiones de Esquerra Republicana para que el 9 de noviembre haya una consulta sí o sí.

Pero Mas confía en que la calle, con movilizaciones masivas a partir de la Diada, que se celebra este jueves, haga reaccionar al Gobierno español y permita la consulta.

El gobierno catalán es consciente de que todas las partes ya han tomado una decisión, pero se acoge al fervor popular para dejar constancia, principalmente ante la Unión Europea, de que los catalanes –una parte, que se entiende mayoritaria—desea ser consultada sobre su futuro.

Artillería pública y privada

Con toda la artillería de la que dispone el Govern, con la participación de los medios de comunicación públicos, y algunos privados, como la radio del Grupo Godó, Rac1 –emite 30 horas seguidas entre este miércoles y el jueves los actos de la Diada—el Ejecutivo catalán buscará la movilización popular en las calles de Barcelona.

“El Gobierno aún está a tiempo de escuchar el clamor pacífico y democrático del pueblo catalán”, aseguró Mas en su mensaje institucional desde el Palau de la Generalitat.

Mas, en el Fossar de les Moreres


Mas, que participó en los actos de conmemoración del tricentenario de 1714 en el Fossar de les Moreres, un lugar simbólico para el movimiento independentista –es la primera vez que un Presidente de la Generalitat asiste—dispone de algunas bazas.

Son pequeñas, pero quiere aprovecharlas. Una es esa movilización, que se podría mantener entre el día en el que el Tribunal Constitucional admita a trámite el recurso del Gobierno a la ley de consultas –que se aprobará en el Parlament el día 19—y el 9 de noviembre.

La otra baza es la inyección de moral y el problema que se generaría en la Unión Europea si en el referéndum de independencia en Escocia, del día 18, ganan los partidarios del sí. Y eso es ahora probable, a diferencia de lo que mostraban los sondeos hace sólo unos meses.

¿Dos millones en la calle?

La Asamblea Nacional Catalana (ANC) espera reunir a dos millones de personas, formando la V, de victoria, en la confluencia de la Gran Via y la Diagonal de Barcelona. Aunque se deberá ser riguroso en las cifras, lo cierto es que la ANC ha alcanzado ya los 500.000 inscritos para formar esa V, y se prevé una masiva presencia de ciudadanos.

Mas sabe que una negociación no se gana en la calle, pero no desdeña la fuerza que ello pueda tener. En su mensaje institucional insistió en que “silenciar la voz de un pueblo que quiere hablar es un error; negar el voto a quien ve en las urnas la solución y no un problema es un error doble”.

Elecciones anticipadas

¿Qué ocurrirá? En una entrevista en France Press, Mas incidió en que “si el pueblo catalán quiere votar su futuro es prácticamente imposible de parar”. Y que, en todo caso, el voto se podría ejercer en unas elecciones al Parlament, que se le darían un carácter plebiscitario.

Aunque prima la idea de “hacer las cosas bien”, como repite el President Mas, en el movimiento independentista anida un ánimo de insurrección, y de que, en algún momento, se deberá saltar la legalidad.

A pesar del caso Pujol

Este mismo jueves, con motivo de la Diada Nacional de Catalunya, se podrá comprobar si el caso Pujol, si la posición firme del Gobierno español, han hecho mella o no en el movimiento soberanista.

El problema para Mas ahora es ofrecer un cauce institucional que, como ha ocurrido en el Reino Unido, pase por un acuerdo con el Gobierno central.

Mariano Rajoy aseguró, en el inicio del proceso soberanista, que todo iba a depender del momento en el que uno de los dos, el propio Rajoy o Mas, sufriría un temblor de piernas.

El vértigo hace acto de presencia

Este mismo miércoles, Rajoy, ante un ataque soberanista del democristiano Josep Sanchez Llibre, aseguró en el Congreso que no se iba a poner en peligro nada, y que si CiU no quería debilitar la economía –ese era, precisamente el argumento del diputado de la federación nacionalista para defender la consulta—lo mejor que podía hacer el Govern de Artur Mas era retirar la consulta.

El vértigo comienza a ser de envergadura.
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