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Puigdemont se abraza a Junqueras con un equipo de fieles soberanistas dispuestos a forzar el 1-O, mientras el líder de ERC ha anulado por completo al Pdecat

Barcelona, 15 de julio de 2017 (05:55 CET)

A la orden. Firmes. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha cumplido las exigencias de Oriol Junqueras. Los consejeros ‘tibios’ del Pdecat “han dado un paso al lado”. Se rodea de un núcleo de soberanistas sin fisuras, con dos piezas clave: Jordi Turull al frente de Presidencia y portavoz del Govern –un hombre de Artur Mas—y Joaquim Forn, al frente de Interior, un dirigente que formó parte del núcleo duro del ‘pinyol’, los jóvenes turcos que se agrupaban alrededor de Oriol Pujol Ferrusola. No hay dudas. Todos caminan como un solo hombre hacia el referéndum del 1-0. Es lo que quería Junqueras, aunque obedezca también a la convicción de Puigdemont.

Con la crisis de gobierno, Puigdemont ha querido, esta vez sí, pactar algunas cuestiones con su propio partido. Una es la inclusión de Forn en el Govern, que deja la presidencia del grupo municipal en el Ayuntamiento de Barcelona. Xavier Trias lo había señalado como posible candidato a la alcaldía, pero el Pdecat tiene otros planes. Para la formación que trata de liderar Marta Pascal, se trata de una buena decisión.

El Pdecat está con el 'president', pero ya piensa en cómo renacer a partir del 2 de octubre

La otra pieza, Turull, también se había convertido en un problema para el Pdecat. Como presidente del grupo parlamentario de Junts pel Sí, no iba en la misma dirección que el Pdecat. Fiel a Artur Mas, partícipe en sus conspiraciones, su entrada en el Govern es buena para Puigdemont y también para el Pdecat.

Puigdemont logra satisfacer a Junqueras, a él mismo y a su partido, e inicia la recta final hacia la convocatoria del referéndum, a la espera de que el Gobierno que preside Mariano Rajoy cometa algún exceso y eso provoque una reacción masiva de la sociedad catalana –no únicamente la que defiende la independencia—que obligue a una negociación.

Esa es la esperanza de Puigdemont. Junqueras empuja en esa dirección, y se muestra dispuesto a pagar con su carrera política, pero intuye que todavía quedan imponderables, situaciones no previstas, y su obsesión es que Esquerra Republicana se mantenga cohesionada y preparada para gobernar. Cuando toque. En breve, o en unos pocos meses.

Se trata ya de un ‘pase’  de Puigdemont a Junqueras, un relevo, con la búsqueda previa de un choque con el Gobierno central. Se trata de una especie de determinismo al que se ha prestado Puigdemont. Es la hora de los republicanos. Y, él personalmente, verá colmados sus deseos de encararse con el “Estado español”. Es el momento de su vida.

La esperanza de Puigdemont y de Junqueras es que el Gobierno cometa un exceso

Ahora, con un gobierno de ‘duros’, con consejeros que ya coordinará Junqueras, como responsable de todo el operativo del referéndum, con medidas que firmarán todos los miembros del Govern, la pelota está en el tejado de la Moncloa. A cada paso que haga el Ejecutivo catalán, Rajoy responderá. Sin excesos. De forma proporcional. Pero Puigdemont y Junqueras tratarán de que caiga en la tentación.

El escenario, pese a la complejidad, despeja algunas incógnitas. El Pdecat, formalmente, está con el “president”, pero ha querido salvar a sus particulares soldados Ryan: Neus Munté, Jordi Jané, o Meritxell Ruiz, que salen del Govern, además de Jordi Baiget. La voluntad de los principales dirigentes, con distintas responsabilidades institucionales, es la de “trabajar más que nunca por el partido”, pensando en el 2 de octubre.

Puigdemont saludó al 'presidente' Junqueras, como se comprobó con sus intervenciones constantes

Todos se desean suerte mutuamente. Pero ya hay caminos distintos. Los de Puigdemont, Turull y Mas, que quieren provocar un choque real con el Gobierno central, para que las ‘masas’ en las calles les resuelvan la papeleta; el camino de Junqueras, que cree en su proyecto soberanista, pero que intuye que es el momento de ERC al frente de la Generalitat, y el del Pdecat, que sólo busca cómo renacer de sus cenizas, desde la oposición y con un proyecto que le permita recuperar su espacio ideológico.

Todos han ido cumpliendo sus respectivos guiones. El Gobierno central lo sabe. Y lo monitoriza. Con calma.

Con disciplina, sin embargo, Puigdemont saludó ya al ‘presidente’ Junqueras en el Palau de la Generalitat, como se comprobó con las intervenciones constantes y clarificadoras del líder de ERC.

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