Turull y Rull, antes de entrar en prisión. EFE
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Con la investidura bloqueada, el independentismo opta por percutir en la batalla del relato, y los procesados empiezan a encararse con el juez Llarena

Barcelona, 18 de abril de 2018 (04:55 CET)

Tiene el bloqueo institucional visos de alargarse aún unas cuantas semanas, de manera que el soberanismo insiste en la única estrategia en la que ahora mismo están de acuerdo por un lado Carles Puigdemont y sus afines y por el otro, ERC y parte del Pdecat: la de seguir percutiendo, con más fuerza incluso que hasta ahora, en la línea de denunciar lo que entienden que es un retroceso democrático y un abusivo asedio judicial. Se trata de una guerra de desgaste y el objetivo es seguir socavando el crédito internacional del Estado.

Abonados a la guerra del relato que Puigdemont aboga por recrudecer, los líderes independentistas encarcelados han empezado a encararse con el juez Pablo Llarena. Si el domingo, el ex presidente de la Generalitat atacaba directamente al magistrado en la entrevista que le hicieron en TV3, la ronda de nuevas comparecencias de los procesados ha estado marcada por los reproches de todos ellos al magistrado.

La excepción a la nueva actitud desafiante de los procesados fue Joaquim Forn, que ha cambiado de abogado

El lunes fueron Jordi Sànchez, Jordi Cuixart i el ex vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, quienes le acusaron de "falta de objetividad" y de estar vulnerando sus derechos políticos a espalda de las recomendaciones de la ONU, y este martes, los ex consellers Josep Rull y Raül Romeva incidieron en esa misma línea, que supone un cambio de estrategia respecto de declaraciones anteriores. 

Especialmente duro se mostró Rull, que, según fuentes citadas por Efe, cuestionó la existencia de división de poderes en España. La excepción a la nueva actitud desafiante de los procesados fue Joaquim Forn, que ha cambiado de abogado (ahora le lleva Javier Melero, que también ha llevado la defensa de Mas), y que volvió a solicitar sin éxito su excarcelación. Habrá que ver cual es el tono de los tres acusados a los que les toca comparecer este miércoles: la vicepresidenta del Parlament, Carme Forcadell, y los ex consellers Jordi Turull y Dolors Bassa.

Si ERC discrepa de la apuesta puigdemonista por apurar plazos, sí comparte la de la batalla del relato

El caso es que, si ERC discrepa de la apuesta puigdemonista por apurar plazos, sí comparte la de la batalla del relato. De ahí que el presidente del Parlament, el republicano Roger Torrent, el de los encontronazos con el líder de Junts per Catalunya (JpC), tenga previsto pasar el miércoles y el jueves en Ginebra reuniéndose con miembros de Naciones Unidas, con la intención declarada de "defender los derechos políticos de todos los diputados y denunciar las ingerencias ilegítimas del Estado en el Parlament". 

También están de viaje los diputados de JpC, que se reúnen este miércoles en Berlín con Puigdemont. En ese encuentro se han de definir las líneas maestras a seguir en el mes que queda antes de que, el 22 de mayo, se agote el plazo para la investidura y ya la única opción sean unas elecciones que todos dicen querer evitar, aunque unos lo hagan con más convicción que otros.

La reforma de la ley de presidencia diseñada ad hoc para hacer posible una investidura a distancia del ex president sigue adelante

Los neoconvergentes seguirán amagando mientras tanto con la vía Puigdemont. Pese al intento del PP este martes en la Mesa del Parlament, la reforma de la ley de presidencia diseñada ad hoc para hacer posible una investidura a distancia del ex president sigue adelante. Eso sí, antes tendrá que emitir un dictamen el Consejo de Garantías Estatutarias, solicitado por el PSC, y que tiene que estar listo en el plazo de una semana.

En cualquier caso, la reforma no se ha metido en el órden del día del pleno convocado el miércoles de la semana que viene, otra sesión de trámite que servirá para validar finalmente el decreto que ha de permitir devolver este abril la paga extra del 2012 a los funcionarios. También en este asunto, como con la investidura, el bloque independentista ha optado por exprimir plazos, con la única intención de abonar lo único que florece mientras dura la parálisis: el relato.

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