Una mujer coloca lazos amarillos en las vallas que rodean el Palau de la Generalitat en cuya fachada permanecía, durante la noche del miércoles, la pancarta que pide la liberación de los políticos presos y un lazo amarillo, horas después de que el Síndic

Quim Torra fingió que desconocía la opinión del Síndic sobre los lazos

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El Síndic de Greuges comunicó a Torra su rechazo a los lazos en una reunión hace nueve días. El president prepara una nueva burla con los símbolos

Marcos Pardeiro

Economía Digital

Una mujer coloca lazos amarillos en las vallas que rodean el Palau de la Generalitat en cuya fachada permanecía, durante la noche del miércoles, la pancarta que pide la liberación de los políticos presos y un lazo amarillo, horas después de que el Síndic

Barcelona, 21 de marzo de 2019 (04:55 CET)

Quim Torra tenía desde hace más de una semana —desde el martes, día 12 de marzo— el pretexto que buscaba para retirar los lazos amarillos de la Generalitat llegada la hora crítica. Ese martes, 12 de marzo, se reunió con el Síndic de Greuges —el equivalente al Defensor del Pueblo en Cataluña—, Rafael Ribó, y abordó el tema de los lazos, puesto que la Junta Electoral había ordenado el día anterior (11 de marzo) la retirada de estos símbolos independentistas.

Torra conocía desde entonces el posicionamiento del Síndic de Greuges, partidario de atender la orden de la Junta Electoral, pero el presidente de la Generalitat optó por ganar tiempo y por agotar sus márgenes para presentar recursos y alegaciones. Emplazó, eso sí, a Ribó a mantener abiertos los contactos para tener siempre a su alcance un pretexto con el que justificar la retirada de lazos sin tener que someterse a la Junta Electoral (sino al Síndic).

El presidente de la Generalitat también quiso ganar tiempo con el propio Ribó, al que pidió que analizara los tipos de pancartas que cabía retirar, así como las instituciones que podían verse afectadas. La opinión del Síndic no varió respecto a su comunicación inicial, pero la cerró por completo el pasado viernes, 15 de marzo, y así la trasladó a Torra con un primer informe.

Aunque Torra conocía de sobras el criterio del Síndic, el presidente de la Generalitat fingió que no y ordenó a la portavoz de la Generalitat, Elsa Artadi, que comunicara este martes, 19 de marzo, que el gobierno catalán no tomaría una decisión sobre los lazos hasta conocer un informe del Síndic de Greuges. Evitó hacer público que ya el gobierno catalán ya tenía ese informe. 

Quim Torra oculta un informe

"Estamos esperando a que se manifieste el Síndic, a que diga si se debe actuar o no se debe actuar. Y, si se debe actuar, dónde, cuándo y sobre qué. Estamos esperando su recomendación. No tenemos fecha sobre cuándo se va a pronunciar", aseguró Artadi sin mencionar que el Síndic ya se había pronunciado en un primer informe que obraba en manos de Torra.

En realidad, la opinión del Síndic era sobradamente conocida desde el día 12: había que descolgar todos los lazos amarillos de las instituciones y había que hacerlo porque la instrucción de la Junta Electoral era incontestable, ya que se estaba vulnerando el principio de neutralidad institucional en tiempo preelectoral.

Torra buscó su propia épica desobediente desbordando los plazos de la Junta Electoral

Ninguno de esos argumentos del Síndic fueron comunicados a la opinión pública, aunque Torra los conocía de primera mano porque no sólo mantuvo conversaciones con Ribó, sino que recibió un escrito suyo. En paralelo, la Junta Electoral ordenó de nuevo al presidente de la Generalitat que diera instrucciones para retirar los lazos, pero Torra desoyó este requerimiento.

El presidente de la Generalitat quiso anotarse un gesto heroico y pidió al Síndic algunas clarificaciones (un segundo informe) para prolongar su pulso a las instituciones del Estado y, de paso, cruzó la línea de la desobediencia.

Torra buscó su propia épica: desbordó los plazos establecidos por la Junta Electoral, alargó el informe del Síndic y se encargó de dejar claro que sólo retiraría los lazos si así lo indicaba una institución catalana.

"El presidente de la Generalitat no ha dado ni dará ninguna orden como le había exigido la Junta Electoral Central. El Govern acordó el martes que, más allá de su voluntad política, se seguirán las recomendaciones de la Sindicatura de Greuges, manteniendo un pleno respeto a la libertad de expresión", aseguró este miércoles, a última hora, la oficina de comunicación de Torra.

La nueva burla de Quim Torra

Nótese el "pleno respeto a la libertad de expresión" porque aquí está el embrión de la próxima burla que planea la Generalitat. Con toda seguridad desparecerá la pancarta de apoyo a los políticos encarcelados y el lazo amarillo del Palau de la Generalitat, pero el gobierno de Torra está trabajando en un elemento sustitutivo.

Ideas no faltan: un lazo con otros colores, una lona de color amarillo, una iluminación especial de la fachada del Palau de la Generalitat... En definitiva, algo que demuestre que Torra no ha hincado la rodilla.

En paralelo, la Delegación del Gobierno en Cataluña asiste de forma muda a la desobediencia de Torra. Hasta ahora, ha evitado tomar la iniciativa y se ha parapetado detrás de la Junta Electoral, a la espera de que tomara nuevas decisiones.

Al cierre de este artículo, la pancarta de apoyo a los presos seguía colgada en el Palau de la Generalitat. Torra, no obstante, tramaba un cambiazo.

 

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