Rajoy arrincona a Mas pese al riesgo de la agitación soberanista

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El Gobierno focaliza el problema catalán en el President, que no quiso estar en el Congreso, a la espera de movimientos internos en CiU

El pleno del Congreso aplaude a Rajoy

08 de abril de 2014 (22:18 CET)

Cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le pidió consejo al líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, acerca del debate en el Congreso sobre el derecho a decidir, tenía claro el discurso que debía pronunciar este martes. Pero quería corroborarlo. Quería comprobar en qué situación se encuentran los dos principales partidos de ámbito estatal para afrontar el principal problema de la política española: el proyecto soberanista de Catalunya.

El PSOE propone una reforma de la Constitución, porque no es suficiente, y además puede ser contraproducente rechazar la consulta soberanista y cruzarse de brazos, sin más. Rajoy, en cambio, aunque este martes emplazó a quienes “quieren cambiar el nombre de España” a pedir una reforma de la Constitución, fue más contundente. Ni hubo oferta de mejora de la financiación, ni de un blindaje de competencias, ni otra cuestión concreta que no fuera una vaga invitación al diálogo.

¿Por qué no fue Mas al Congreso?


Rajoy se cerró en banda. La Constitución no le deja, a su juicio, ceder la competencia para convocar una consulta soberanista en Catalunya, que ese era el objeto real de la proposición de ley del Parlament que se debatió en el Congreso. No hubo nada. Rechazo y advertencias sobre qué podría pasar en una Catalunya independiente. Y las alusiones directas al President Mas fueron frecuentes por no haber asistido al Congreso.

¿Se equivocó Rajoy? Frente al presidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba insistió en que es vital que España, después de 35 años de democracia, pueda iniciar una reforma de la Constitución que posibilite un encaje de Catalunya, para seguir avanzando juntos. Rubalcaba coincidió, sin embargo, con Rajoy en el rechazo a la consulta, con un argumento jurídico y político que pretendía desarmar a los soberanistas, representados por el conseller Francesc Homs, que asistió al debate desde el palco de invitados en el Congreso.

No es una consulta, es un referéndum

Pero Rajoy ya ha tomado una decisión. El jefe del Ejecutivo hubiera querido un cuerpo a cuerpo con Mas, en el que habrían surgido propuestas políticas, al margen de la consulta. Fuentes del Gobierno aseguraron, tras el debate, que la estrategia de Mas fue equivocada, y que hubiera sido su momento.

Esa decisión, sin embargo, no estaba en manos de Rajoy. Pero le benefició. Rajoy arrinconó a Mas, al rechazar en varias ocasiones, y en referencia a diversas cuestiones, que Catalunya sufra una opresión. Y Rubalcaba reforzó esa idea al insistir en que una consulta que se reclama consultiva, “no lo es, porque políticamente sería vinculante”, y, por tanto, no podía apoyar un referéndum de autodeterminación.

Ese es el punto central en el que ni los diputados catalanes, Jordi Turull, Marta Rovira y Joan Herrera, supieron precisar. Tampoco el presidente del grupo de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, que incidió en que la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la declaración soberanista del Parlament permite esa consulta de forma paralela a una reforma de la Constitución.

La presión de la ANC preocupa, pero se asume

Pero el Gobierno no quiere moverse. Y en ese instante nace la incertidumbre. Rajoy ha vinculado el proceso soberanista en la figura de Mas. Lo hizo este martes, y lo seguirá haciendo. El diputado de CiU, Turull, le advirtió, en las réplicas posteriores, de que el proceso “lo secundan centenares de miles de personas”, y que el error de Rajoy será de escándalo si ignora esa cuestión.

Y lo que ocurre es que Rajoy no lo ignora. Lo acepta. Asume ese riesgo, con la convicción, y en eso el Gobierno tiene información de los propios dirigentes de CiU, de que el movimiento popular genera inquietud en las filas de la federación nacionalista. Las movilizaciones propuestas por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) cuentan con el beneplácito de las direcciones de CiU y de ERC, pero nadie tiene la certeza de que esa agitación soberanista lo acabe desbordando todo.

Lo curioso es que el propio Duran aseguró en su discurso que Rajoy había bloqueado cualquier salida al problema, aunque él mismo está muy preocupado por lo que pueda hacer la ANC.

Las europeas como termómetro

Mas acabó este martes en un rincón. El PP y el PSOE han rechazado que esa consulta pueda tener un encaje legal. Y esperan la reacción del President.

¿Y con qué riesgos? Las elecciones europeas pueden marcar un punto de inflexión. El Gobierno, según las mismas fuentes del Ejecutivo, quiere comprobar cómo le va a CiU. La federación nacionalista es el gran termómetro de Catalunya, pese al auge de Esquerra. Si CiU experimenta un descalabro, los nacionalistas podrían reaccionar.

En esa tesis se mueve el Ejecutivo de Rajoy. En esa posición contundente, asumiendo riesgos, y buscando con el PSOE cómo afrontar una posible reforma de la Constitución, pero pactando antes qué se quiere reformar.
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