Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en la reunión en la Moncloa. EFE-Ballesteros

Rajoy y Sánchez resucitan el bipartidismo

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El acuerdo entre Rajoy y Sánchez ante el contencioso catalán fortalece a ambos partidos, y deja fuera de juego a Ciudadanos y Podemos

Barcelona, 09 de julio de 2017 (05:55 CET)

Fue un encuentro largamente esperado. Incluso tuvo que empujarlo el Rey Felipe VI en su audiencia a Pedro Sánchez, que dejaba en evidencia el desdén de Mariano Rajoy con el líder de la oposición.

Cordialidad exhibida ante los medios de comunicación y ruedas de prensa de subalternos para dar cuenta del contenido de dos horas y media de entrevista. Acuerdos con matices que dejan incógnitas sobre la letra pequeña. Pedro Sánchez respalda al Gobierno en la defensa de la Constitución y de la legalidad, pero tácitamente exige a Mariano Rajoy que no se limite al recurso ante el Tribunal Constitucional.

¿Qué quiso decir Margarita Robles en su comparecencia ante los medios al indicar que si Rajoy no toma iniciativas políticas antes del 1 de octubre se reserva el derecho a promulgar iniciativas legislativas?

Quedó claro que la colaboración del PSOE con el Gobierno se reduce al contencioso catalán. El resto será un ejercicio responsable de la oposición –“oposición de Estado”, define Sánchez- que buscará erosionar a Mariano Rajoy en el camino para sacarle del Gobierno.

Pedro Sánchez tuvo tiempo durante la larga campaña de las primarias para redibujar su aspecto renovado como secretario general del PSOE. Eligió un traje de sastre, a la medida, que le permite impostar una actitud de hombre de Estado. Relaciones asimétricas con todos los partidos que le permiten ejercer una situación a la medida con cada uno de ellos.

La colaboración del PSOE con el Gobierno se reduce al contencioso catalán

Cercanía con Podemos, sin abrazos asfixiantes. Aparente coincidencia en la necesidad de sacar al Partido Popular del Gobierno, pero sin pasos en falso. Podemos quiere apuntarse a las mociones de censura. Pedro Sánchez no tiene prisa, consciente de que los números no cuadran y de que a corto plazo va a ocupar el escenario el desafío del referéndum independentista del 1 de octubre. Asumida la imposibilidad de la transversalidad por los vetos cruzados de Ciudadanos y Podemos, Pedro Sánchez espera sacar lo mejor para él de las relaciones con los dos partidos.

Si lo que indican las encuestas como tendencia es cierto, estar cerca de Podemos, pero no juntos, es la posición que le puede dar más rédito electoral al PSOE. Se han terminado los riesgos del sorpasso y lo que toca ahora es atraer al votante desconcertado o descontento con el liderazgo de Pablo Iglesias, que ejerce un cesarismo con el único contrapeso de liderazgo de Irene Montero.

PSOE y Podemos: la relación esencial radica en el acoso al PP en temas de corrupción.

Pedro Sánchez ha querido escenificar una relación diferente con Podemos y Izquierda Unida en su foto con Alberto Garzón que encontró en una proposición de ley para la eutanasia espacio para pactos bilaterales sin citar a Podemos.

Con Ciudadanos la relación esencial radica en buscar acuerdos para la regeneración democrática y el acoso al PP en temas de corrupción.

Esta estrategia le ha permitido a Pedro Sánchez situarse en el epicentro de un dibujo a medida como líder de la oposición.

Le niega al PP el pan y la sal, pero el apoyo condicional al Gobierno en la defensa de la Constitución apostilla ese bipartidismo renacido y rectifica, de hecho, la posición de Rajoy en la última campaña electoral en la que pretendió instalar la bipolaridad con Podemos para marginar al PSOE.

Sánchez le niega al PP el pan y la sal, pero apostilla un bipartidismo renacido

Mariano Rajoy rectifica y estructura una relación institucional con el PSOE reconociendo de hecho su carácter de líder de la oposición y, de paso, suaviza el rechazo que Pedro Sánchez tenía a cualquier reconocimiento de legitimidad del Gobierno.

La nueva relación de Sánchez con Rajoy es también un pequeño balón de oxígeno para el presidente en vísperas de momentos muy amargos marcados por el calendario judicial. Y muy especialmente ante la próxima comparecía del presidente en condición de testigo ante la Justicia por el caso Gürtell.

Hay que reconocer la habilidad con la que Sánchez ha tejido su uniforme de líder de la oposición. Una vez superadas aparentemente las secuelas de la batalla cainita de las primarias, la pacificación interior es la imagen de este PSOE renovado en donde ya no es rentable en clave interna una etiqueta radicalizada de izquierda.

El acuerdo de Sánchez y Rajoy debilita la posición de Podemos en el debate catalán

Con el nuevo diseño de relaciones asimétricas con los partidos del arco parlamentario, los desafíos son para Podemos. Pablo Iglesias está preocupado con el PSOE. Y el acuerdo de Sánchez y Rajoy también debilita la posición de Podemos en el contencioso catalán.

Del apoyo tácito al referéndum, al que hasta ayer etiquetaba Iglesias como “movilización legítima”, ha pasado a la confrontación con la organización catalana de Podemos que ha decidido participar en la consulta del 1 de octubre. Ahora Iglesias y Pablo Echenique descartan apoyar un “referéndum sin garantías”, haciendo una elipsis sobre su legalidad y afirmando su improvisación que deriva en esa falsa de garantías.

Es sabido que Iglesias nunca se siente concernido por las palabras con las que enumera sus compromisos. Pero el acuerdo alcanzado por Sánchez con Rajoy dibuja la existencia posible de una izquierda que considera imprescindible para promover el respeto y la defensa de la Constitución. Un cartucho que sitúa a Iglesias fuera del sistema.

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