El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante una reunión en el Palacio de la Moncloa con el líder de Podemos Pablo Iglesias./EFE

La línea roja de Pedro Sánchez: Iglesias no será ministro

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La exigencia del líder de Podemos de ser ministro choca frontalmente con las ideas de los socialistas

Economía Digital

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante una reunión en el Palacio de la Moncloa con el líder de Podemos Pablo Iglesias./EFE

Barcelona, 23 de junio de 2019 (10:59 CET)

El jefe de un partido político bajo las órdenes de otro jefe de un partido político. Eso es lo que los socialistas quieren evitar y por ello apuestan por un veto al líder de Unidas-Podemos, Pablo Iglesias, a cualquier ministerio. Así lo relatan distintas fuentes del entorno socialista. Pero la realidad es que pese a la remontada en escaños –el PSOE tiene 123– se encuentran lejos de los 176 necesarios para conseguir la mayoría absoluta. El mes de julio se acerca y los fantasmas de la repetición de elecciones empiezan a fondear entre el varado acuerdo de PSOE y Podemos

Iglesias exige entrar en el Gobierno de Pedro Sánchez como condición para negociar un acuerdo que allane la investidura del socialista. Casi dos meses después de las elecciones generales, la pugna Sánchez-Iglesias es el escollo que mantiene paralizadas las negociaciones entre sus dos formaciones. El presidente en funciones no quiere ni atado compartir mesa de Consejo de Ministros con Iglesias y éste insiste en formar parte del futuro Gobierno. Ambos están enrocados en su posición política, mientras todo el mundo aguarda la convocatoria del pleno de investidura, aún sin fecha.

Algunos medios apuntan que la ejecutiva socialista estaría dispuesta a ceder algún ministerio a Podemos pero se niegan en redondo a nombrar a Iglesias ministro. Se antoja inconcebible que los socialistas permitan al líder morado sentarse en la mesa del consejo de ministros. Aunque no todos los nombres morados suenan tan mal: algunos socialistas aceptarían un perfil más moderado dentro del ejecutivo, desde Juantxo López Uralde, a Manuela Carmena e Íñigo Errejón

Sánchez, que se agarra a la silla de presidente, es conocedor que no tiene todas las cartas encima de la mesa y por ello ha presionado intensamente a Albert Rivera para que se abstenga, ha amenazado con una repetición de elecciones y se ha reunido dos veces con Iglesias para intentar convencerle de que no es buena idea su empeño de ser ministro. Con Rivera no hay nada que hacer. Debilitado y todo –especialmente tras la escisión con Valls en Barcelona–, no facilitará la investidura del socialista. 

Las cifras lo dejan claro

La coalición de PSOE –con 123 escaños– y Podemos –con 42– no asegura la mayoría –situada en 175–. Y sabiendo que podemos no digiere bien eso de repetir elecciones –perdió más de un millón de votos en las últimas elecciones generales de 2016– asumen que si los comunes no aceptan la propuesta de Sánchez se abstendrán en la investidura.

El 28-A, Sánchez ganó ampliamente al PP –que sólo consiguió 66 escaños–, pero sin sumar mayoría con Unidas Podemos. El socialista deberá tener en cuenta las fuerzas independentistas catalanas y nacionalistas vascas –que suman 32 representantes– ya que todo apunta que van a ser fundamentales para extender su mandato.

Por su parte, las tres derechas –PPCiudadanos y Vox– se quedaron cortas con 147 escaños, pero sin intención  alguna de colaborar con el grupo mayoritario, mientras que canarios (2 escaños), navarros (2 diputados), el representante cántabro y el valenciano, aumentan su carácter estratégico.

La ausencia de fecha para la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno tiene bloqueadas la capacidad legislativa y de control del Congreso, lo que ha generado en los grupos una fractura entre los partidarios de esperar lo que sea necesario hasta que haya Ejecutivo y los que consideran que el tiempo de "cortesía" para buscar apoyos se está agotando.

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