La presión hospitalaria en Cataluña supera hasta 200 veces la de País Vasco y Galicia antes de sus elecciones

Un mes antes de sus elecciones, País Vasco tenía menos del 4% de las muertes por Covid-19 registradas en Cataluña en la última semana

La consejera catalana de Salud, Alba Vergés, y el coordinador de la unidad de seguimiento de Covid-19 en Cataluña, Jacobo Mendioroz, en una rueda de prensa el 11 de enero de 2021 | Premsa/Generalitat de Catalunya

La consejera catalana de Salud, Alba Vergés, y el coordinador de la unidad de seguimiento de Covid-19 en Cataluña, Jacobo Mendioroz, en una rueda de prensa el 11 de enero de 2021 | Premsa/Generalitat de Catalunya

Insiste la Generalitat que los datos epidemiológicos serán esenciales para tomar la decisión sobre si aplazar o mantener las elecciones del 14 de febrero. Mientras, desde la oposición surgen voces no solo contrarias al aplazamiento, sino también seguras de que la evolución actual del coronavirus en Cataluña no es peor que la de otros momentos de la pandemia.

El diputado del PSC en el Congreso, José Zaragoza, en una entrevista este martes, afirmó que su formación cree que no hay razón epidemiológica “porque no son los mismos datos que en los periodos más complicados” de la emergencia sanitaria. “Estos datos reflejan que hay que tomar medidas que se han tomado y medidas para celebrar elecciones con seguridad”.

Los socialistas catalanes, cuya cabeza de cartel es Salvador Illa —aún ministro de Sanidad y máximo responsable nacional de la gestión de la Covid-19—, acusan al Govern de estudiar el posible retraso de los comicios “en función de sus intereses electorales”. Su lectura es que ERC y JxCat temen una victoria del PSC y se parapetan en la tercera ola para evitarla.

La posible dilación electoral en Cataluña —que lleva ya más de un año al borde del asiento ante su inevitable reencuentro con las urnas tras la atropellada administración del cesado Quim Torra— se decidirá este viernes. El Govern se reserva la última palabra, pero mantendrá reuniones con técnicos y con los partidos que concurrirán para recabar sus posiciones.

No solo el PSC es contrario a la suspensión. Vox tampoco se ha mostrado de acuerdo. Por su parte, Catalunya en Comú, la CUP, Ciudadanos, PPC y el Pdecat optan por la prudencia desde distintas percepciones pero en general pidiendo al Govern garantías para que las elecciones se celebren el 14-F o coraje para aplazarlas si los criterios sanitarios lo ameritan.

El ministro de Sanidad, el candidato Illa, aún no se ha pronunciado. Pero desde Madrid su Ministerio ha transmitido preocupación porque en España la curva es “claramente ascendente”, lo que se corresponde con la previsión del Govern de que el 29 de enero, cuando en principio debe iniciar la campaña electoral, Cataluña no estará “mejor que ahora”.

Íñigo Urkullu, lehendakari, en un acto de campaña a las elecciones vascas | EFE/Archivo

¿Hay razones epidemiológicas?

Las declaraciones de José Zaragoza del PSC no tienen respaldo en el historial de la pandemia en España. Los datos de coronavirus actualmente, contrario a lo que el diputado sostiene, sí son peores que los de otros momentos delicados de los últimos diez meses. Las diferencias entre este escenario preelectoral catalán y el de Galicia o País Vasco son inmensas.

Los gallegos y vascos salieron a votar el pasado 12 de julio, después de que en marzo los presidentes autonómicos Alberto Núñez Feijóo e Iñigo Urkullu decidiesen aplazar las elecciones inicialmente convocadas para el 5 de abril. Aquellas votaciones transcurrieron sin vestigios de que favorecieron un aumento de contagios en esas comunidades.

En la semana antes de esos comicios, varios brotes pusieron en jaque la convocatoria y las comunidades resolvieron no dejar votar presencialmente a los contagiados activos de Covid-19 para mantener la cita con las urnas. También es cierto que las cifras de coronavirus en esas regiones eran excesivamente diferentes a las que hay actualmente en Cataluña.

El 11 de junio, un mes antes de las elecciones, Galicia computaba un solo ingreso hospitalario por Covid-19 en la última semana, y País Vasco cinco, según los informes de Sanidad. En ninguna comunidad se habían notificado ingresos en UCI en los últimos siete días. La Consejería de Sanidad vasca sumaba otros dos muertos durante ese periodo, y la gallega ninguno.

Un cuadro muy distinto al que tiene actualmente Cataluña, a poco más de un mes del 14-F. Según Sanidad, al 12 de enero de 2021 en la región hay 249 casos de Covid-19 que precisaron hospitalización en los últimos 7 días, y 16 que tuvieron que entrar en la UCI. Asimismo, en la última semana murieron en la comunidad al menos 55 personas.

La diferencia entre las hospitalizaciones en Galicia a un mes de sus elecciones y Cataluña actualmente es de más del 200%. Los muertos en País Vasco para entonces representaban menos del 4% de los fallecimientos que ha sumado Cataluña en esta última semana. Sin duda, la presión de la Covid-19 ante unas y otras elecciones era mucho más leve en junio que ahora.

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, aguarda en la fila antes de votar en Vigo, el 12 de julio de 2020 | EFE/SS/Archivo
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, aguarda en la fila antes de votar en Vigo, el 12 de julio de 2020 | EFE/SS/Archivo

Incidencia de Covid-19 disparada en Cataluña

Los anteriores son los datos que se pueden comparar de forma más realista, en el tanto mucho ha cambiado en los últimos seis o siete meses. Ahora se detectan muchos más casos y en los centros sanitarios entienden mejor la enfermedad. Además, aunque el ritmo no ha sido hasta ahora el óptimo, la vacunación ya ha echado a andar.

Por estos y otros motivos es de poca ayuda comparar datos como la cantidad de contagios diagnosticados diaria, semanal o mensualmente. Pero, teniendo eso en cuenta, igualmente es impresionante observar la incidencia del virus a un mes de las elecciones en Galicia y País Vasco, y su dinámica actual en Cataluña, cuando se debate sobre si conviene salir a votar.

El 11 de junio de 2020, Galicia tenía una incidencia acumulada de 0,93 casos de coronavirus detectados por cada 100.000 habitantes. La de País Vasco era de 4,48 puntos. Cifras con las que las autoridades sanitarias ni sueñan desde hace meses, tanto en Cataluña como en el resto de España, que para entonces tenía una alucinante incidencia de 10,36 puntos.

La incidencia acumulada en Cataluña es de 523,95 casos por cada 100.000 habitantes al 12 de enero de 2021, y la de España era de 454,22 puntos. El Gobierno entiende que para dar por controlada la pandemia este indicador tiene que estar por debajo de 25 puntos. En Cataluña supera 21 veces ese umbral, y 117 veces la incidencia vasca un mes antes de sus comicios.

Cuando los gallegos y vascos fueron a las urnas, el 12 de julio pasado, el último informe de Sanidad cifraba en 8,85 y 7,79 casos sus respectivas incidencias acumuladas a 14 días. En Galicia, seis personas habían sido hospitalizadas en la última semana y una tuvo que ir a la UCI. En País Vasco se sumaron otros siete ingresos hospitalarios, ninguno grave de UCI.

Dos semanas después, el 27 de julio, la incidencia acumulada de País Vasco subía a 66,13 puntos, y la de Galicia se mantenía estable en 6,63. Ese informe de Sanidad cifraba en 9 los ingresos hospitalarios semanales en Galicia (uno en UCI) y 21 en País Vasco (uno en UCI), donde también había muerto una persona en los últimos siete días.

En algún momento después de esas elecciones autonómicas, y por motivos que ninguna autoridad sanitaria ha vinculado a la celebración de esos comicios, dio inicio la segunda ola de coronavirus. Una ola que, al igual que sucede ahora con la tercera, mostró cómo datos epidemiológicos como los que vimos en junio y julio pueden llegar a parecer casi una fantasía.