Escáner de reconocimiento facial

Nuevos datos: el reconocimiento facial, una amenaza para la seguridad

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A medida que aumentan las capacidades de la tecnología en los sistemas de seguridad y de pagos electrónicos, aumentan las posibles vulnerabilidades

Barcelona, 22 de diciembre de 2019 (18:09 CET)

Cada vez es más común el reconocimiento facial en la vida cotidiana de las personas a modo de sistema de seguridad. Hay países, como Pekín, en los que este método se ha instalado en actividades como facturar en un aeropuerto o acceder al metro. Y los pagos es algo a lo que va cada vez más ligado.

Sin embargo, ya hay especialistas que reniegan de ésta práctica. Daniel Hu, cofundador y actual vicepresidente de XH Smart Tech, no cree en la fiabilidad de estos sistemas. “No son seguros. Los algoritmos de reconocimiento facial aún están en la infancia, y tienen una precisión muy baja si se compara con los sensores de huellas dactilares, que han evolucionado a lo largo de varias generaciones”, cuenta el ingeniero a El País. De momento, los pagos que van con reconocimiento facial no utilizan solo ese tipo de reconocimiento sino que lo complementan con algunos dígitos.

Se han realizado pruebas que demuestran que éstos métodos no son del todo seguros para los datos. Concretamente, la empresa de inteligencia artificial Kneron hace unos días destapó las carencias del reconocimiento facial utilizando máscaras de silicona al estilo de la saga de Misión Imposible. “Si esto ocurre con las empresas grandes, en el caso de las pequeñas es mucho más preocupante. Muchas utilizan en sus productos algoritmos descargados de Internet que están llenos de agujeros, y sus ingenieros ni siquiera se molestan en parchearlos o en mejorar el código. Eso por no mencionar que muchos aparatos que nunca se actualizan después de haber sido adquiridos por el usuario”, concluye Hu.

Las grietas en la seguridad del Internet de las Cosas

“Cualquier sistema que no se actualice al menos una vez al año, aunque esté encriptado, supone un grave riesgo de seguridad y pone en peligro todos nuestros datos, incluso los biométricos”, añade. Por estos motivos, hay lugares donde ya se ha dejado de utilizar. Por ejemplo, una importante cadena de bollería en Shanghái, reconoce que ya no usa el terminal de reconocimiento facial porque, como explica una cajera, “casi nadie lo utilizaba y a algunos clientes no les gustaba la idea de tener una cámara grabándoles en el momento de pagar”.

En cadenas de supermercados como Carrefour sí que está disponible, pero solo lo utiliza una minoría porque los demás prefieren pagar con el móvil. Hu va más allá y asegura que “el 99% del hardware en las infraestructuras públicas y en los entornos domésticos no es seguro”. En su opinión, los hackers pueden encontrar con la dirección IP y acceder con cierta facilidad a la totalidad de la información de la red.

“La expansión de la domótica, sumada a la dejadez de marcas y de usuarios que no actualizan el software, puede crear verdaderos problemas de seguridad con la llegada del Internet de las Cosas”, comenta. Por eso, muchas empresas apuestan por combinar sistemas biométricos con sistemas de encriptación de datos.

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