El director de Google, Sundar Pichai, en la conferencia anual de la empresa I/O, en California. Foto: EFE/JGM
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Google combate las cookies y otros métodos publicitarios que atentan contra la privacidad en internet, y de paso se garantiza su dominio en el sector

Alessandro Solís

Economía Digital

El director de Google, Sundar Pichai, en la conferencia anual de la empresa I/O, en California. Foto: EFE/JGM

Barcelona, 13 de mayo de 2019 (04:55 CET)

Google domina el mercado de la publicidad online, con una cuota del 38% en 2018, por encima de Facebook (el 22%) y Amazon (el 7%). El resto se lo reparten otras tecnológicas y redes sociales, así como medios de comunicación que gestionan directamente sus ingresos publicitarios. Y cuando Google toma una decisión, los demás tiemblan.

Eso es precisamente lo que sucedió esta semana, cuando la empresa anunció mejoras en el navegador Chrome que comportarán cambios en el negocio de la publicidad. Google, como sus pares, quiere sacudirse de las acusaciones al sector tecnológico por desatender el derecho a la privacidad de los usuarios de internet, y da la casualidad que le es rentable.

Google Chrome carga contra las cookies

En su conferencia anual I/O, la multinacional estadounidense anunció que dará a los usuarios más herramientas para controlar las cookies que los sitios web dejan en sus ordenadores y dispositivos móviles. Las cookies son pequeños paquetes de información que se guardan en el navegador y que pueden ser tan útiles como perjudiciales para los usuarios.

Las cookies son uno de los instrumentos favoritos del sector de la publicidad online, pero las webs deben solicitar permiso a los usuarios para instalarlas en sus navegadores. Algunas cookies son buenas porque recuerdan datos de acceso y cargan secciones de las páginas rápidamente, pero otras se usan para rastrear la actividad de los consumidores en otros sitios.

De igual manera, Google prometió que combatiría el "fingerprinting", una práctica todavía más cuestionable que es utilizada frecuentemente para monitorizar a los usuarios de ciertas plataformas. Uber, por ejemplo, fue acusada de tirar de este mecanismo para hacer perfiles de sus clientes basados en sus datos y su actividad en línea.

Los perfiles creados con "fingerprinting" y la información que aportan las cookies menos benignas ayudan a los publicistas a vender espacios publicitarios en línea. Muchos medios de comunicación, por ejemplo, tiran de las cookies para transmitir a sus anunciantes el tipo de lectores que tienen, su poder adquisitivo, sus intereses y demás.

Google se frota las manos

Ahora, Google quiere facilitar a los usuarios la tarea de discernir entre cookies buenas y malas. Chrome empezará a mostrar si una cookie conviene borrarla o si es mejor mantenerla entre los archivos, garantizando una mayor privacidad a los usuarios y obligando a los desarrolladores a especificar el tipo de cookies que ponen en sus plataformas.

Es, digamos, una buena noticia para los usuarios, especialmente para quienes flipan cuando Google les muestra un anuncio de un producto que vieron en otra plataforma (por poner un ejemplo). Los usuarios podrán borrar las cookies malas y dejar las buenas, y se supone que con ello debería aumentar la confianza en las tecnológicas y los portales web.

Pero esta es una doble baraja de Google, en la que gana por un lado y también por el otro. "Las nuevas herramientas de Google pueden arruinar la habilidad de los negocios publicitarios digitales más pequeños para vender anuncios", explica Mashable. Y, si los anunciantes dejan de contar con estos agentes secundarios, seguramente acudirán a Google.

Si estas empresas –entre las que destacan los medios digitales– no pueden aprender información sobre su audiencia digital, los anunciantes querrán ir a la segura, con alguna de las grandes plataformas, como Google, Facebook o Amazon. Y, mientras tanto, Google no se pone a sí misma normas rígidas para dejar de compilar información de sus usuarios.

¿Quién dijo que no se podía tener todo en la vida? Ciertamente, Google no.

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