Fotografía: Gregory Hayes

Qué es la economía digital y por qué interesa (y afecta) a todos

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La economía digital pronto será la economía común, a medida que se incremente la adopción y aplicación de las tecnologías digitales en todos los sectores

Brian Armstrong, catedrático de Negocios Digitales en la Escuela de Negocios Wits, Universidad de Witwatersrand.

Fotografía: Gregory Hayes

Madrid, 24 de enero de 2020 (14:02 CET)

La economía digital ha recibido mucha atención, con titulares cada vez más impactantes que describen escenarios apocalípticos y sobrecogedores. Algunos advierten de la pérdida de puestos de trabajo debido a la automatización, otros se preguntan qué puede hacer la tecnología digital. Y luego hay un verdadero escepticismo sobre si esto se traducirá en beneficios para las personas que más lo necesitan.

Sin embargo, con todo este debate, rara vez se explica qué es realmente la economía digital. ¿Qué la hace diferente de la economía tradicional? ¿Por qué deberíamos interesarnos por ella?

La economía digital es un término que se refiere al impacto de la tecnología digital en los modelos de producción y consumo. Esto incluye la forma en que se comercializan, intercambian y compran los bienes y servicios.

El término evolucionó a partir de la década de 1990, cuando la atención se centró en el impacto de Internet en la economía. Después se amplió para incluir el surgimiento de nuevos tipos de empresas con vocación digital y la aplicación de nuevas tecnologías.

Hoy en día el término abarca un vertiginoso conjunto de tecnologías y su aplicación. Esto incluye la inteligencia artificial, la Internet de las cosas, la realidad aumentada y virtual, la computación en nube, blockchain, la robótica y los vehículos autónomos.

Actualmente se considera que la economía digital incluye todas las partes de la economía que aprovechan el cambio tecnológico que conduce a la transformación de los mercados, los modelos de negocio y las operaciones cotidianas. Por lo tanto, abarca desde los sectores tradicionales de la tecnología, los medios de comunicación y las telecomunicaciones hasta los nuevos sectores digitales. Estos incluyen el comercio electrónico, la banca digital e incluso sectores "tradicionales" como la agricultura o la minería o la industria, que se están viendo afectados por la aplicación de tecnologías emergentes.

Entender estas dinámicas se ha convertido en algo indiscutible. La economía digital pronto será la economía común, a medida que se incremente la adopción —y aplicación— de las tecnologías digitales en todos los sectores.

He formado parte de un equipo de investigadores que analizan lo que esto significa para una sociedad como la de Sudáfrica. En particular, nos hemos centrado en examinar lo que la propagación de la economía digital significa para la inclusión —asegurándonos de que todo el mundo pueda acceder a ella— y las oportunidades económicas.

Pero el primer paso es tener totalmente claro lo que es este fenómeno multidimensional.

El núcleo digital

En el centro de la economía digital se encuentra un "núcleo digital". Esto incluye a los proveedores de tecnologías físicas como semiconductores y procesadores, los dispositivos que hacen posible —como ordenadores y teléfonos inteligentes— el software y los algoritmos que funcionan en ellos, y la infraestructura de apoyo que hacen que estos dispositivos pueda acceder a Internet y las redes de telecomunicaciones.

A esto le siguen los "proveedores digitales". Son las entidades que utilizan estas tecnologías para proporcionar productos y servicios digitales como pagos móviles, plataformas de comercio electrónico o soluciones de aprendizaje automático.

Por último, están las "aplicaciones digitales". Esto incluye a las organizaciones que utilizan los productos y servicios de los proveedores digitales para transformar la forma en que llevan a cabo sus negocios. Algunos ejemplos son los bancos virtuales, los medios digitales y los servicios de gobierno electrónico.

Un ejemplo concreto. Considere una explotación agrícola corriente: un pequeño agricultor necesita recursos (como financiación) para producir y luego vender sus cultivos a, por ejemplo, empresas mayoristas o directamente a los consumidores. Hoy en día los pequeños agricultores pueden obtener financiación a través de sus teléfonos móviles, accediendo a prestadores de servicios financieros digitales en lugar de visitar físicamente un banco. Estos servicios financieros digitales pueden evaluar el riesgo de otorgar un préstamo al agricultor mediante la creación de un perfil utilizando algoritmos de IA junto con conjuntos de datos alternativos, como por ejemplo imágenes por satélites de la explotación agrícola.

También el uso de móviles puede ayudar a los agricultores a producir mejores cosechas. Pueden recibir asesoramiento sobre el mejor momento para la siembra, sobre la calidad del suelo o relativo al tratamiento de las plagas. Esto significa que un agricultor ya no tiene que depender del consejo cara a cara de conocidos o de profesionales.

Otro ejemplo en el ámbito de la agricultura es la capacidad de los agricultores de alquilar tractores. Las conocidas como plataformas bienes compartidos permiten a los agricultores acceder a un tractor que de otro podo no podrían permitirse.

Lo digital frente a lo tradicional

Entonces, ¿qué es lo que hace que la economía digital sea diferente a la economía tradicional?

En primer lugar las tecnologías digitales permiten a las empresas hacer sus negocios de manera diferente, además de más eficientemente y con mayor rentabilidad. También abren un sinfín de nuevas posibilidades. Por ejemplo, las aplicaciones de navegación GPS. Nadie sería capaz por sí mismo de disponer de un servicio de navegación en tiempo real y consciente del tráfico de la misma forma en que lo hacen las apps de los smartphones.

Esto significa que los productos y servicios pueden ofrecerse a más consumidores, especialmente a aquellos que antes no podían ser atendidos.

En segundo lugar estos efectos están dando lugar a estructuras de mercado completamente nuevas que eliminan, entre otras cosas, los costes de transacción en los mercados tradicionales. El mejor ejemplo de ello es el auge de las plataformas digitales como Amazon, Uber y Airbnb. Estas empresas conectan a los agentes del mercado en un mundo virtual. Proporcionan los precios más adecuados y promueven la confianza entre desconocidos.

Por último, la economía digital se nutre de —y genera— enormes cantidades de datos. Anes, cuando hacíamos comprábamos en tiendas físicas usando dinero en efectivo, nadie llevaba la cuenta de nuestro consumo personal o de los movimientos financieros cotidianos. Ahora, al hacer pedidos por internet y pagar electrónicamente, muchos de nuestros consumos y movimientos generan datos que alguien guarda en algún lugar.

El cotejo y análisis de estos datos ofrece enormes oportunidades —como también riesgos— para transformar la forma en que se timan numerosas decisiones económicas.

La economía digital está con nosotros. Sin embargo, las fronteras entre lo digital y lo tradicional se están desdibujando a medida que el cambio tecnológico impregna todas las facetas de la vida moderna. Todos necesitamos comprender la naturaleza de este cambio para poder responder a todos los niveles: social, corporativo y personal.

La iniciativa Sudáfrica en la Era Digital ha sido convocada por Genesis Analytics en asociación con el Instituto Gordon de Ciencias Empresariales y la Comisión de Caminos hacia la Prosperidad de la Universidad de Oxford. Se trata de una iniciativa de múltiples interesados que ha desarrollado una estrategia de economía digital orientada al futuro para el país.

La iniciativa Sudáfrica en la Era Digital ha sido impulsada por Genesis Analytics en asociación con el Instituto Gordon de Ciencias Empresariales y la Pathways for Prosperity Commission de la Universidad de Oxford. Se trata de una iniciativa de múltiples participantes que desarrolla una estrategia de economía digital a futuro para el país. The Conversation

Brian Armstrong es profesor de la Cátedra de Negocios Digitales en la Escuela de Negocios Wits, Universidad de Witwatersrand.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation bajo licencia Creative Commons. Lea el original.

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