Los prostíbulos de robots ya son una realidad. En la imagen, la robot sexual Samantha junto a Arran Squire, uno de sus creadores. Foto: ITV/This Morning

La androide sexual creada en Barcelona aprende a decir "no es no"

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Actualizan el software del robot sexual Samantha para que pueda dar su consentimiento o negarse a tener relaciones en caso de no tener ganas

Alessandro Solís

Economía Digital

Los prostíbulos de robots ya son una realidad. En la imagen, la robot sexual Samantha junto a Arran Squire, uno de sus creadores. Foto: ITV/This Morning

Barcelona, 21 de junio de 2018 (17:50 CET)

¿Ha llegado el derecho al consentimiento finalmente a la robótica? Según la empresa Synthea Amatus, el software de su famoso robot sexual Samantha ha sido actualizado para que sea capaz de decir "no" si en un momento dado no quiere tener relaciones sexuales.

El ingeniero Sergi Santos, basado en Barcelona, explicó a The Daily Mail que su androide Samantha podrá entrar en modo "estático" en ciertas situaciones, como cuando sus sensores detecten que está siendo tocada de forma agresiva o irrespetuosa, por ejemplo.

Incluso si se aburre de los flirteos de su "dueño" o si siente que este no hace el esfuerzo suficiente para ganar su atención, Samantha puede negarse a tener sexo, como lo demostró frente a un panel de observadores en el Reino Unido.

Pese a la primera impresión causada por un robot que da el consentimiento, los motivos de Santos quizá no sean los más "feministas"; esta actualización en el software está pensada principalmente para satisfacer al hombre, como suele ser el caso en la mayoría de productos sexuales.

El robot sexual Samantha tendrá un precio ligeramente superior a los 4.000 euros

"Los hombres quieren sentir que en general la mujer está desesperada por tener sexo con ellos y muchos hombres prefieren no tener sexo si sienten que la mujer no lo va a disfrutar por completo", explicó el creador de la muñeca al diario británico.

Lo cierto del caso es que Samantha necesitará sentirse en un ambiente de romance apropiado para seguir adelante con el acto sexual. Si su "dueño", por ejemplo, toca directamente su punto G artificial sin el menor coqueteo, la androide apagará sus funciones sexuales y se quedará inmóvil.

"Extensión de la pornografía"

Samantha fue aparentemente creada a imagen y semejanza del prototipo de mujer perfecta de Santos y sigue todos los cánones de belleza impuestos al género femenino desde tiempos inmemoriales: cintura delgada, pechos grandes, cabello de sirena, ojos claros, bronceado sutil y extremidades delgadas.

La androide sexual es tan solo una de las humanoides de esta categoría que causan revuelo en el mundo. Se espera su llegada al mercado pronto, a un precio ligeramente superior a los 4.000 euros.

La creación de Santos ha ganado críticas por parte de una campaña en contra de los robots sexuales, pues su fundadora Kathleen Richardson alega que son "una extensión de la pornografía y la prostitución".

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