Los pueblos más bonitos del Alentejo: castillos, casas blancas y cerámica multicolor en el Portugal más auténtico

De tranquilas villas a orillas de lagos a pueblos-fortaleza encaramados sobre colinas, te proponemos una ruta para conocer el Alentejo a través de sus joyas de interior

Monsaraz, uno de los pueblos más bonitos del Alentejo. Foto: Nelson Carvalheiro.

Durante siglos tierra de frontera y paso, muchos de los pueblos del Alentejo se construyeron como auténticas villas-fortaleza en lugares protegidos y elevados, bien guardados por murallas y castillos. Especialmente en el interior de la región, que encontramos al sur de Portugal, entre el río Tajo y el Algarve y que también tiene litoral –con algunas de las mejores y más salvajes playas del país-, entre llanuras y sierras, encinares y viñedos, estos son algunos de los pueblos más bonitos del Alentejo para una escapada en cualquier momento del año.

Monsaraz

Encontramos esta joya vestida de blanco a la orilla derecha del Gran Lago Alqueva, una impresionante lámina de agua de 250 km2 sobre el Guadiana.

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Con privilegiadas vistas al lago y un buen puñado de miradores desde los que observar el paisaje y hacer fotografías sin parar, Monsaraz se eleva en lo alto de una colina que sus antiguos moradores convirtieron en una fortaleza defensiva.

Monsaraz. Fotos: Turismo Alentejo.
Foto: Turismo Alentejo.

Tras sus murallas medievales, se despliega su patrimonio: callecitas de piedra con casas encaladas, la iglesia de Nossa Senhora da Lagoa, el edificio de los Antiguos Palacios de la Audiencia y, por supuesto, su castillo del siglo XII que conserva su hermosa Torre del Homenaje.

Imprescindible también recorrer sus tiendas de artesanía, que lucen hermosas piezas de cerámica y las tradicionales mantas de lana de Monsaraz, y abandonarse a la gastronomía alentejana, con platos estrella como la açorda alentejana y las migas, que pueden ser de espárragos silvestres con huevos o de cerdo, el guiso de cordero o los platos de caza preparados con conejo, liebre, perdiz o jabalí.

En los alrededores continúan los planes: desde la playa fluvial de Monsaraz, con Bandera Azul, y su Centro Náutico, desde donde parten paseos en globo por el embalse, a un recorrido en globo.

La artesanía es un atractivo más de la región. Foto: Turismo Alentejo.

Muy recomendable también degustar el vino regional en bodegas como Herdade do Esporão -que cuenta también con un excelente restaurante de cocina de terroir- y recorrer los restos megalíticos del Crómlech de Xerez.

Cuando cae la noche llega otra agradable sorpresa: sus cielos, parte de la Reserva Dark Sky debido a debido a su baja contaminación lumínica y al número de noches con cielos despejados, permiten disfrutar de increíbles noches estrelladas.

Herdade do Esporão, en Reguengos de Monsaraz.

Marvão

Otro de los pueblos que merecen el calificativo de los más hermosos del Alentejo (y de toda Portugal) es Marvão. A pocos kilómetros de la frontera con España, Castelo de Vide y Portalegre, la villa nos espera encaramada sobre un promontorio a 850 metros sobre el nivel del mar.

De laderas accidentadas al norte, sur y oeste, y con acceso únicamente por el lado este, su propia ubicación lo convirtió en un punto de defensa estratégico, y reyes y conquistadores construyeron y reforzaron su posición con un hermoso castillo e imponentes murallas que encierran historias de legado visigodo, musulmán y cristiano.

La imponente Marvao. Foto: Nelson Carvalheiro.

Esos mismos puntos son hoy un lugar ideal para disfrutar de una panorámica de la Sierra de São Mamede cuando se pone el sol, con vistas especialmente impactantes desde la Torre del Homenaje y la Pousada de Santa Maria, que además es un buen lugar pasar la noche y saborear la gastronomía regional.

En el interior de las murallas, callecitas estrechas salpicadas de arcos góticos, ventanas manuelinas, balcones de hierro forjado y todo tipo de encantadores rincones, entre los que merece la pena detenerse en la iglesia de Santa Maria, transformada en Museo Municipal, la Iglesia de Santiago, la Capilla renacentista del Espíritu Santo y el Convento de Nuestra Señora de la Estrela, este último fuera de las murallas.

Las tabernas locales son el mejor refugio para relajarse delante de un vino y unas olivas, un poco de queso o embutidos locales.

La gastronomía alentejana es otro placer imprescindible.

Entre sus curiosidades, la Fiesta de la Castaña, que se celebra en noviembre, con más de 30 años de historia a sus espaldas y que supone una magnífica oportunidad de conocer (y comer, claro) los productos más típicos de la región: aceite, vino, mermeladas y todo tipo de dulces elaborados con castañas.

Mértola

De nuevo nos asomamos al Guadiana para conocer Mértola. Antigua ciudad romana, capital de un reino árabe, del que guarda importantes vestigios, y primera sede de la Orden de Santiago, la localidad ha escrito páginas importantes de la historia portuguesa.

Mértola, otro pueblo encaramado en una colina. Foto: Turismo Alentejo.

Considerada una ‘villa museo‘ tras importantes trabajos arqueológicos, Mértola es actualmente un precioso pueblo que conserva su trazado medieval mientras en diferentes puntos se deshojan otros capítulos de su pasado. Por ejemplo en el Ayuntamiento, la Myrtlis romana; en la Torre de Homenaje del Castillo (con una vista fabulosa de las orillas del río), de la época preislámica; en el museo Islámico, un una de las colecciones más importantes del mundo de este periodo; en la iglesia Matriz, los arcos de herradura y el mihrâb que pertenecieron a la vieja mezquita del siglo XII, que conviven con la puerta renacentista y las torres cilíndricas ya construidas para su uso como templo cristiano.

Durante siglos se consideró la fortaleza de Mértola la más inexpugnable del occidente de la península

Sus casitas de detalles amarillos y azules y adornadas con flores conducen al castillo, que durante siglos se consideró como la fortaleza más inexpugnable de la Iberia occidental.

La artesanía siempre presenten en la zona. Foto: Nelson Carvalheiro.

En los alrededores se ofrecen todo tipo de actividades acuáticas, como paseos en barco o kayak por las aguas del río, desde el cual además se contemplan vistas impresionantes del pueblo en su conjunto.

Moura

Sin separarnos del Guadiana y también en las inmediaciones del lago de Alqueva, la localidad termal de Moura esconde uno de los barrios árabes más grandes y mejor conservada del país luso.

Callecitas de Moura que merecen paseos interminables. Foto: Turismo Alentejo.

En su urbanismo destacan el castillo, dotado de una torre circular a la que se añadió un reloj durante el siglo XIX, los vestigios de una antigua muralla, el Museo Árabe y las ruinas de un convento de monjas dominicas.

Sobre el edificio en el que está instalada la Biblioteca Municipal, anterior sede del Palacio del Concejo de Moura, se levanta la imponente mole de la Torre da Taipa, también de la época árabe. Además, hay que visitar el Edificio de los Cuarteles, un ejemplar único de arquitectura militar de principios del siglo XVII.

Entre colinas ondulantes, viñedos y campos de olivos, la ubicación de Moura es perfecta para descubrir los productos estrella de la despensa alentejana, por ejemplo, visitando el Museo del Aceite, instalado en un lagar que se cuenta entre los más antiguos de la región, y terminando con una cata del oro líquido.

Castillo de Moura. Foto: Turismo Alentejo.

Estremoz

Ciudad blanca y noble, Estremoz es una de las conocidas como ‘ciudades de mármol’ portuguesas. De hecho, el mármol en sus alrededores es tanto y de tan buena calidad que incluso los adoquines del pueblo se hicieron con este material, que también luce en iglesias, capillas y palacios.

Estremoz. Foto: Turismo Alentejo.

Hoy Estremoz se divide en dos núcleos que dejan ver su evolución: por un lado, las casas medievales junto al castillo y, más allá de las murallas, la ciudad moderna. Su plaza, conocida como el rossio, es una de las más monumentales del Alentejo.

Pese a su aparente tranquilidad, es un centro de actividad comercial en la zona, donde se puede adquirir cerámica -junto al mármol, la arcilla roja de la región es otro de sus tesoros- y también productos gastronómicos de primer nivel.

Castelo de Vide

A unos 20 km de Marvão, Castelo de Vide es otro encantador pueblo de Alentejo, popular en este caso por su judería, una de las mejor conservadas del país, donde destaca la sinagoga.

Entre sus atractivos, también están la Capilla de San Roque y la Capilla del Salvador del Mundo, la más antigua de la localidad, decorada en su interior con paneles de azulejos azules y blancos.

Rua da Fonte en Castelo de Vide. Foto: Turismo Alentejo.

El castillo rodeado por las casas blancas se destaca sobre el paisaje, dominando un territorio de campiña infinita dorado por el sol con campos de cereales.

Sin embargo, si por algo es especial este pueblo es por la fama de sus aguas termales con propiedades terapéuticas, con varios balnearios y fuentes como las de la Villa y la de Mealhada. De esta última se cuenta que, quien bebe su agua, vuelve al Castillo de Vide para casarse.

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