Viaje a la Galicia celta: 5 pueblos, castros y paisajes que conservan las huellas del pasado

De Galicia a Ávila, una ruta por poblados fortificados, murallas y antiguos asentamientos que conservan la memoria de las sociedades prerromanas

Castro de Santa Trega. Foto: Turismo de Galicia.

Mucho antes de que Roma trazara sus calzadas, levantara ciudades y extendiera su dominio por la península, las montañas, valles y costas del norte y el oeste de España estaban salpicados de poblados fortificados. Eran los castros celtas, asentamientos construidos en lugares estratégicos, protegidos por murallas y fosos y, en muchos casos, formados por viviendas de piedra de planta circular.

Durante siglos fueron el hogar de distintas comunidades prerromanas. En Galicia, donde se conservan cientos de estos asentamientos, forman parte de la memoria de la cultura castreña y de la tradición celta.

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Hoy, aquellos pueblos apenas sobreviven en los mapas, pero sus huellas permanecen. Hay castros suspendidos sobre el Atlántico, poblados que ocupan montañas enteras, antiguas murallas entre bosques y asentamientos donde todavía pueden reconocerse las viviendas, las saunas y los espacios comunitarios.

Castro de Baroña. Foto: Turismo de Galicia.

A Guarda: el castro frente a Portugal

En el extremo suroeste de Galicia, casi limítrofe con Portugal, A Guarda se asoma al Atlántico. Pueblo marinero que deja ver su tradición pesquera, su paseo marítimo y su gran espigón confrontan con el paisaje fluvial que deja a su paso el río Miño y con el monte que, de súbito, hace elevar la vista. Se trata de Santa Tega, un punto estratégico ocupado de forma constante desde la antigüedad, con vestigios que van desde los petroglifos hasta la ermita de Santa Trega que le da nombre pasando por el castro, uno de los más visitados de Galicia.

Citania de Santa Trega es el nombre de este gran yacimiento arqueológico de la cultura castreña, que alcanzó su mayor apogeo en el siglo I a.C. Frente a la desembocadura del Miño, con vistas panorámicas 360º que cubren A Guarda y la sierra de A Groba, el Miño, Portugal y la inmensidad del Atlántico, las numerosas edificaciones muestran la importancia del castro, que fue declarado Monumento Histórico-Artístico en el año 1931 y es también Bien de Interés Cultural.

Monte y castro de Santa Trega. Foto: Turismo de Galicia.

Es, además, uno de los mayores y mejor conservados de Galicia y permite recorrer restos de viviendas, especialmente construcciones circulares, calles y estructuras defensivas.

Porto do Son: un castro sobre el Atlántico

En la parte sur de la ría de Muros-Noia, en Rías Baixas, el pequeño municipio de Porto do Son destaca por sus más de 25 kilómetros de costa festoneadas de playas, como la de As Furnas, de entorno virgen y arena blanca.

En este caso, sin embargo, venimos atraídos por el castro de Baroña, uno de los más destacados de toda Galicia, con una impactante ubicación que lo coloca prácticamente sobre el océano.

El castro, situado sobre una pequeña península que se adentra en el Atlántico, del que se defiende por el propio relieve, así como por varias líneas defensivas, estuvo ocupado desde inicios de la segunda Edad del Hierro hasta bien entrada la época romana.

Castro de Baroña en Porto do Son. Foto: Turismo Rías Baixas.

En su estructura se distingue una primera línea de foso y muralla que protege el istmo, seguida de otra que delimita los recintos dedicados a vivienda y alcanza características monumentales. En el interior, agrupados en tres plataformas, se encuentran más de 30 estructuras arquitectónicas que se adaptan a la accidentada topografía de la península y son de planta simple, de forma circular u ovalada.

Se trata de uno de los castros que mejor dejan ver cómo sería la vida en estos asentamientos, en este caso, además, literalmente frente al mar, lo que evidencia la habilidad de sus pobladores para aprovechar la geografía haciendo del agua su defensa natural en buena parte de perímetro y los fosos y murallas protegiendo los accesos terrestres.

Cabana de Bergantiños: la ciudad de Borneiro

Después de dos castros situados junto al mar, cambiamos de escenario para visitar el interior de la Costa da Morte, concretamente Cabana de Bergantiños.

Castro de Borneiro. Foto: Turismo de Galicia.

Ligado a la construcción de barcos, con hermosas playas como la de Rebordelo y espectaculares miradores como el de Punta do Cabalo, es también un municipio donde la historia se ha escrito con mayúsculas. Allí se encuentra el dólmen de Dombate, conocido como la ‘catedral de megalitismo gallego’ pero también el castro de Borneiro, o las iglesias de San Martiño de Canduas y la Torre de Penela de la Edad Media.

El castro de Borneiro conserva un conjunto de viviendas y estructuras defensivas que permiten hacerse una idea bastante precisa de la organización de un poblado castreño. Desde su ubicación, a unos 200 m de altitud y junto a un riachuelo, se divisa la desembocadura del Anllóns y la Ría de Corme y Laxe. Además de las viviendas, de planta circular y unos 5 m de diámetro, en el barrio exterior hay un espacio de sauna con dos fuentes y un desagüe con enlosado de piedra, un horno circular para la fundición de metales y una gran casa ovalada.

De hecho, su denominación tradicional, A Cibdá, da una pista del tamaño y entidad que se atribuyeron históricamente a sus restos, nunca romanizados, que fueron descubiertos en 1924, mientras se cree que estuvo habitado habitado entre los siglos VI a.C y I d.C.

Además de viviendas, había corrales, almacenes y talleres de herreros, alfareros, carpinteros o cesteros en el castro.

San Amaro: la ‘gran ciudad’ castreña de San Cibrao de Lás

Ponemos rumbo a Orense, a la localidad de San Amaro para visitar uno de los mayores castros conservados de Galicia: el de San Cibrao de Lás.

Ubicado en una loma a 472 m de altitud, era conocido como ‘a cidade’ por su extensión. Fue ocupado por los romanos entre el siglo II a.C. y el siglo III d.C., época de la que se conservan las murallas, la vía principal de piedra y el manantial.

De época anterior son las estructuras de las viviendas castreñas y la disposición en dos recintos amurallados: la ‘croa’ o recinto superior y el recinto inferior, de mayor superficie y donde se ubica el espacio habitacional del yacimiento.

Castro de San Cibrao de Lás. Foto: Turismo de Galicia.

En el año 2014 se inauguró el Parque Arqueológico da Cultura Castrexa, un recomendable espacio que permite adentrarse en la historia del lugar y comprender la relación del castro con el entorno, la organización social o los contactos existentes con otras culturas.

Castro de Rei: Viladonga y el final de una época

Nos movemos ahora a la provincia de Lugo para visitar Castro de Rei, una población rodeada de lagunas y humedales y con un hermoso casco histórico (está declarado Bien de Interés Cultural) que, además, es perfecto para profundizar en la cultura de castros y fortificaciones prerromanas en Galicia.

Aunque existen varios castros en la zona, nos dirigimos al castro de Viladonga, que ocupa toda la cumbre de un monte desde el que se domina un amplio panorama sobre la Terra Chá lucense y las sierras de Monciro y de Pradairo y la de Meira.

Castro de Viladonga. Foto: Turismo de Galicia.

El yacimiento conserva murallas, fosos, antecastros y un amplio conjunto de construcciones domésticas, así como su propio Museo Arqueológico, donde se exponen numerosos objetos de la vida cotidiana de este poblado de hace casi 2.000 años.

Este espacio reúne materiales recuperados en las excavaciones y permite entender la evolución del asentamiento, así como el proceso de romanización que atravesó, con transformaciones, adaptaciones y nuevas formas de ocupación.

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