La chapuza del AVE planea sobre la junta de OHL

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Villar Mir afronta la enésima investigación judicial sobre sus obras para tratar de salir lo más airoso posible

Juan Miguel Villar Mir

11 de mayo de 2014 (20:38 CET)

Juan Miguel Villar Mir acude a una nueva junta de accionistas de OHL de guante blanco. Como siempre. Todos los puntos del orden del día serán aprobados sin mayores problemas y los accionistas saldrán tan contentos, sobre todo sabiendo que el 2 de junio les serán abonados casi 7.000 euros por cada 10.000 acciones.

El marqués de Villar Mir, que cumplirá 83 años el próximo septiembre, también habrá conseguido que se faculte al consejo que preside para que emita deuda por un máximo de 3.000 millones de euros hasta 2019 y pueda aumentar capital con derecho de suscripción preferente por un máximo de 29,92 millones de euros, la mitad del capital social actual.

Piqué, la hija y Deloitte

Además, se ratificará el nombramiento de Josep Piqué (ex presidente de Vueling) como consejero hasta octubre de 2019 y también será reelegida su hija, Silvia Villar Mir de Fuentes, en representación de Inmobiliaria Espacio, así como Deloitte para que siga auditando las cuentas.

Pero en el ambiente de esta junta va a sobrevolar una de las chapuzas mejor cobradas por la constructora controlada por Villar Mir. La de la plataforma en el tramo Hospitalet-La Torrasa del AVE a Barcelona. Una obra presupuestada en 107 millones de euros que finalmente, tras varias declaraciones de emergencia y demás sobrecostes, costó a las arcas públicas 355 millones.

Mínima sanción

Un auténtico negocio, sólo en parte sancionado por los 34 millones que el ministerio de Fomento descontó de la liquidación final de las obras a la UTE liderada por OHL. Una minucia, a la vista del despropósito cometido, con la demostrada ejecución defectuosa de las pantallas, que provocó la entrada de agua en el túnel y los famosos socavones por la excesiva apertura de las juntas.

Ahora, casi siete años después de aquellos hechos, la Fiscalía Anticorrupción y el Tribunal de Cuentas andan investigando los pormenores de este y otros contratos relacionados con las obras de la llegada del tren de alta velocidad a Barcelona. Buscan deslindar si, a la vista de los hechos, existió malversación de caudales y, si la hubo, tratar de entablar las acciones judiciales oportunas para su resarcimiento.

Salida airosa

Para OHL y su presidente, los pleitos derivados de problemas con adjudicaciones de obras no les son nuevos, tanto dentro como fuera de España. Y al final, siempre resueltos de manera airosa. Alguna sanción, y poco más. Entre los litigios de mayor calado que actualmente tiene abiertos cabe citar sendas demandas ante la Cámara de Comercio Internacional por obras en Argelia.

En algunos casos, ni siquiera se ha llegado a los tribunales a pesar de que OHL ha incumplido el contrato, como ha ocurrido en la Comunidad de Madrid, cuando hace cuatro años decidió paralizar de manera unilateral las obras del tren de Móstoles a Navalcarnero porque no le salían las cuentas previstas inicialmente.

Desde entonces, el Gobierno regional lleva intentando, de buenas maneras y sin ni siquiera amagar con llevar el caso a los tribunales, convencer a OHL de que reanude las obras.

Sin responsabilidades

En lugar de pedir responsabilidades a la constructora, la última propuesta de los alcaldes afectados para tratar de acabar la obra pasaría por recalificar unos terrenos del ministerio de Fomento, de manera que OHL, a cambio de reanudar los trabajos, se quedara con los aprovechamientos urbanísticos de 1.300 viviendas y 2.600 plazas de garaje.

Con las plusvalías generadas, se financiará parte de la obras, y, el resto, para beneficio de la empresa controlada por el octogenario ingeniero, que fuera durante unos meses, entre 1975 y 1976, ministro de Hacienda y vicepresidente del Gobierno, en el primer Ejecutivo del rey Juan Carlos, presidido por Carlos Arias Navarro.

Suerte dispar

Por lo demás, llega Villar Mir a esta junta después de un año en el que ha mojado, con suerte dispar en varias salsas. Las de Colonial, Abertis, Repsol o Realia, entre otras. Y con una facturación, la obtenida en 2013, ligeramente por encima de los 3.700 millones de euros.

Prácticamente, la misma de un año antes, pero con un cambio radical en la procedencia. Si en 2012, prácticamente la mitad se repartía, a partes iguales, entre España y el mercado exterior, en 2013 dos tercios de la facturación ya se obtenía fuera. En cuanto a su deuda financiera, se vio incrementada un 32% en 2013, hasta 5.542 millones de euros.
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