Los negocios millonarios que Colau frena en Las Ramblas

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El grupo Costa Este invierte siete millones de euros en un restaurante que no puede abrir porque el Ayuntamiento revisa su licencia desde hace seis meses

Exterior del bar Shiva & Sons, en Las Ramblas de Barcelona.

Barcelona, 07 de enero de 2017 (06:00 CET)

Los grandes grupos de restauración barceloneses quieren establecerse en Las Ramblas pero es un sueño casi imposible. Para abrir un restaurante en este turístico bulevar otro debe cerrar sus puertas. El Ayuntamiento no concede nuevas licencias, con el argumento que ya hay demasiados establecimientos. Nadie discute este criterio, pero sí el hecho que la administración de Ada Colau ponga palos en las ruedas a los empresarios que compren alguna de las actuales licencias de restaurante de Las Ramblas para abrir su propio negocio.  

El Grupo Costa Este, de los hermanos Ramón y Javier Bordas, invirtió siete millones de euros en la compra y acondicionamiento de un local en la parte baja de Las Ramblas para convertirlo en restaurante y bar de copas. Para ello, adquirieron la licencia de otro restaurante de la Rambla, que ya ha cerrado, pero el Ayuntamiento todavía no ha autorizado la actividad.  

Los hermanos Bordas compraron el local ubicado en el número 17 de las Ramblas, donde antes había un sex shop y un peep show que ofrecía espectáculos eróticos, para convertirlo en el Shiva & Sons. Se trata de un espacio de más de mil metros cuadrados, diseñado para ser un lujoso bar de copas y restaurante oriental de calidad. Se inauguró a finales de junio, pero desde entonces tan sólo funciona una pequeña parte como bar. Se han visto obligados a ampararse en la vieja licencia del sex shop, que incluía un pequeño bar, para dispensar bebidas.  

Las cartas de los menús ya estaban preparadas

Fuentes de la empresa indican que pagan 70.000 euros mensuales de hipoteca y que preveían crear en su nuevo restaurante un centenar de puestos de trabajo. Incluso tenían preparadas las cartas de los menús. Ahora tan sólo ocupan a cuatro camareros por las limitaciones administrativas.  

Eudald Lligoña, abogado del Grupo Costa Este, confirma que están a la espera que el Ayuntamiento valide la licencia de restaurante. No la han negado, si bien llevan más de medio año estudiándolo, precisa el abogado.

El Ayuntamiento revisa las compras de licencias

Fuentes del sector de la restauración apuntan que el Ayuntamiento ha decidido revisar las adquisiciones de licencias –las que pasan de un empresario a otro– en determinadas zonas de la ciudad. Esto está paralizando importantes inversiones porque la administración municipal se lo está tomando con demasiada calma.  

Estas fuentes empresariales indican que no sólo están frenando inversiones sino la "dignificación" de la parte baja de las Ramblas. Se ponen reparos a la apertura de establecimientos de alta categoría en una acera en la que todavía se practica la prostitución callejera.  

Unas puertas más allá del Shiva & Sons se encuentra el histórico Teatro Principal, que sigue con las puertas cerradas desde hace meses. En 2014, en tiempos del alcalde Xavier Trias, tuvo problemas porque funcionaba como discoteca sin tener la licencia. El responsable de la sala, Carlos Caballero, también se vio implicado en una operación policial contra una trama de prostíbulos de Barcelona.

El Grupo Balaña recuerda que el Teatro Principal no está en venta  

Hace poco más de un año, la concejal Gala Pin anunció que el Ayuntamiento estaba negociando la compra del Teatro Principal, propiedad del Grupo Balaña. Una portavoz municipal confirma que mantienen esta intención. No obstante, fuentes de la empresa de la familia Balaña indican a Economía Digital que no hay ninguna negociación y que el edificio no está a la venta.  

La empresa que gestionaba estas instalaciones, Principal Projeck 2011, propiedad de Carlos Caballero, cuenta desde el pasado noviembre con un administrador judicial. No se encuentra en concurso de acreedores, tal como precisa este administrador, que ha sido nombrado por el Juzgado de Primera Instancia número 34 de Barcelona. Su función es la de intentar recuperar una deuda.
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