Las patronales ‘díscolas’ cargan contra CEOE por excluirlas de las negociaciones de la reforma laboral

"Las presiones del Gobierno han sido brutales, hasta ha habido llamadas de ministros a los líderes empresariales", explican desde una organización

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi. EFE/JUANJO MARTÍN

El celebrado acuerdo de la reforma laboral dejó descontenta a buena parte de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). Varios de sus afiliados con más peso no votaron a favor del pacto con los sindicatos y el Ejecutivo para sacar el nuevo marco legal. De hecho, muchos no sabían ni siquiera lo que estaban firmando debido al secretismo con el que Antonio Garamendi, presidente de la institución y su círculo llevaron unas negociaciones sobre las que existió una «presión brutal», explican las fuentes consultadas.

La nueva reforma laboral salió adelante sin la aprobación expresa de Foment del Treball y la Confederación Empresarial de Madrid-CEOE, los dos mayores afiliados de la entidad, que se abstuvieron en la votación del jueves. Mismo camino siguieron Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac) y Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja), dos sectoriales también con mucho peso.

El pleno no obstante aprobó el texto por una abrumadora mayoría entre discursos de agradecimiento a Garamendi y su círculo. Especialmente aduladoras fueron las palabras de los empresarios extremeños, explica uno de los presentes.

A pesar de contar con justificaciones diversas, las patronales díscolas coincidían en un punto: quejarse de la escasa participación que tuvieron los afiliados durante las negociaciones. El miércoles conocieron el acuerdo a grandes rasgos, pero todavía no consiguieron ver la letra pequeña del pacto. «Realmente no sabemos lo que hemos votado, hasta que no se publique el redactado en el BOE no sabremos exactamente lo que se ha acordado», lamentaron las voces consultadas. Y en este tipo de reformas, coinciden empresarios y sindicatos, una sola letra o una coma puede cambiar el significado del pacto.

Las mismas voces señalan que Garamendi se rodeó de su equipo de confianza de la CEOE para pilotar las conversaciones con el Gobierno y los sindicatos. El dirigente y su directora de relaciones laborales, Rosa Santos, lideraban una comisión de la que fue muy complicado obtener información. Un ejemplo claro fueron las infructuosas del presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre, y su director de relaciones laborales, Javier Ibarz, al propio Garamendi y al resto de la comisión negociadora. Nada.

Foment del Treball se planteó votar ‘no’ durante la ejecutiva del miércoles, pero finalmente reculó a la abstención

De hecho, la patronal catalana celebró el miércoles una ejecutiva en la que muchos de sus asociados pidieron decantarse por el no ante la falta de claridad. Los hoteleros y los sectores químicos, de automoción, y de artes gráficas fueron los más críticos. Finalmente se optó por la abstención. En parte por el castigo reputacional que supondría posicionarse contra un acuerdo así en un momento en el que los trabajadores perderán poder adquisitivo por la inflación y ante el impacto de la pandemia, que todavía perdura.

Más allá de su recelo por como se gestionaron las negociones. Foment no comparte el acuerdo para reducir la flexibilidad a partir de 2022. «Contratar de manera temporal será complicado, pero subirá el paro. No se trataba de quitar supuestos de contratación laboral, se debía incentivar la contratación indefinida. Y no se ha hecho», lamentan las fuentes consultadas. «La Unión Europea pedía que bajase la temporalidad y hemos escogido la peor manera para hacerlo», sentencia.

La prevalencia del convenio sectorial sobre el de empresa fue el segundo punto caliente del acuerdo al agrupar bajo un mismo paraguas a pymes y multinacionales. Tampoco lo vio con buenos ojos Anfac, añaden desde otra organización empresarial. Los fabricantes de automóviles acostumbran a contar con buenos convenios –también gracias a la fuerza de sus sindicatos–, pero la flexibilidad juega un papel muy importante. Más en un momento en el que las ventas de coches no se ha recuperado después del coronavirus y los centros productivos acumulan jornadas de cierre y ERTEs por la escasez de semiconductores.

CEIM: «No hay mejoras y Bruselas pedirá medidas contra el paro”

Otra de las organizaciones que han mostrado reticencias al acuerdo tripartito de la reforma laboral ha sido la Confederación Empresarial de Madrid-CEOE, cuyo presidente, Miguel Garrido, se ha mostrado crítico a lo largo de la negociación con varios de los planteamientos iniciales del Ministerio de Trabajo.

Fuentes de la patronal madrileña explican a Economía Digital que el rechazo respecto a la última reforma acordada se debe a que «no se han producido mejoras de flexibilidad que ayuden a las empresas a ganar competitividad», además de que, en definitiva, el acuerdo «no hace sino limitar significativamente los efectos de una derogación total».

Garrido valora el avance del acuerdo a la hora de reducir la excesiva temporalidad en la contratación, pero lamenta que no se progrese “nada” en medidas para favorecer la contratación, siendo la principal causa la excesiva rigidez del mercado de trabajo, por lo que cree que Bruselas verá bien que se haya acordado la reforma pero en algún momento llamará apelará a España para rebajar el desempleo, sobre todo el paro juvenil.

Aunque valora que respecto al planteamiento inicial del Gobierno “disparatado y que tendría consecuencias dramáticas” se ha logrado establecer un perímetro y rebajado su alcance, no se han abordado medidas que favorezcan la productividad y eviten el absentismo en fraude de ley ni el fraude en reducciones de jornada.

“Hemos perdido una oportunidad, España necesita otro tipo de reformas para empezar a poner coto al drama del paro”, sostuvo Garrido en Onda Madrid, insistiendo en la excesiva rigidez del mercado laboral por la que una persona no puede prescindir de un trabajador con antigüedad por el alto coste de su despido ni el empleado cambiar al perder su mochila de indemnización. Cree, por tanto, que era una “magnífica ocasión” para atender la propuesta del Banco de España de aprovechar los fondos europeos para implantar la mochila austriaca.

Con todo, cree que en lo “sustancial” se mantiene y consolida la reforma laboral de 2012, y aunque cree que respecto a la propuesta inicial se ha cedido por parte del Gobierno y los sindicatos, en comparación con la normativa actual solo han “perdido” los empresarios, lo que ha motivado la abstención de CEIM. “No hay ninguna medida que haya mejorado lo que ya teníamos”, ha censurado.

«La presión del Gobierno fue brutal», dicen los empresarios

El acuerdo se publicará en los próximos días en el BOE y ve la luz apenas seis días antes de terminar el año, requisito de la Comisión Europea para que España reciba se pueda beneficiar de la lluvia de millones que serán los fondos europeos Next Generation EU. Este argumento se planteó a los empresarios durante las últimas semanas de negociaciones. Se les dejó claro que no era una reforma laboral más: el país se jugaba su futuro.

«Las presiones que recibió Garamendi fueron brutales», avisan fuentes de la CEOE. Los distintos ministerios descolgaron los teléfonos repetidamente con tal de conseguir el sí de la organización. Incluso los propios ministros, con Yolanda Díaz y Nadia Calviño a la cabeza, fueron los encargados de realizar las llamadas. «No me afectan las presiones», aseguró el directivo la pasada semana en la XVIII Edición del Premio Nacional Joven Empresario.

El pressing no se quedó en la CEOE. Desde el Gobierno también se trató de influir en las distintas organizaciones empresariales, tanto sectoriales como territoriales. Surtió efecto: alguno de los que se abstuvo reconoce que no se posicionó en contra por el coste social que tendría la decisión.

Carles Huguet
Sergio Martín de Vidales Diago