Celsa apuntala su consejo: quiere dar entrada a Enrique Casanueva y Claudio Aguirre

Casanueva es consejero de BBVA, mientras que Claudio Aguirre ostenta la presidencia de Altamar CAM Partners

El presidente de Celsa, Rafael Villaseca, y el consejero delegado, Jordi Cazorla, en la presentación de los resultados de 2025. Foto: Celsa.

El presidente de Celsa, Rafael Villaseca, y el consejero delegado, Jordi Cazorla, en la presentación de los resultados de 2025. Foto: Celsa.

Celsa prevé llevar a su junta general de accionistas una ampliación de su consejo de administración hasta los diez miembros, tras la incorporación de dos nuevas caras del sector financiero. Concretamente, el punto que votarán los inversores de la compañía contempla la incorporación del consejero de BBVA Enrique Casanueva y el presidente de Altamar CAM Partners Claudio Aguirre.

Ingeniero Industrial y MBA por MIT, Casanueva tiene experiencia en J.P.Morgan y Goldman Sachs, mientras que Aguirre es economista, MBA por IE, y AMP Graduate Harvard Business School. Además, ha ocupado distintos puestos de responsabilidad ejecutiva en Merrill Lynch y Goldman Sachs.

Actualmente, el consejo de administración de Celsa está presidido por Rafael Villaseca, mientras que Jordi Cazorla ocupa el puesto de consejero delegado. Completan el máximo órgano de decisión de la firma del sector del acero seis consejeros independientes: Hilario Albarracín, Elena Guede, Juan José Nieto, Mario Longhi, Daniel Escondrillas y Antonius Deelen, tal y como recoge la página web de la compañía.

Vuelta a beneficios

Los planes de reforzar el consejo de administración llegan después de que Celsa haya vuelto a beneficios en el primer trimestre del año, al registrar un beneficio neto positivo de 18 millones de euros. Al arranque del año, la compañía elevó un 44% el Ebitda hasta los 396 millones de euros, mientras que recortó en un 70% la deuda neta en 2.544 millones de euros, desde los 2.243 millones de euros hasta los 1.173millones de euros.

Entre los motivos que explican la remontada de la siderúrgica catalana figura el aumento de la eficiencia industrial y operativa, pero también el fortalecimiento de la gobernanza corporativa. También ha contribuido a la mejora de la situación de la compañía, la reordenación financiera que materializó a finales del año pasado.

Refinanciación de la deuda

De esta manera, Celsa ha reducido el endeudamiento y los gastos financieros para dejar atrás una situación financiera «excesivamente apalancada». La compañía refinanció su deuda con una emisión de bonos verdes por valor de 1.200 millones de euros dividida en dos tramos, una operación en la que fueron coordinadores globales los bancos Barclays, Goldman Sachs y J.P. Morgan, pero también se contó con la participación de varias instituciones financieras.

La reestructuración financiera de Celsa también pasaba por la apertura de una nueva línea de crédito de 200 millones de euros y una aportación de 800 millones de euros por parte de los accionistas. Del importe, 200 millones de euros corresponden a una ampliación de capital y 600 millones de euros, a préstamos subordinados.

Los vientos soplan a favor de Celsa

Al dar a conocer sus resultados de los primeros meses del año, la compañía negó estar sufriendo el impacto de la caída de la producción europea. «El mercado ha empezado a dar signos de estabilización tras tres años de caída, la demanda por primera vez en varios años ha crecido de forma moderada, un 2,4%, en Europa», señaló el presidente de Celsa, quien también puntualizó que ello no se está traduciendo en una mayor producción europea, al haberse incrementado las importaciones extracomunitarias procedentes de Asia.

También descartó problemas de disrupción en su cadena de suministro por el conflicto en Oriente Medio y concretó que el 0,6% de la facturación corresponde a la región, mientras que supone el 0,2% de las compras que efectúa en el territorio, incluyendo Turquía. «No tenemos disrupción ni la prevemos, por mucho que se cierre el estrecho de Ormuz no nos afecta en absoluto», afirmó el consejero delegado de Celsa, Jordi Cazorla.

Tampoco vio un problema la subida en el precio del combustible desencadenada por la escalada de la tensión en Oriente Medio, minimizó el impacto energético y aseguró que la posible afectación se está viendo compensada por su plan de creación de valor. Integrado por más de 260 iniciativas y con una inversión de 109 millones de euros, el plan capturó a finales de año 115 millones de euros de Ebitda, una cifra que se sitúa un 44% por encima de los 80 millones de euros inicialmente previstos.

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