Las discrepancias entre Eroski y Bon Preu retrasan la venta de Caprabo

La cadena catalana solamente quiere hacerse con el 100% de la filial de Eroski y no está interesada en compartir el accionariado con su competidor

El exterior de uno de los supermercados de Caprabo, propiedad de Eroski.

Eroski no encuentra un comprador para Caprabo que satisfaga su carta a los Reyes Magos. La cooperativa vasca busca un inversor que adquiera una participación minoritaria de su filial catalana y que además pague más de 500 millones de euros por el porcentaje del pastel. No obstante, la deuda aprieta y Bon Preu aguarda a que la firma que preside Agustín Markaide rebaje sus expectativas para hacerse con su competidor.

Varias fuentes implicadas en las conversaciones aseguran que el acuerdo final no llegará hasta el primer semestre de 2021, más tarde de lo que habría deseado Eroski. La fecha límite inicial era diciembre de 2020, pero las exigencias y el impacto del coronavirus –tanto en la logística de la operación como en el negocio— abortaron los plazos establecidos inicialmente.

El procedimiento está dirigido por la consultora PwC y en el sector se da por favorita la catalana Bon Preu. Comparte lugar en las quinielas con Carrefour, pero tampoco se descarta la aparición de algún fondo de inversión, el deseo inicial de la organización vasca. “Eroski busca un fondo que tome una participación minoritaria en Caprabo”, dijo Markaide el pasado julio.

Dos son por el momento las trabas encontradas para cerrar el pacto. La primera, el coste de la operación. A Bon Preu le gusta Caprabo, pero no a cualquier precio. La cadena catalana tiene apetito por crecer en Cataluña, y así lo ha demostrado en los últimos años con nuevas aperturas en la región.

Sin embargo, la compañía que preside Joan Font tampoco puede afrontar inversiones de según que calado, de ahí que rechace las demandas de Eroski. La firma ya llegó a un acuerdo el año pasado para comprar el 50% de la empresa a Josep Font –hermano de Joan—por 300 millones de euros en una operación que pagará a plazos hasta 2027. La cifra se suma a los aproximadamente 200 millones de deuda financiera que la empresa ya arrastraba.

Tampoco convence en el seno de la empresa catalana la obligación de tener que compartir el accionariado de Caprabo con Eroski. Bon Preu querría absorber la totalidad del negocio y pasar a gestionarlo con independencia y el 100% del capital en posesión. Mientras, la intención de la cooperativa vasca es imitar el modelo Vegalsa, participada al 50% junto a la familia González Ventura.

A pesar de las diferencias evidentes, las conversaciones siguen su curso. Las fuentes consultadas advierten que el acuerdo final, de producirse, está más lejos de lo que podía parecer.

Eroski tiene un año para encontrar 350 millones

Ambas empresas trabajarán durante el próximo año para llegar a un acuerdo con el que Eroski deberá hacer frente al primer gran vencimiento de la última refinanciación de su deuda. La firma debe afrontar un pago de 347 millones en diciembre de 2021 y otro de 730 millones de euros en 2024.

El pago del año que viene es especialmente relevante en el acuerdo sellado al año pasado. De poder afrontarlo, Eroski dispondrá de 200 millones de euros que no deberá devolver hasta 2027 y con un interés del 0%. Es decir: dinero sin ningún coste añadido que tendrá seis años para recuperar.

La principal carta de la organización vasca es Caprabo, pero no es la única. En paralelo a su filial catalana, la cooperativa también está abierta a vender la división en Baleares así como ceder posiciones en la cadena deportiva Forum Sport o Vegalsa.

El conglomerado se arriesga a perder su filial catalana si no consigue colocarla en el mercado. En la refinanciación tuvo que hipotecar las marcas Caprabo y Eroski ​como garantía ante las entidades en caso de producirse impagos.

Y Eroski tiene ahora un problema añadido: la banca vendió la deuda a fondos de inversión, mucho más duros que las entidades tradicionales a la hora de ejecutar los acuerdos si se incumplen las ratios financieras previstas. Hace casi un año, Banc Sabadell inició el adiós de la banca tradicional a la compañía. En marzo le siguió BBVA y en octubre hicieron lo mismo Caixabank y Bankia En total: 800 millones de los 1.355 que la firma debe devolver hasta 2027. Sus nuevos acreedores son fondos como Sculptor Capital o Davidson Kempner, que compartirán mesa con los acreedores españoles que todavía restan, como Banco SantanderKutxabank y Caja Laboral.

Los fondos cuentan así con la posibilidad de “convertir una parte de la deuda pendiente por las participaciones (…) considerando a efectos el valor calculado por expertos independientes”, señalaba la empresa en su última presentación de resultados antes de asegurar que las entidades no podrán adquirir las sociedades por un precio inferior al mercado.